Soeurs

El dramaturgo Wajdi Mouawad presenta en los Teatros del Canal otra pieza más de la trilogía que inició con Seuls

SOEURS
Foto de Pascal Gely

A Wajdi Mouawad se le admira con fervor en España por su Incendios; pero a mí el espectáculo suyo que más me ha fascinado es Seuls, aquella pieza que presentó en Madrid en el 2015 y que combinaba fastuosamente la autoficción con los trucajes del vídeo-mapping por influencia del maestro Robert Lepage, quien también viene a España en esta edición del Festival de Otoño. Pensé que con esta segunda parte de la trilogía emprendida con aquel monólogo —después del fiasco que me supusieron Les larmes d’Oedipe y Inflammation du verbe vivre—. Tampoco debo olvidar su estupenda Notre innocence o Un obús en el corazón. Aunque este Soeurs, montaje que tiene ya siete años, me parece que nos deja con la miel en los labios, con la sensación de que en el fondo hay unas historias interesantes, fértiles, que se quedan sin desarrollar; y que nos podrían confirmar que son más que retazos o estereotipos de relatos ya consabidos, explorados y explotados. Es decir, si, por un lado, Mouawad vuelve sobre la cuestión de la guerra en el Líbano, el dolor del exiliado, como él mismo lo ha sido, y no desarrolla una nueva biografía para un nuevo personaje, poco tenemos entonces en escena. En esta función, no nos queda más remedio que rascar sobre algunas metáforas y sobre algunas de las paradojas que se plasman humorísticamente.

Veamos, dentro de la lentitud a la que somos sometidos, la presentación de la protagonista se dilata sin fin y, cuando uno cree que el meollo va a ir más allá de una lucha sin cuartel con la domótica de una sofisticada habitación de hotel, entendemos que es una obra destinada a un azaroso y abrupto encuentro epilogal que no termina de conseguir que los temas esenciales fragüen en algo más que en la manifestación de ciertos sentimientos soterrados.

Gracias a la impactante tecnología de vídeo que se aplica sobre la escenografía realista de Emmanuel Clolus —principalmente la habitación de hotel y un muro giratorio sobre el que se proyectan imágenes en distintos momentos de la función—, las posibilidades estéticas y los puntos de vista se multiplican para que Annick Bergeron, la única actriz en escena, se encarne con virtuosismo y fuerza en todos y cada uno de los personajes que pululan por allí. Estos procedimientos favorecen propician la ironía metaficcional (a través de papeles mínimos que se suceden en algún momento), para provocar en nosotros la impresión de artefacto visual y, en gran medida, onírico. Porque en esta propuesta, además, se da un sustento surrealista que, aunque leve, se acerca a la ensoñación positiva (imaginarse como Ginette Rico en loor de multitudes mientras viaja en el coche al principio), a la paranoia, a la angustia de la pesadilla que llega desde el pasado más remoto para alentar un comportamiento desnortado en el presente. Acicates para esta mujer, Geneviève Bergeron, que es una abogada que se dedica a la mediación política en países en conflicto, que ha venido a Ottawa a dar una conferencia sobre los siete pecados capitales a la hora de abordar una disputa entre naciones y que ha resultado poco exitosa. La tremenda nevada la obliga a quedarse en un hotel y allí, esencialmente, acontecerá su crisis. Que el dramaturgo pretenda hacer gracia recurriendo a uno de los sketches más exprimidos en películas, series, la publicidad y en los distintos memes, aquel en el que algún individuo se pelea con esos asistentes virtuales y supuestamente inteligentes que te llevan a la locura. Ya se sabe, confundir instrucciones, no atinar con el idioma, tergiversar órdenes, cambiar el apellido por Burger-on y la imposibilidad de alcanzar un fin feliz. Se producen risillas. Todo muy naíf. Pero la protagonista se desespera hasta el punto de discutir con una supervisora de la recepcionista para exigir que la televisión le permita seleccionar la lengua francesa. También, aparentemente, debemos reírnos del contraste que implica ver perder los nervios por algo así a toda una experta en negociaciones de alto riesgo. Creo que la función tarda mucho en llegar a algo que nos provoque curiosidad o que nos deje especular sobre su estado vital. Así que hasta que no destroza totalmente la estancia y se esconde bajo el colchón no llegamos a un acontecimiento más persuasivo —demasiada paciencia por nuestra parte como espectadores—.

La llegada de una perita del seguro nos dispone a una situación de sintonía peculiar. Pues no solo descubre el pastel, sino que ella nos revela su relación amarga con su padre, un libanés que tuvo que huir de la guerra en su país y refugiarse en Canadá. Por otra parte, que no es resolutiva, sino excesivamente explicativa, cual deus ex machina, una amiga de la protagonista relata cómo ha hallado a la hermanastra amerindia que vivió durante la infancia con ella hasta que la hermana de sangre se la llevó. Son dolores en ambas, ira e incomprensión. La lengua como símbolo de un sentir, de un hacer, un hermanamiento de esas dos mujeres en el cuarto destartalado.

Pienso que demasiado queda soterrado en este espectáculo, donde no debemos caer en la fascinación que puede estimular el uso de las proyecciones, de las pregrabaciones y de ese empaste entre distintos personajes que son interpretados en una ficticia simultaneidad por la misma actriz, la cual, se entrega a fondo. No llego a saber si el sentir que emanan estas dos mujeres procede de algo trascendental o si es el simple devenir de la vida, el cansancio, el estrés o la crisis de los cincuenta (ambos marcan ese dígito).

Soeurs

Texto y dirección: Wajdi Mouawad

Inspirado por: Annick Bergeron y Nayla Mouawad

Con: Annick Bergeron

Dramaturgia: Charlotte Farcet

Asistente de dirección: Alain Roy

Escenografía: Emmanuel Clolus

Iluminación: Éric Champoux con la asitencia de Éric Le Brec’h

Vídeo: Dominique Daviet y Wajdi Mouawad

Vestuario: Emmanuelle Thomas

Dirección musical: Christelle Franca

Composición: David Drury

Realización sonora: Michel Maurer

Maquillaje: Angelo Barsetti

Con las voces de: Annick Bergeron (le réfrigérateur, la télévision, les chaînes de télévision), Christelle Franca (Virginie), Aimée Mouawad (voces de niños), Wajdi Mouawad Arnold (músicas adicionales Ginette Reno Je ne suis qu’une chanson, Sabah Saat Saat, Jean Sibélius Étude Op. 76 nr2).

Producción: La Colline – théâtre national

Coproducción: Au Carré de l’Hypoténuse-France & Abé Carré Cé Carré-Québec compagnies de création, le Grand T – Théâtre de Loire-Atlantique, Théâtre national de Chaillot, L’Archipel – Scène nationale de Perpignan, Le Quartz – Scène nationale de Brest.

Decoración construida en los talleres Grand T

El texto del espectáculo Sœurs fue publicado por Leméac / Actes Sud-Papiers

Agradecimientos a: Deirdre Bergeron, Léandre Bergeron, Mylène Chabrol, Éveline Desharnais, François Douan, Sylvie Fradet, Abdo Mouawad, Louise Otis, Marie-Ève Perron, Jean-Claude Retailleau, Baptiste Vrignaud

Representante en España: Ysarca Art Promotions – Pilar de Yzaguirre

40º Festival de Otoño

Teatros del Canal (Madrid)

Hasta el 20 de noviembre de 2022

Calificación: ♦♦

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