Notre innocence

Wadji Mouawad lanza a los millennials gritando a coro su inocencia y reclamando una responsabilidad en la herencia recibida

Signo inequívoco de los dramaturgos imbuidos de postmodernidad, agolpados por el postdrama y todas las fragancias del arte conceptual, es trabajar a partir de una idea (no siempre suficientemente compleja). En la mayoría de los casos se alcanza una extrañeza esteticista generalmente hueca; en unos pocos, la propia idea rompe los límites y ofrece, gracias a la inteligencia de los creadores, efectos, soluciones y hasta metas más que satisfactorias. Wadji Mouawad casi lo consigue; pero le ha faltado abordar la complejidad de los individuos que contradicen al imperioso estereotipo. Desde luego, sigue siendo Incendios la obra que ha logrado una larga lista de seguidores. No negaré que es un buen texto, aunque sus procedimientos sean de corte clásico; pero me parece mucho más interesante, incluso cuando se queda a medias (véase Les larmes d’Oedipe o   Inflammation du verbe vivre), en sus experimentaciones artísticas como en Seuls o en este caso de Notre innocence. El prólogo, una larguísima historia entreverada de metaficción, sitúa a la actriz Hayet Darwich a relatar pormenores que no parecen razonables en su extensión y que más sirven al dramaturgo para conectar con la «realidad» el acontecimiento (como acostumbra a hacer). Curiosamente, por la estructura del montaje, podríamos considerar que del principio se pasa a lo podría haberse establecido como apoteósico final. Sigue leyendo

Un obús en el corazón

Profundo recuerdo de un hombre sobre su madre enferma tras la guerra del Líbano

Foto de Ramón Jiménez
Foto de Ramón Jiménez

Mucho Wajdi Mouawad últimamente con su visita para presentarnos Inflammation du verbe vivre y Les larmes d’Oedipe con las que cerraba su ciclo sofocleo; aunque antes disfrutamos con los Incendios dirigidos por Mario Gas. Suficientes pistas como para acercarnos con solvencia a Un obús en el corazón. Entronca esta obra ampliamente con el gran espectáculo que dirigió e interpretó el libanés en 2013, Seuls; donde además de su propia introspección biográfica, aparece el elemento pictórico, como un arte que también lo cautiva. Aquí, en el cuerpo, la voz y la expresión de Hovik Keuchkerian, interpretando el papel de Wahab, nos encontramos con esa búsqueda de la identidad, del recuerdo endeble, de los cabos que se deben atar, influidos, otra vez, por Sófocles y la crisis del espíritu, por un doloroso encuentro con la verdad. Aunque dos líneas confluyen en este individuo malhadado: la guerra y la muerte de su madre, es esta última la que se lleva el mayor desgarro de un tipo que juega a contarnos una historia; cuando en realidad lo que persigue es poner en disposición su memoria quebrada. Una infancia callejera perturbada por las bombas, por un atentado a un autobús atestado de refugiados; también contribuye a los olvidos selectivos. Sigue leyendo

Les larmes d’Oedipe

Un tedioso Edipo en Colono completa el ciclo de tragedias sofocleas bajo la interpretación de Wajdi Mouawad

Foto de Pascal Gely
Foto de Pascal Gely

Seguramente solo se puede entender este montaje de Wajdi Mouawad como el episodio final de su megaproyecto de subir a escena las siete tragedias que conservamos de Sófocles. Un atrevimiento loable donde, a sus incursiones sobre los dos héroes Áyax y Edipo más las propuestas sobre las mujeres Las traquinias, Antígona y Electra, se le suman ahora Filoctetes y este epílogo sobre el desastrado rey moribundo en Colono. Uno se imagina asistiendo a la representación de las seis primeras y tragándose este desenlace embebido por la ruina; pero estas «lágrimas» carecen de la autonomía suficiente como para extenderlas durante una hora y cuarenta cinco minutos. Uno acoge con entusiasmo al pobre ciego Edipo acompañado por su hija Antígona a las puertas de Atenas en las tierras de Colono; y toma con agrado que un visitante del siglo XXI llamado Pericles los reconozca como si fueran Quijote y Sancho, y que les cuente que durante las manifestaciones de la crisis económica y social griega del 2008, el joven Alexandros haya resultado herido por la policía. Nos balanceamos sincrónicamente entre las dos historias, entre esas dos muertes paralelas de dos hombres caídos en desgracia. Cuando el muchacho fallece, según se nos relata, la reiteración, la parsimonia y el tedio se apoderan de la escena. Sigue leyendo

Inflammation du verbe vivre

Cine teatralizado sobre el Filoctetes de Sófocles en un intento fallido de aproximación en los márgenes de la metaficción

Foto de Pascal Gely
Foto de Pascal Gely

Wajdi Mouawad, en su pretensión por llevar a escena la siete únicas tragedias que conservamos de Sófocles, llega a la estación final, a los moribundos Filoctetes y a Edipo (en Colono); él, también, moribundo y errabundo en un proceso creativo atascado en el impás, resuelve salirse de sí, merodear alrededor del texto, aproximarse a la metafísica de la puesta en escena y, finalmente, acometer la purificación; es decir, la catarsis de su ser en una incursión alegórico-dantesca que le permita descubrir de nuevo la claridad. Para ello acude al lenguaje cinematográfico y nos plantifica en el centro del escenario una gran pantalla de la que el propio actor podrá salir y entrar, en ese juego metaficcional que hemos visto en otras ocasiones en el propio cine (como La rosa púrpura de El Cairo, inspirada a su vez en otras de Buster Keaton o Harold Lloyd) o, en el teatro, precisamente en este mismo escenario del Valle-Inclán y en el mismo ciclo de «Una mirada al mundo» con la Julia de Christiane Jatahy (en esta función lo fílmico y lo metateatral jugaron absolutamente a favor). Por otra parte, encontré que el subterfugio se aproximaba mucho al Tristam Shandy que Michael Winterbottom presentó en el 2006. La cuestión, en cuanto al montaje de este Filoctetes, radica en plantear si asistimos a una película con elementos teatrales o a una función dramática con apoyo fílmico. Sigue leyendo

Incendios

Mario Gas presenta este clásico contemporáneo sobre el horror de la guerra y la verdad familiar

incendios-fotoIncendies (Incendios) ha logrado en poco tiempo convertirse en una de esas obras con destino al canon, cuando es precisamente una reelaboración sui géneris del Edipo. La estructura y la disposición de los elementos dispares que muestra el texto nos hacen pensar más en una novela o en una película que en una tragedia. La multiplicidad de escenas, el obligado solapamiento de situaciones, las dos principales tramas imbricándose con saltos en el tiempo, requieren un montaje escénico tan ágil como el que nos enseña Mario Gas en el Teatro de La Abadía. A pesar de la parrafada inicial un tanto caótica de Ramón Barea, en la piel del notario Hermile Lebel, pone sobre la mesa algunas claves. El actor, ajustándose equilibradamente a su personaje, por un lado timorato y por otro pundonoroso, se esmera en aproximarnos hacia una cotidianidad que, en realidad, esconde una catástrofe vital. Dos hermanos gemelos aguardan a la entrada del despacho para conocer las últimas voluntades de su madre, una mujer libanesa que llevaba tiempo en absoluto silencio esperando la muerte. Descubrir la biografía de esta mujer es lo que metafóricamente produce esos «incendios» en aquellos afectados por lo ocurrido y, sobre todo, el encargo inaudito: buscar a su hermano (que desconocían tener) y a su padre (del que no sabían nada). Sigue leyendo

Seuls

Wajdi Mouawad, autor de Incendies, vuelve a Madrid con Seuls

SeulsA Wajdi Mouawad lo conocemos bien por su obra teatral Incendies, que se paseó por Madrid hace tres años y que luego, al convertirse en película, fue nominada en los Óscar como Mejor película de habla no inglesa en 2011. Ahora llega al Teatro Valle-Inclán, dentro del ciclo Una mirada al mundo, con un texto escrito en 2008 y que presentó por primera vez en el Festival de Avignon. Seuls es una obra de dos horas en la que Mouawad es el único personaje en escena. Él solo desarrolla todo un camino de introspección, de viaje paralelo dividido por los problemas cotidianos de su vida como doctorando y su pasado como huido de la guerra en el Líbano junto a su hermana y su padre. Esta división también se muestra en los lenguajes de los que se provee su autor para acompañarse en ese autoconocimiento. De la simpleza de un escenario casi desnudo con tan solo unos paneles en apariencia endebles, se van añadiendo imágenes proyectadas sobre diversos temas relacionados con su vida y su investigación doctoral; echa mano de la informática, del juego de sombras y de los dobles fondos, para después usar la pintura de la forma más primitiva posible. Sigue leyendo