No todo el mundo puede ser huérfano

La compañía Chiens de Navarre, con Jean-Christophe Meurisse al frente, desembarca en los Teatros del Canal con una tragicomedia de crítica existencialista

No todo el mundo puede ser huérfano - FotoLa familia y sus eternos conflictos internos. La tragedia griega merodeando por nuestro imaginario y plasmándose delante de nuestros ojos con un distanciamiento metateatral, y Freud imponiendo unas claves que forman parte de los mitos contemporáneos por vía lacaniana (mucho más francesa, por supuesto). A los hijos les gustaría esputarles a sus padres un sonoro: «¡Ok, Boomer!»; pero forman parte de una generación desintegrada social, económica, moral, filosófica y existencialmente. Y los que nos queda por triturar. Celebremos que Jean-Christophe Meurisse sea un acibarado gamberro, y que solamente se deje llevar por esa veta de humor francés, tan habitualmente infantil, en unas cuantas ocasiones, y que haya apostado por el desenfreno y por dar una vuelta de tuerca a los consabidos temas. Esto no es el realismo de Tracy Letts con Agosto. Que el montaje se sitúe entre dos bancadas de asientos en la Sala Verde de los Teatros de Canal, exige un movimiento longitudinal y ágil por parte del elenco, de izquierda a derecha, que permite sobredimensionar el espacio al máximo e incluir atrezo sugerente, hiperrealista, maximalista y hasta cachondo. Sigue leyendo

Los papeles de Sísifo

El Teatro María Guerrero acoge esta obra sobre el cierre del periódico vasco Egunkaria dirigida por Fernando Bernués

Los papeles de Sísifo - Foto de MIkel Blasco
Foto de Mikel Blasco

Vayamos al grano del asunto: el texto de Harkaitz Cano es intelectualmente timorato y esa mirada repercute de manera flagrante en la construcción de cuadros y de personajes. Ni es teatro documento, ni es una obra provocadora que recoja las intromisiones del poder y las luchas intestinas en un contexto muy complejo para referirnos el «caso Egunkaria» (aquí llamado Elea). La cuestión es que el montaje llega directamente al Teatro María Guerrero, ni más ni menos, con un elenco de once intérpretes (más otros intérpretes de sustitución para las funciones en vasco). Todo un despliegue de medios humanos para representar el drama de un primerizo; aunque con la dirección del ducho Fernando Bernués, responsable de la compañía Tantakka Teatro, que ya trabajó con Alfredo Sanzol, actual director de CDN (sería mucho afinar la vista; pero me dio la impresión de que el vino llevaba como etiqueta «La calma mágica», quizás me equivoque). Sigue leyendo

Eneida

La Joven se aúna con el circo para dar cabida a esta adaptación del texto virgiliano a cargo de Paco Gámez

Eneida - Foto de Ilde Sandrin (1)
Foto de Ilde Sandrin

En esta ocasión La Joven ha decido dar un paso más allá en su propuesta de adaptar una obra clásica a un lenguaje contemporáneo, y que resulte atractivo a las nuevas generaciones. Aunar artes circenses, teatro de texto y música en directo suena, en teoría, muy bien; y si el lugar elegido para el montaje es el Price, pues mejor todavía. Por lo tanto, a priori, uno debe deducir y tener en cuenta esfuerzos mayores, y una preparación profesional de gran exigencia. Concluyamos que el conjunto, como experiencia sensorial y visual, resulta gustoso; porque varios de los elementos confluyen exitosamente en varios momentos. Aunque es justo reconocer que no se puede considerar que el espectáculo sea consistente de principio a fin, como voy a intentar demostrar. Si partimos del texto que ha escrito Paco Gámez, inspirándose en Virgilio, diremos que se ha empeñado en darle una vuelta de tuerca que termina por ser incomprensible. Mucho se debe contextualizar el asunto fuera de la función, para que se comprenda por dónde se quiere ir realmente. Es decir, si nos olvidamos de Eneas y pensamos más en un barrio de una ciudad europea que se incendia, repleta de individuos que producen rechazo en los que están fuera, y que eso hace que el viaje y la huida sea la única solución esperanzadora; y que la odisea y la reunión con otros pueblos sea el germen de lo que ahora denominamos Unión Europea, pues la epopeya romana se deshilacha. Los símbolos, los dioses, las fuerzas telúricas se desvanecen. De la Eneida, en definitiva, quedan las raspas de una trama que vale más para entreverar el malabarismo y la performatividad dancística, más unas composiciones musicales tan sensuales y propicias, como configuradoras de un mundo onírico. Porque en este último apartado, es necesario volver a valorar el oficio de Alberto Granados Reguilón, quien no para de ofrecernos su buen hacer y su gran disposición a la hora de entender cuál debe ser su cometido dentro de una dramaturgia contemporánea. Los músicos se apostan como una banda en un lateral para recorrer el Mediterráneo con una sensualidad deliciosa que empasta exquisitamente con la nostalgia que expele el héroe. Cuidado con los que esperen reguetón y chunda-chunda, porque de esto no hay, afortunadamente (la publicidad es engañosa). Destaca, por encima de todos, el tema «Il cielo in una stanza», de Gino Paoli, que popularizó Mina en los años 60. Se hace cobrar aquí la importancia del padre, Anquises, provocador de una orfandad angustiosa. Luego, también penetra en el ambiente la versión de «How Deep Is Your Love», que tanto nos remite a los Bee Gees y otro poco a los Take That en declive. Además, sonará Purcell y el «Bésame mucho», durante la escena mejor elaborada dramatúrgicamente: el encuentro amoroso entre Eneas y Dido sobre un lecho que se crea a partir de un gran hinchable (la escenografía de Silvia de Marta está configurada por detalles puntuales y concretos en el círculo desnudo, situados con gran inteligencia y originalidad), mientras el resto de los artistas narran el acontecimiento para ganar en erotismo imaginario y no recargar el erotismo carnal —porno blando, si se quiere—, que tanto abunda en los productos audiovisuales. No observo pacatería —pues no faltan en algunos diálogos expresiones soeces e improperios—, sino buen gusto por parte de José Luis Arellano a la hora de dirigir esta escena fundamental. Pienso que el director ha demostrado su valía en la configuración de la mayoría de las escenas; aunque no ha logrado hilarlas en una trama robusta. En cualquier caso, Eneas es un tipo descargado de los atributos del héroe, es un muchacho valeroso, cuando tiene que buscar la justicia; pero bastante melancólico. Es casi un decadente. Samy Khalil gana en expresividad con ese pasmo de la huida, de esa tristeza que lo acompaña; lo que pierde, en ocasiones, corporalmente frente a todos esos acróbatas tan virtuosos. Por su parte, María Heredia es un dechado de fuerza y de energía, tanto su Creúsa —muy llamativa e incitadora esa compuerta al Hades con forma de cubeta con su escalera incorporada que la absorbe—, como su Dido. Resulta arrebatadora y pasional, muy dominadora de la situación, tanto, que se come en exceso a Ana Jara, que hace de acompañante, y que luego se transformará en Lavinia, cuando esta, al final, se convierta en la esposa del futuro creador de Roma. Por otro lado, Marta Velilla como Acates (luego también como Andrómaca, en una escena deslavazada), me ha parecido que tenía un ímpetu muy necesario para contribuir positivamente a una dinámica algo juvenil. Y es que los aliados del héroe son un poco blanditos para la cuestión que nos compete. Ya sea Javier Ariano como Palante, que cumple con corrección su papel de secundario; o Jota Haya, que hace, sobre todo, de Aqueménides; pero que brilla cuando se encarna en Silvia, una sibila travesti y prostibularia muy atrevida y cachonda. El otro asunto a tratar es la inclusión, aquí y allá, de algunos números circenses. Casi en ningún momento parecen venir a cuento, y resultan un pegote; vistoso eso sí, muy meritorio, por supuesto; pero sin ideas creativas que se engarcen con el argumento. Diría que los malabares con mazas de Sirio Fernández son un ejemplo de cómo aprovechar sus habilidades para recrear una especie de vacile callejero que sí que funciona. O los movimientos de Amaya Frías en el suelo, que nos dan una idea más simbólica de los distintos episodios. Luego, el resto de actuaciones me parecen un poco traídas por los pelos, principalmente esa alegoría de la llegada de Europa, con Cira Cabasés y Juan de las Casas demostrando maravillosamente lo que son capaces de hacer sobre la báscula; aunque desgajados de eso llamado Eneida. Y, claro, ver a Monika Budzinska en el trapecio atrapa nuestra atención y le da hermosura al espectáculo; pero, igualmente, no se comprende el maridaje. En definitiva, es un montaje de La Joven (acaban de presentar también Ulloa), que intenta abrir otros caminos artísticos y eso es de alabar. Cualquier espectador puede coger de aquí y de allá para marcharse con buen sabor de boca; no obstante, la síntesis de los tres pilares que se ponen en juego no llega a fraguar con solidez.

 

Eneida

(Playlist para un continente a la deriva)

Texto: Paco Gámez, a partir de Virgilio

Dirección: José Luis Arellano García

Reparto: Javier Ariano, Jota Haya, María Heredia, Samy Khalil, Ana Jara, Marta Velilla, Monika Budzinska, Cira Cabasés, Juan de las Casas, Sirio Fernández, Amaya Frías, Julia Cano, Andoni Larrabeiti y Cristina Vigil

Músicos: Miriam García (saxo/flauta), Alberto Granados Reguilón (teclados), Jorge Henríquez (percusión), Javier Lisón (guitarra), Emma Weil (guitarra), Vicente Pérez (bajo)

Escenografía y vestuario: Silvia de Marta

Iluminación: Juanjo Llorens

Dirección musical y arreglos: Alberto Granados Reguilón

Coreografía: Andoni Larrabeiti

Ayudantía de dirección: Paco Gámez

Diseño de sonido: Félix Botana

Caracterización: Sara Álvarez

Asesor histórico-literario: Oliver Baldwin

Asesor circo: Javier Jiménez

Asesora movimiento: Eva Sánchez

Dirección de producción: Olga Reguilón Aguado

Dirección técnica: David Elcano

Regiduría: Daniel Villar

Ayudantes de escenografía y vestuario: Karla Santiago, Nicolás Guindo y Gracia Collado (prácticas)

Ayudantes de iluminación: Rodrigo Ortega, Paloma Cavilla (prácticas) y Nacho Medina (prácticas)

Ayudantes de regiduría: Paula del Fresno (prácticas) y Joel Valiente (prácticas)

Ayudantes de caracterización: Paloma Rodrigo y Santiago Calzón (prácticas)

Ayudante de producción: Paloma Rodrigo y Mayte Navarro (prácticas)

Gestión de públicos y administración: Rocío de Felipe

Fotografía: Ilde Sandrin

Comunicación: María Díaz y Pedro Sánchez

Diseño gráfico: Guillermo Vázquez

Alianzas: Teatro Circo Price, Fundación Teatro Joven, Escuela de Circo Carampa, Escuela de Música Creativa, Conservatorio Superior de Danza María de Ávila

Teatro Circo Price (Madrid)

Hasta el 17 de abril de 2021

Calificación: ♦♦♦

Ulloa

La obra de Irma Correa se inspira en la novela de Pardo Bazán; aunque la creación resulta tan inédita como sugestiva

Ulloa - Foto de Ilde Sandrin
Foto de Ilde Sandrin

Si hubiera que juzgar este espectáculo por los supuestos objetivos extrateatrales que dice buscar, como el homenaje a Emilia Pardo Bazán en la conmemoración del centenario de su muerte y la difusión de su obra como empeño didáctico para llegar a las nuevas generaciones, entonces lo calificaríamos como fracaso o como propuesta insuficiente (y muy patrocinada), tal y como ocurrió, aunque bastante peor, con Fortunata y Benito. Si yo fuera profesor, que lo soy, y quisiera ampliar mis lecciones sobre la escritora gallega (en absoluto olvidada en el currículo como a vece se da a entender), que suelen ocurrir en el último trimestre tanto de 4º de ESO como, al año siguiente, en 1º de Bachillerato (sí, es así de absurdo) con alguna obra teatral, pues, entonces, me costaría mucho relacionar Ulloa con la novela de Pardo Bazán. Sigue leyendo

Puertas abiertas

Cayetana Guillén Cuervo y Ayoub El Hilali protagonizan esta historia difusa de Emma Rivarola con el terrorismo islamista de fondo

Puertas abiertas - Foto de Joan Riedweg
Foto de Joan Riedweg

¿No están ustedes, teatreros de más o menos intensidad, hartos de que les vendan lo que no va a ser? Hace unos meses, en esta misma sala Margarita Xirgu del Español, ocurrió algo parecido con Siveria, pues lo que se anunciaba como una obra sobre la defensa de los derechos LGTBI+, luego el asunto quedaba de soslayo. Ahora, volvemos a la carga con Puertas abiertas, y lo que inicialmente puede llegar a ser un conflicto acerbo sobre el terrorismo islamista y sus «fundamentos», se convierte en un compendio de temas de aquí y de allá, que por falta de profundidad carecen de interés. Lo paradójico es tratar del miedo al otro, desde el miedo al espectador (que no a la crítica, porque esta a nadie le importa). Y cuidado, que ni siquiera creo que sea un miedo a su rechazo moral o intelectual, sino más bien a su aburrimiento. Cuando el 13 de noviembre de 2015 la sala de conciertos Bataclan, situada en el IX Distrito de París, se vio atacada por varios terroristas armados con kalashnikov, los cuales asesinaron a 90 espectadores (más todos aquellos ciudadanos que murieron en los alrededores también por disparos, hasta sumar en total las ciento treinta víctimas), surgió en Twitter el hashtag #portesouvertes (Puertas abiertas). Sigue leyendo

Ira

Julián Ortega presenta un texto de humor negro con tintes fantasiosos que, además, protagoniza junto a Gloria Muñoz

Ira - Foto
Foto de Javier Naval

Más allá de estilos, existen dos tipos de comedias, las que anhelan a través del humor transgredir convenciones, satirizar costumbres o atacar al poder (entre otros intereses trascendentales) y las que únicamente buscan la risa como forma de divertimento. Perfilar una del primer tipo siempre ha sido harto complejo; pero hoy es un ejercicio, nuevamente, de conflicto, sobre todo, social, más que político. Ira, en algún instante, parece que desea ir más allá; pero al final no se atreve a dar el paso y se queda en el mero entretenimiento destinado al olvido. Julián Ortega dispone una serie de elementos antagónicos para provocar el choque, incluso traza unos paralelos irónico-alegóricos; no obstante, termina por ser una comedia de situación con permanentes guiños al entramado seudorreligioso que elabora. Desde luego, ni los cristianos más acérrimos se inmutarán, a pesar de que se estrene en plena Semana Santa. Sigue leyendo

Música y mal

Lola Blasco nos invita a explorar su melomanía a través de varias piezas clásicas, creadas por compositores repletos de máculas morales

Música y mal - Foto de José María Sánchez Moral
Foto de José María Sánchez Moral

Ante una propuesta en aparente tan directa y con título tan elocuente, uno puede situarse desde diferentes posturas, pues si la autora es capaz de tomar distancia —muy irónica, como vamos a ver—, más distancia podemos tomar nosotros como espectadores. El montaje es breve y uno se queda con ganas de más, pues la selección musical es excelente, tanto como su intérprete, el pianista Alexis Delgado Búrdalo; además de que la estructura de vasos comunicantes que se bosqueja, con aire falsamente espontáneo delante de nosotros, nos introduce por vericuetos en los que se aúna de forma desequilibrada la estética y la moral, la historia y el costumbrismo, el misterio y el arte, la música y la palabra, la intimidad y el erotismo. Podría seguir. Lola Blasco, que no hace tanto nos mostró su Siglo mío, bestia mía, y que tiene por ahí rondando su En palabras de Jo… Mujercitas, que dirige Pepa Gamboa, la cual echa también aquí una mano en la dirección, en este trabajo personalísimo. En uno de los enfoques que podemos considerar quizás debe estar la sospecha de ese prurito cristiano —y ahora tan posmoderno—, de la culpa, del afán pietista por el pecado, y por la incapacidad para integrar el mal en la concepción de Dios. Sigue leyendo

Antígona

Las Naves del Matadero acogen la versión que el mexicano David Gaitán presentó en el pasado Festival de Mérida sobre la gran tragedia sofoclea

Antígona - Foto de Diego Casillas
Foto de Diego Casillas

Al menos se ha tenido la decencia —no siempre ocurre así— de no mentar a Sófocles. El texto, la dirección, y toda la responsabilidad de lo que pasa en escena es de David Gaitán (México, 1984). Y aquí se le enmienda la plana al dramaturgo griego y se propone una confrontación de fuerzas y de tonos harto distinto, y harto, también, políticamente correcto. La única figura que verdaderamente nos puede atraer y que arrastra con vesania —casi otro Calígula más— todo el montaje, es Creonte. Y eso que el personaje ha sido caricaturizado torticeramente para acomodarlo a morales y a gustos más ajustados a las democracias de sufragio universal como las nuestras, que a la ateniense del siglo V, una sociedad tan machista a nuestros ojos, como deudora de unas costumbres religiosas entreveradas con sus leyes de una forma mucho más acuciante que en nuestros días (y si no que se lo digan a Sócrates, todo un cumplidor). Sigue leyendo

El curandero

Juan Pastor vuelve a presentar esta obra del irlandés Brian Friel construida con tres soliloquios que cuestionan el concepto de verdad absoluta

El curandero - FotoSi por algo destaca y resulta interesante esta obra es por su planteamiento formal y por cómo incide en la idea —diríamos que orteguiana: «todo conocimiento lo es desde un punto de vista determinado»— de la perspectiva, y como ella se relaciona con el concepto de verdad. Por eso aquí, a través de una obra teatral, se da ejemplo de que nuestra memoria, como bien es sabido, trabaja con la reconstrucción de los hechos, rellenando huecos e inventando acontecimientos que se configuran con deseos, con creencias o, incluso, con relatos de otros que insertamos en nuestra propia historia. Básicamente, lo que hacemos permanentemente tanto en vigilia como en somnolencia. Así somos. Otra cuestión, evidentemente, es mentir y mentirnos. Pues también nuestro cerebro necesita olvidar y obviar detalles de sucesos dolorosísimos. Forma parte de nuestro sistema de defensa. ¿Arregla algo el perspectivismo? Es decir, ¿ofrecer varias perspectivas de un hecho nos acerca más a la verdad? Si el escuchante es perito en ciertas lides o es un forense capaz de analizar incongruencias, entonces la posible verdad parece más cercana. Hoy, la verdad, más que nunca es una sensación, una ilusión, un pálpito. La verdad es lo que expresan los nuestros y el discurso lloroso de los que se manifiestan débiles o víctimas. Ir más allá, es un esfuerzo que con frecuencia no estamos dispuestos a asumir. Buscar la verdad cansa y, encima, puede revelarse agria para nuestra conciencia de biempensantes. Sigue leyendo