Ana contra la muerte

El Teatro de La Abadía nos muestra el desgarro de una madre ante la enfermedad de su hijo en esta obra del uruguayo Gabriel Calderón

Ana contra la muerte - FotoEl nivel que había demostrado la temporada anterior Gabriel Calderón con Historia de un jabalí fue máximo. Y uno esperaba que esa complejidad de capas que se entreveraban en la ficción perviviera de alguna forma como una extensión de su estilo. No obstante, el primitivismo estético funcionaba en aquella mucho mejor que en esta que ahora tenemos delante. La manera artesanal de proceder a través de esa especie de tablado desmontable traído desde la Alta Edad Media, con su telar enrollable al fondo y con ese levísimo prólogo que nos invita a la función casi desde el susurro posee calidez, indudablemente, pero constriñe la acción a lo declamatorio, a lo narrativo, a la cuentística, a la tradición oral que renuncia en demasía a la representación. Sigue leyendo

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Dans la mesure de l’impossible

Tiago Rodrigues continúa con sus narraciones en escena para trasladarnos las anécdotas de cuatro cooperantes internacionales

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Foto de Magali Dougados

Si este montaje de Tiago Rodrigues fuera un poema épico, uno se dejaría llevar por el oleaje de los versos y por el ritmo que imprimiría la rima, se dejaría cautivar por la nebulosa que remitiría a espacios intangibles y a tiempos abstractos que confluirían en una sensación, un valor o, quizás, en una esperanza; pero esto no es poesía, es relato puro y duro, es respuesta a preguntas de carácter periodístico, no cuestionamientos de cariz artística, es decir, que vayan más allá de lo real. Aunque, por otro lado, que se nos nieguen los detalles geológicos (y geoestratégicos) o las diatribas políticas, tan fundamentales en los conflictos armados, nos evita el padecimiento. Convierte todo en un engrudo de buenos y de malos, donde, por supuesto, de lo poco que se puede concretar certeramente, es la inmaculada acción de la Cruz Roja, la cual no se nombra, pero resulta evidente. Como también ocurre con Médicos sin Fronteras. Tampoco se nombra a Occidente, aunque no hace falta esforzarse mucho para aceptar esa tremenda paradoja de perpetradores y, a la vez, de salvadores. Y esto lo digo yo aquí; porque alguna conclusión se debe extraer de un espectáculo tan monótono, a pesar de la dureza de algunas historias. Sigue leyendo

Entre chien et loup

La directora Christiane Jatahy no aprovecha las virtudes estéticas de la película Dogville, de Lars von Trier en esta adaptación deconstructiva

Entre chien et loup - Foto de Magali Dougados
Foto de Magali Dougados

Aceptaremos que Christiane Jatahy cinematografía en el teatro una de las películas más teatralizadoras (a mí también me fascina La comuna, Peter Watkins) de la historia del cine. Uno se pregunta si sencillamente (y esto hubiera supuesto una comprensión de las complejidades internas del argumento en relación a la estética) la dramaturga hubiera trasladado la película Dogville con los procedimientos similares a los del film. Pero como ya ocurrió en la última propuesta que nos presentó Jatahy el año pasado (O agora que demora), parece empeñada en no meterse a fondo en sus propias obras, en discurrir por los márgenes, en darle más importancia al marco que a la pintura, en insistirnos, artísticamente en sus técnicas y en reforzar de manera insolente sus proclamas políticas que, por muy loables que sean, nos merecemos como espectadores un trato más maduro y lógico con nuestra propia forma de entender una obra de arte. Sigue leyendo

887

El quebequés Robert Lepage nos trae este espectáculo estrenado en 2015, donde su biografía se entrevera con sus habituales ingenios escenográficos

887 - Foto de Erick Labbé
Erick Labbé

La maestría de Robert Lepage regresa al Festival de Otoño y lo hace con un espectáculo que demuestra nuevamente su dominio escenográfico; pero, en esta ocasión, el sustento narrativo me parece que no llega a impactarnos suficiente ni en lo emotivo, ni en lo político, ni, tampoco, en lo esencialmente biográfico. Paradójicamente, los recuerdos sobre su vida casi no se centran en su faceta artística, lo que nos podría haber descubierto cómo ha llegado a esa visión del teatro tal peculiar que tiene. Por lo tanto, hasta qué punto nos debemos dejar cautivar, como niños, por el mecanismo que se mueve mágicamente delante de nuestros ojos o por el proceder de unos artilugios que nos descubren con sutileza la confluencia entre lo artesanal y lo tecnológico; si todo ello no está al servicio de un relato que perviva en nuestro memoria pasado el tiempo. Sigue leyendo

Soeurs

El dramaturgo Wajdi Mouawad presenta en los Teatros del Canal otra pieza más de la trilogía que inició con Seuls

SOEURS
Foto de Pascal Gely

A Wajdi Mouawad se le admira con fervor en España por su Incendios; pero a mí el espectáculo suyo que más me ha fascinado es Seuls, aquella pieza que presentó en Madrid en el 2015 y que combinaba fastuosamente la autoficción con los trucajes del vídeo-mapping por influencia del maestro Robert Lepage, quien también viene a España en esta edición del Festival de Otoño. Pensé que con esta segunda parte de la trilogía emprendida con aquel monólogo —después del fiasco que me supusieron Les larmes d’Oedipe y Inflammation du verbe vivre—. Tampoco debo olvidar su estupenda Notre innocence o Un obús en el corazón. Aunque este Soeurs, montaje que tiene ya siete años, me parece que nos deja con la miel en los labios, con la sensación de que en el fondo hay unas historias interesantes, fértiles, que se quedan sin desarrollar; y que nos podrían confirmar que son más que retazos o estereotipos de relatos ya consabidos, explorados y explotados. Es decir, si, por un lado, Mouawad vuelve sobre la cuestión de la guerra en el Líbano, el dolor del exiliado, como él mismo lo ha sido, y no desarrolla una nueva biografía para un nuevo personaje, poco tenemos entonces en escena. En esta función, no nos queda más remedio que rascar sobre algunas metáforas y sobre algunas de las paradojas que se plasman humorísticamente. Sigue leyendo

Petróleo

Las chicas de la compañía Piel de Lava encarnan a cuatro trabajadores de una petrolera argentina para desarrollar una propuesta conmovedora y satírica

Petróleo - Foto Carlos Furman
Foto de Carlos Furman

Los espectadores sabemos que esos trabajadores que se nos presentan como si fueran cromos de una colección o como estrellas de una teleserie son unas actrices que se han disfrazado de hombres. Disfraz y no caracterización perfeccionista e ultrarrealista; porque el disfraz vale para jugar irónicamente con nosotros y buscar el doblez cómico cuando el montaje va cayendo en cierto esperpento absurdo. Sus barbas y sus bigotes son carnavalescos, están perfilados, sus pelucas ni siquiera parecen de buena calidad y no digamos ya si una se saca finalmente su prótesis de pene fláccido y las observamos con piernas y axilas absolutamente depiladas —no es un fallo, desde luego, es una intención—. Ellas no se esconden totalmente detrás de sus papeles de machotes en una estación petrolera en la Patagonia y este es un choque que olvidamos en los momentos más profundos, aquellos en los que se discurre sobre sus derechos laborales o sobre las condiciones en las que trabajan. Sigue leyendo

Bros

Romeo Castellucci traza con brutalidad la antropología de la violencia a través de un cuerpo de policía paródico

Bros - FotoSuperficialmente esta obra compleja puede resultar repetitiva e insulsa, una vez estamos acostumbrados ­—nuestro mundo audiovisual así lo ha propiciado— a ciertas imágenes de violencia. Como ocurre con los grandes directores teatrales, es necesario deconstruir su propuesta, escarbar en las entrañas de la dramaturgia para comprobar si, detrás de lo evidente, hallamos una construcción potente, enérgica y solvente filosóficamente hablando. Desde mi punto de vista, Romeo Castellucci ha trenzado con gran inteligencia y hasta valor y entereza, unos conceptos gravosos que nos exigen abstraer un discurso que pretende conectar, como un arcano: el origen de la violencia. Que inicialmente tengamos que soportar una especie de máquina destructora sonando como si se pretendiera aturdirnos, ya es una captatio desafiante y aplaca nuestra impaciencia y demuestra nuestra docilidad. Sigue leyendo

Antigone in Molenbeek + Tiresias

Guy Cassiers vuelve a cargar su dramaturgia con los excesos narrativos para remitirnos a dos figuras clave de la mitología clásica

Antigone in Molenbeek + Tiresias
Foto de kvde.be

Con Guy Cassiers ya sabemos a lo que nos exponemos. Diría que los belgas más ¿vanguardistas? viven decididos por lo narrativo. Los ejemplos se suceden con Milo Rau (suizo, pero afincado en Bélgica) o, hace poco con Fabrice Murgia; y hasta Cédric Eeckhout, desde el humor, se apunta a contarnos sin parar una historia. Tomemos las dos piezas en sintonía y no totalmente separadas; aunque el descanso durara media hora. La estética es la misma y, las remisiones mitológicas, también. A bote pronto, se puede aseverar que la Antígona es aburrida, monótona, lineal. Sigue leyendo

Imprenteros

Lorena Vega autoficciona en el Centro Condeduque la vida de su padre, un impresor, en un espectáculo nimio

Imprenteros - Foto¿A quién le puede interesar la historia de una imprenta de Buenos Aires? A muchos, si eso implicara, simbólicamente, hablar, por ejemplo, de las fases de la revolución industrial, de los mecanismos de automatización, etc. O, quizás, supusiera universalizar las rupturas que acontecen en las sagas vinculadas a un negocio familiar y cómo las generaciones deben hacerse cargo de situaciones muy diversas. Bien, pues nada de esto —al menos de una forma plenamente desarrollada— transcurre en esta obra. Sobre las tablas no ocurre nada que me parezca interesante, nada que justifique una obra de teatro, y menos, con ese despliegue de personal. La anécdota —por llamarla de alguna manera— le compete a su autora; pero no entiendo cómo nos puede afectar o conmover a los demás si no nos permite ir un poco más allá del recuerdo de unas vivencias un tanto anodinas y corrientes. A lo mejor ya está bien de forzar la mirada de esos espectadores tan afanados, tan festivaleros, que se pirran por lo que viene de fuera o por aquello a lo que se le otorga un aura que no merece. Porque hablamos de un estilo teatral que se desgasta por momentos. Sigue leyendo