Les larmes d’Oedipe

Un tedioso Edipo en Colono completa el ciclo de tragedias sofocleas bajo la interpretación de Wajdi Mouawad

Foto de Pascal Gely
Foto de Pascal Gely

Seguramente solo se puede entender este montaje de Wajdi Mouawad como el episodio final de su megaproyecto de subir a escena las siete tragedias que conservamos de Sófocles. Un atrevimiento loable donde, a sus incursiones sobre los dos héroes Áyax y Edipo más las propuestas sobre las mujeres Las traquinias, Antígona y Electra, se le suman ahora Filoctetes y este epílogo sobre el desastrado rey moribundo en Colono. Uno se imagina asistiendo a la representación de las seis primeras y tragándose este desenlace embebido por la ruina; pero estas «lágrimas» carecen de la autonomía suficiente como para extenderlas durante una hora y cuarenta cinco minutos. Uno acoge con entusiasmo al pobre ciego Edipo acompañado por su hija Antígona a las puertas de Atenas en las tierras de Colono; y toma con agrado que un visitante del siglo XXI llamado Pericles los reconozca como si fueran Quijote y Sancho, y que les cuente que durante las manifestaciones de la crisis económica y social griega del 2008, el joven Alexandros haya resultado herido por la policía. Nos balanceamos sincrónicamente entre las dos historias, entre esas dos muertes paralelas de dos hombres caídos en desgracia. Cuando el muchacho fallece, según se nos relata, la reiteración, la parsimonia y el tedio se apoderan de la escena. Y es que, desde el principio hasta casi el último segundo, lo único que podemos contemplar es la sombra de los tres personajes, sus movimientos mínimos: Antígona de pie frente al ateniense, mientras Edipo, tumbado, apenas alza un brazo en su extendido estertor. Sombras sobre un círculo rojo que palidece y se recupera como el hálito de vida del protagonista. Este posicionamiento tan radical escenográficamente podría llegar a resultar atractivo y hasta rompedor; pero termina por agotar. Uno ya no sabe si están interpretando, si sus voces son auténticas, si está ocurriendo algo entusiasmante allá detrás. Pasamos de la cautivación visual a dejarnos enredar por el discurso, por el texto creado por Mouawad a partir del Edipo en Colono de Sófocles, probablemente lo último que escribiera este dramaturgo nonagenario antes de morir, y que vio cómo en el 404 a.n.e. Atenas había sido derrotada por otra troika, y así la democracia. En el 401, su nieto consiguió que se representase. ¿Son suficientes las palabras de Sófocles? ¿Es la versión que ahora conocemos tan persuasiva como para reducirlo prácticamente todo a una imagen de insólita latencia y al parlamento que podríamos escuchar con los ojos cerrados? No alcanza ese punto de poesía subyugante. El director renuncia a la teatralización de la tragedia, a su manifestación, a su muestra sangrante y patética de aquel desahuciado. Renuncia al gesto, a la mueca, a la mirada. Confía quizás tanto en lo que ha escrito que se permite exigirnos un extra de imaginación y una entrega mayor como espectadores. Reconozco que ese esfuerzo se lo entregué gustosamente durante la primera media hora, pero que luego el aburrimiento me venció ante unos acontecimientos consabidos de los que no se me ofrecía otra perspectiva, otro vericueto desde el que aproximarme a las catástrofes que se abrazaban superando el tiempo y el espacio.

Justo es reconocer que esta hikesía (súplica) edípica, donde el exiliado rey de Tebas reclama una muerte liberadora, conlleva momentos de auténtica belleza gracias a la escenografía de Emmanuel Clolus y a la iluminación de Sébastien Pirmet, y, principalmente, a las canciones que entonó el tenor Jérôme Billy (interpretaba al corifeo) y que llenaron de silencio y emoción toda la platea. Todo ello no fue bastante como para resistir una propuesta reducida a la sombra de lo que debiera haber sido.

Les larmes d’Oedipe

(basado en Edipo en Colono, de Sófocles)

Texto y dirección: Wajdi Mouawad

Reparto: Jérôme Billy, Charlotte Farcet y Patrick Le Mauff

Escenografía: Emmanuel Clolus

Iluminación: Sébastien Pirmet

Sonido: Michel Maurer

Vestuario: Emmanuelle Thomas

Música original: Jérôme Billy y Michael Jon Fink

Espacio sonoro: Michel Maurer

Sonido: Jérémie Morizeau

Producción: La Colline – théâtre national

Teatro Valle-Inclán (Madrid)

Hasta el 30 de octubre de 2016

Calificación: ♦♦

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