BARRO

Un drama que repasa fulgurantemente la Primera Guerra Mundial a través de los jóvenes soldados de ambos bandos

Hay que insistir una vez más en la importancia que tiene el proyecto de La Joven Compañía; pues supone un hito en la difusión del teatro. Si un grupo de profesionales está ganando espectadores (y el esfuerzo es ímprobo en nuestra sociedad de la sobreabundancia ociosa) son precisamente ellos. Puesto que la combinación de textos interesantes, ya sea porque se apoyan en clásicos o porque al ser de nuevo cuño atinan con temas de relevancia; o ya sea porque estéticamente son altamente atractivos tanto para el público general como para los adolescentes. Todo esto no les debe eximir de la crítica, que tendrá que ser tan exigente como el trabajo que ellos mismos se imponen. Sigue leyendo

Anuncios

Medea

Simon Stone trae a la protagonista de Eurípides al mundo contemporáneo bajo una mirada aséptica

Foto de Sanne Peper

Vuelta de tuerca estetizante sobre la tragedia de Eurípides para aproximarla a la concepción contemporánea; pero, también, en su frialdad descontextualizadora, para alejarla de la empatía propicia. Es una propuesta de corte cinematográfico y, diríamos, que hasta publicitario. No solo porque se utilicen pantallas gigantes y se proyecten las imágenes que se están grabando in situ en algunas escenas; sino porque Simon Stone domina el movimiento del montaje con una ductilidad asombrosa, empastando situaciones y tiempos como si fuera una película. Los intérpretes penetran de improviso por los laterales, acometen su actuación simultáneamente con otros aprovechando la profundidad del escenario. En el sentido técnico, la función es loable. Luego, la escenografía de Bob Cousins juega al espacio vacío, al maximalismo y a una blancura que transforma a unos médicos en auténticos neuróticos. La trastornada, sin duda, es ella; pero su marido, Lucas, no le va a la zaga. Sigue leyendo

Tratando de hacer una obra que cambie el mundo

Más metateatro para criticar el metateatro contemporáneo en la propuesta de estos chilenos con ganas de satirizar su propia existencia

En el manifiesto que viene impreso en el programa de mano (cada vez más básico), y que firma Teatro La Re-sentida, están todas las preguntas, todos los cuestionamientos que esta compañía se plantea y, también, algunas de las respuestas. Digamos que su propuesta, Tratando de hacer una obra que cambie el mundo, debería ser su posicionamiento estético y ético; pero la paradoja (o no) es que termina adoptando la voz más empleada en esa posmodernidad, que es el metateatro ―en este caso, el metadiscurso, también― y, por lo tanto, ese regodeo distanciador sobre la incapacidad para crear algo nuevo y para expresar ideas revolucionarias (la izquierda les podría ayudar; pero están solucionando su quiero y no puedo). «Vive en nosotros el anhelo de modificar la sociedad a través de nuestro arte». Y para ello recurren a la sátira de la propia funcionalidad del teatro, del teatro posmoderno en contraposición al teatro político anterior. Al epatante y lleno de guiños conceptuales soliviantados por los fuegos artificiales e infectado de un marxismo que huele añejo y que no conecta con el público actual (ahora hay que venderlo con las proclamas de los marginados sociales). Sigue leyendo

7 años

Los Teatros del Canal acogen esta batalla dialéctica entre cuatro socios de una empresa con el fin de eludir la cárcel

Foto de Sergio Parra

Si hace poco más de un mes Daniel Veronese adaptaba y dirigía la película Todas las mujeres, ahora dispone lo propio con otro film que, desde luego, pedía versión teatral: 7 años. Además, coincide en la cartelera madrileña con otro éxito cinematográfico que pasa a las tablas como es Perfectos desconocidos. Ambos montajes poseen indudables puntos en común, entre otros, su atractivo para un público más inclinado hacia el teatro comercial y sus mecanismos medidos puestos al servicio de diálogos ágiles y propiciatorios destinados a desbrozar las intimidades. Aquí el engranaje se pone en funcionamiento enseguida y la premisa es bien sencilla: los cuatro responsables de una empresa dedicada a vender software y otras soluciones informáticas están a punto de ser investigados por Hacienda. Por lo visto, han estado desviando pasta a unas cuentas opacas en Suiza y los han pillado. Se enfrentan a la pena que refleja el título del espectáculo y han decidido que se coma el marrón uno de ellos. Para dirimir tan compleja decisión van a echar mano de un mediador. Serán ochenta minutos sin el más mínimo altibajo. Sigue leyendo

Lehman Trilogy

Una complaciente mirada sobre los famosos banqueros en un espectáculo musical dirigido por Sergio Peris-Mencheta

Foto de Sergio Parra

La crisis se ha terminado porque Grecia ha dejado atrás su rescate. La democracia resurge en su cuna y aquí no ha pasado nada. Esto parece que es lo que se nos quiere transmitir en la prensa de los últimos días. Por eso, el Lehman Trilogy de Peris-Mencheta me parece un show demasiado complaciente con la historia de unos banqueros que se inmiscuyeron en cada una de las grandes decisiones que tomó Estados Unidos durante el siglo XX. Y que, incluso, se pueden considerar los promotores de una forma de vida de la que todos somos deudores en la actualidad. En forma de musical, el cuentecillo se disfruta más y entra suave en nuestras conciencias, tan acostumbradas a esa esquizofrenia que nos sitúa en disposición de admirar a los tipos que nos van a esclavizar. Es el enajenamiento por la picaresca, por la astucia. Es envidia, al fin y al cabo, por el triunfo hacia los cielos del poder. Por eso, en gran medida, esta trilogía termina por reírse de nosotros; puesto que una obra de más de tres horas, que podría servirnos para comprobar las distorsiones no ya del propio sistema (si asumimos, entre otros aspectos, la acumulación originaria de capital y el subsiguiente amasamiento de pasta en manos de unos pocos); sino del uso torticero y criminal de sus principales adalides. Sigue leyendo

La vida a palos

Imanol Arias regresa a los escenarios con una propuesta que no encuentra el equilibrio entre el drama y el cante flamenco

Foto de Irene Meritxell

Para hacernos una idea de lo que es La vida a palos en el escenario hemos de rebajar cualquier expectativa coherente con el universo del personaje al que se remite, es decir, el alter ego de Pedro Atienza (escritor y radiofonista). De cómo los entresijos puros del flamenco, de la marginalidad gitana, del pasado triste de España y la trena, de una supuesta picaresca que debiera estar; pero que no transcurre, de la carencia de pellizco, de soplo, de quejío, de duende, al fin y al cabo. Decadentismo de los nocherniegos, de los tablaos y de una melancolía que debería atenazarnos desde el primer verso. Se ha pretendido dar un aire «moderno» a un montaje que osa aunar elementos que funcionan como ganchos, a priori, incuestionables, para atraer a mucho público de aquí y de allá. Por un lado, las interpretaciones musicales y, por otro, la presencia de Imanol Arias. Sigue leyendo

Dados

Una pieza sobre transexualidad en un adolescente que plasma enérgicamente los conflictos internos y externos

Destinar una obra al público adolescente, principalmente, es, de por sí, una cuestión compleja en la actualidad ―las situaciones conflictivas han aumentado tanto como el caos en nuestra sociedad―; más lo es si se trata el tema de la transexualidad. El principal mérito de su autor, Jose Padilla, es que su didactismo no sea sesgado e impositivo. El texto dispone un planteamiento, un lapso en un transcurso, más que una historia con una conclusión definitiva. Es, sobre todo, un «ocurre esto», es algo duro de asumir, «¿qué puedo hacer?». A este distanciamiento también hay que agradecerle que no se trasladen las disputas desorbitantes del movimiento trans; puesto que el asunto está llegando a unas cotas de disensión tanto interna como externa en algunos países (véase Canadá o Estados Unidos con el uso de los pronombres o la lista de identidades de género; van ya por 37 en algunos estados). Es adecuado simplificar y diseñar una base, para lograr una mayor comprensión ―sobre todo si los destinatarios son una chavalería que se siente por naturaleza temerosa ante lo extraño o lo diferente― y reconocer que algunas personas están sufriendo o se sienten angustiadas por una serie de circunstancias que están relacionadas con su cuerpo (en un sentido extenso de la sexualidad y la conciencia de ser). Sigue leyendo

Evel Knievel contra Macbeth na terra do finado Humberto

Rodrigo García presenta su última creación en los Teatros del Canal, un collage pop donde se enfrentan todo tipo de fuerzas

Foto de Marc Guinot

Aceptemos que debajo de todo el collage, de todos esos vídeos psicotrópicos y esa propulsión textual existe un fin político. Aceptemos que bajo las tópicas figuras de estilo de este dramaturgo que se nos impone como enfant terrible de la postdramaticidad existe un fin existencial. Si el envoltorio no fuera tan sumamente irónico y, por lo tanto, tan tendente al nihilismo y a esa sensación de vacío que se percibe en el aplauso apagado del público; cuando este comprende que no comprende si de verdad merece la pena gastar una hora y media en aquello que ve; seguramente podríamos desbrozar el aparataje para llegar a algo. No lo pone fácil esta vez Rodrigo García, porque como espectáculo es más pacato y «humilde» que otros suyos. Que es una manera de afirmar que es muchísimo menos provocador y que ha metido mucho relleno. El espectador debe aunar, como si asistiera a la emancipación de un poema surrealista, postista o creacionista, una serie de motivos que deambulan por diferentes capas de realidad-irrealidad, de lo serio y de lo vulgar, que se manifiestan como una lucha maniquea. Sigue leyendo

Los mariachis

Pablo Remón continúa su andadura dramatúrgica con esta representación sobre la decadencia política en plena meseta castellana

El buen sabor de boca que me había dejado El tratamiento, la obra que hace tan solo unas semanas estrenó Pablo Remón, tenía necesariamente que marcar un fuerte prejuicio a la hora de asimilar su nuevo trabajo. Y hay que reconocer, ya de primeras, que el tono humorístico baja y que la estructura dramática se desvanece en una de las subtramas. Todo ello apreciado dentro de un mundo, un estilo peculiar que convence a un público que va reconociendo las virtudes de este «nuevo» dramaturgo. Los mariachis contiene una virtud extraordinaria plasmada con verdadera sutileza artística, y es haber creado una especie de paralelismo rancio y rural de la supuesta elegancia de los advenedizos urbanos enfangados en las veleidades políticas. Una réplica deshidratada y polvorienta de eso que Sergio del Molino ha bautizado tan exitosamente como «La España vacía». Y el fondo, por lo tanto, va como sigue. Por una parte, conocemos a tres hermanos envueltos en su idiolecto y en la concentración absurda de su microcosmos abultado por ciertas incapacidades para el raciocinio que comparten genéticamente. Sigue leyendo