La pasión de Yerma

Lola Blasco traslada la tragedia lorquiana a nuestros días con la inconsistencia de no reconsiderar el contexto sociocultural presente

La pasión de Yerma - Foto¿Merece la pena adaptar la obra de Lorca para, en lugar de aportarle un aire nuevo, otra temperatura, quizás, con mayor consonancia presente, desvirtuarla hasta hacer de ella un acontecimiento entre dos aguas? La necesidad de duplicar la actualización de un clásico, pues toda obra del pasado es actualizada ipso facto por la mirada de un espectador nuevo, conlleva, en muchas ocasiones, la descompensación anacrónica de los hechos, y el descoloque de unos símbolos que requieren de un contexto sociocultural muy concreto. Si nos venimos al ahora, ¿qué es la esterilidad de una mujer? O debemos tomar la verosimilitud a medias y a gusto del consumidor. Microondas, lavadoras (a pares) y un tren AVE arrollando ovejas; pero ni avances sociales inconmensurables, ni secularización sin parangón, ni pruebas médicas que zanjen las dudas y planteen las posibilidades que hoy existen. Sigue leyendo

Alimañas (brillantes)

Pilar Massa dirige esta provocadora comedia negra de corte fantástico firmada por Philip Ridley en los Teatros del Canal

Alimañas - FotoDe primeras uno debe pensar en la sátira de Jonathan Swift, Una humilde propuesta —pudimos ver de ella una adaptación teatral dirigida por Laila Ripoll hace pocos años—. Si aquella daba solución a la molesta presencia de los niños vagabundos en las calles y a la acuciante hambre de la sociedad británica, las Alimañas de Philip Ridley, reparan lo primero y solventan las dificultades de los jóvenes para acceder a la vivienda, de sus sueños. Quién se lo iba a decir a Adela Cortina, cuando escribió aquello de Aporofobia, que ahí estaba encerrada la política inmobiliaria más eficiente. Por supuesto, que el tema viene que ni pintado para nuestro país y, sobre todo, para las grandes capitales; pues el abuso, por ejemplo, con los alquileres es insolente —no obstante, habría que rascar mucho acerca de las causas y de las soluciones—. Sigue leyendo

El hombre almohada

David Serrano adapta y dirige la célebre obra de Martin McDonagh protagonizada por Ricardo Gómez y Belén Cuesta

El hombre almohada - Foto de Javier Naval
Foto de Javier Naval

La historia que Martin McDonagh estrenó en 2003 es, en sí misma, una fábula que encierra otras muchas fábulas que recorren los miedos y las angustias más atroces con el esplendoroso motivo de la catarsis. Función primordial de la fantasía y de la imaginación que, en muchos casos se desprecia, con ánimo sobreprotector. Pues recordemos que muchos de los célebres cuentos de los hermanos Grimm, de Perrault o de Andersen, por poner algunos ejemplos, tienen un final demoledor que se le ha usurpado a los niños de las últimas décadas. Forma parte de la actualidad el debate sobre la influencia en los jóvenes de la violencia en las películas o en los videojuegos (algunas investigaciones demuestran que sí puede influir en la percepción que se tiene de la violencia, sobre todo en algunos individuos concretos). Esta cuestión la vimos reflejada precisamente también en los Teatros del Canal con La tristeza de los ogros, obra con ciertos paralelos con El hombre almohada. El marco —aceptemos que estamos en un país totalitario no identificado— es el propio de un thriller de aquellos que se ocupan de asesinos en serie peculiares, de sicópatas con obsesiones recurrentes, como en Seven, en Zodiac o en True Detective (se podrían nombrar cientos). Un modus operandi a exponer y a desarrollar. Una hipótesis más que razonable. La escenografía de Ricardo Sánchez Cuerda nos aísla a todos en un sótano desportillado, desolado, húmedo y ocupado por una cama roñosa y textos grapados por aquí y por allá. Produce una extraordinaria sensación de profundidad la enorme apertura en el techo atravesada por tuberías. Una ambientación muy pertinente y que seduce aún más si cabe con la iluminación de Cornejo, fundamentalmente cuando se entenebrece. Belén Cuesta, quien ya había trabajado con este director en Los universos paralelos, se convierte en la principal protagonista, Katurian Katurian, una joven que trabaja en un matadero y que escribe cuentos marcados por el leitmotiv de la crueldad sobre los niños. Por eso afirmaba que recogen la verdadera tradición cuentística que con tanto fulgor se materializó durante el siglo XIX bajo la estela del Romantiscismo, en su afán por recoger leyendas medievales y de la antigüedad como El flautista de Hamelín. Creo que David Serrano ha dejado demasiada «libertad» a la actriz para mostrar su natural ironía, esa inocencia que hemos observado en otros trabajos suyos. Resulta un tanto inverosímil si aceptamos la interpretación más lógica que podemos establecer de esta obra; o sea, la de una mujer que encuentra en la literatura más mordaz su propia salvación anímica, pues se ha pasado media vida escuchando gritos que, después, resultaron ser de su hermano torturado por sus padres. Con esto quiero decir, que el humor que expele —la adaptación del texto del propio David Serrano con la elección de algunas palabras favorece la gracia—, tan acibarado, a veces, que dulcifica la situación y la hace menos creíble; pues Cuesta, aunque realiza, en general, un trabajo de gran compunción, no llega a manifestar un gran dolor. Y esto nos aleja de la idea de compasión, la que de alguna manera posee el hombre almohada, y nos hace pensar más en una egoísta que anhela trascender con su obra literaria (su insistencia con que se conserve tras su muerte es patente). Por otra parte, resulta un tanto repetitivo el interrogatorio según nos aproximamos al desenlace. Principalmente, porque los detectives van perdiendo aplomo y ya no resultan tan fieros. La decisión de ejecutar tanto a Katurian como a su hermano está casi tomada, pues las pistas parecen inequívocas. De hecho, vemos a la protagonista moverse entre esos dos tipos tan inquisitivos con cierta comodidad en ocasiones. Manuela Paso hace de Tupolski, el poli «bueno», una tía tan aviesa como misteriosa —con sus propios traumas. Como todos—, y va ganando en incisión; sobre todo, además, puesto que su compañero, Juan Codina, Ariel, va desesperándose definitivamente. Furibundo y agrio, casi una traslación del Marat que ha estado representando hace unos meses. Uno de los puntos de mayor interés en esta propuesta es la presencia de Ricardo Gómez encarnándose en Michal, un muchacho algo retrasado, lento, al que parece que los cuentos de su adorada hermana le han parecido tan entretenidos y fascinantes, como inspiradores. Es en él donde confluye la otra paradoja. Para Michal los cuentos no son un acto creativo de ficción que puedan funcionar como terapia de choque como a Katurian; sino una plasmación de ejemplar de lo que para él es algo normal. El actor demuestra una gran composición de su personaje con esas tartamudeces pertinaces, y una gama de gestos (rascarse el culo) que refuerzan su ingenuidad y su aparente simpleza. Pienso que, de una forma equilibrada, dadas las circunstancias, consigue transmitir su ilógica inmadurez, tras el daño irreparable que le han propinado sus padres. De mayor importancia si cabe, de hecho, es el engranaje metaliterario que más puede seducirnos, es la inclusión de algunos cuentos contados enteros, que sirven indirectamente para que el público, al igual que los investigadores, rearme el conflicto y su resolución. En esto, el autor, Martin McDonagh, de quien se pudo ver hace unos años la adaptación de El cojo de Inishmaan, va hasta las últimas consecuencias en vesania y en intentar sujetar cada cabo suelto con una remisión fabulística, como ocurre con el cuento de «El cerdito verde». Aunque, por supuesto, el cuento de «El hombre almohada», todo un inductor compasivo al suicidio reparador, muy indicado para niños que han sufrido demasiado en su infancia, es el más significativo. Lo que no funciona tanto es cuando se nos cuenta una de estas historias directamente, frente a nosotros, como en el que se explica lo que hizo Katurian a sus padres, en lugar de la forma dialogada; sobre todo, porque parece una digresión que ralentiza el asunto. Muy original y satisfactoria es la manera de representar con máscaras, entre cinematográfica y guiñolesca, el cuento de «La niña Jesús». Funciona como enlace idóneo para adentrarnos en la escena dos del segundo acto (para nosotros, la segunda parte). Otros de los aspectos a tener en cuenta es si Serrano ha acertado con el ritmo que ha impuesto. Quizás, en un montaje de menor duración sería más llevadero; pero creo que se demora con los interrogatorios, con entradas y salidas que enlentecen el espectáculo, máxime cuando se requiere tiempo para cada uno de los cuentos que se relatan. Tener que hacer una pausa te saca de una ambientación agónica. No revelaré cómo termina la primera parte; pero no se debe dejar al espectador sin respiración (y no solo al espectador), cuando se alcanza un momento tan álgido en la relación de los hermanos; porque luego el estado de ánimo es distinto. Por otra parte, parece que el director se resiste a la crudeza y apuesta más por una comicidad insolente. Parece que Serrano quiere buscarles cierto lado amable a las cosas, y eso es a lo que nos tiene acostumbrado. Véase, últimamente Los asquerosos o Los hijos. De todas formas, el proyecto que más entronca con este es Port Arthur, donde un joven sicópata era interrogado por unos policías. En cualquier caso, El hombre almohada se sustenta en un texto cargado de aspectos muy interesantes a los que merece atender, y se logra una atmósfera dramática en muchos instantes de una sordidez inquietante.

 

El hombre almohada

Autor: Martin McDonagh

Dirección y adaptación: David Serrano

Reparto: Belén Cuesta, Ricardo Gómez, Juan Codina y Manuela Paso

Iluminación: Juan Gómez Cornejo (A.A.I.)

Diseño de escenografía y máscaras: Ricardo Sánchez Cuerda

Vestuario: Yaiza Pinillos

Música y espacio sonoro: Luis Miguel Cobo

Audiovisuales: Emilio Valenzuela (A.A.I.)

Ayudante de dirección: Nacho Redondo

Movimiento escénico: Carla Diego Luque

Comunicación: Ángel Galán

Diseño cartel: Carmen García Huerta

Fotografías promoción y cartel: Javier Naval

Fotografías de función: Elena C. Graiño

Realización de escenografía: Mambo Decorados y Sfumato

Realización de máscaras: Morboria

Realización de utilería: Ricardo Sánchez Cuerda

Realización de vestuario: Sastrería Cornejo

Técnico de iluminación: Daniel Alcaraz

Maquinista-sonidista: Fernando Díaz

Gerente-regidora: Ana Gardeta

Transporte: Taicher

Producción ejecutiva: Lola Graiño

Dirección de producción: Ana Jelin

Producción general: Producciones Teatrales Contemporáneas

Coproducción: Teatros del Canal de la Comunidad de Madrid, Producciones Abu, Milonga Producciones, Vértigo Tours, Som Produce, Gosua, Teatro Picadero, Anexa

Distribución: Producciones Teatrales Contemporáneas

Teatros del Canal (Madrid)

Hasta el 20 de junio de 2021

Calificación: ♦♦♦

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El perro del hortelano

Dominic Dromgoole adapta y dirige la célebre obra de Lope de Vega en los Teatros del Canal

El perro del hortelano - FotoEl último gran montaje sobre esta comedia palatina que Lope debió componer en 1613, fue la que dirigió Helena Pimenta para Compañía Nacional de Teatro Clásico; ahora, la Fundación Siglo de Oro vuelve sobre la afamada obra, como ya hizo en 2007 bajo la batuta de Laurence Boswell, con el genio de Dominic Dromgoole, quien estuvo diez años al frente del Globe Theatre de Londres. El perro del hortelano es una obra que, si se le da un buen ritmo y se modulan los embates amorosos con suficiente pericia, es difícil que no guste. Que los actores, y principalmente las que harán de criadas, salten a ese a propiciar una captatio benevolentia muy desenfadada, con guiños cachondos al público y volviéndose unas payasas muy cachondas, es una forma estupenda de comenzar. Mar Calvo, que luego hará de Dorotea, como sirvienta de cámara, demuestra poseer una vis cómica maravillosa para ponernos a tono, tal y como se hacía por el Siglo de Oro. Sigue leyendo

Realidad

Manuel Canseco adapta en los Teatros del Canal la primera obra de teatro de Benito Pérez Galdós que se llevó a escena

Realidad - FotoEl interés por el teatro de Benito Pérez Galdós es bien temprano en su vida, de hecho, antes de Realidad, que se considera la primera de su nómina, escribió otras que no llegaron a representarse. Cuando uno asiste a este tipo de drama, caduco en algunos procedimientos y anticuado en unas convenciones sociales que no quedan tan lejos como para sorprendernos con sus descubrimientos, sino todavía próximas en el tiempo, se pregunta desde qué posición se debe observar. Sinceramente, cuesta encontrar elementos atractivos en obras así, una vez que ciertos esquemas se han desgastado. Entiendo, claro, que el gusto contemporáneo ha trastocado nuestra mirada sobre esas «problemáticas» burguesas decimonónicas, relamidas y romanticonas, novelescas y trasnochadas. No veo otra manera que apreciarla como suvenir; como un estudio arqueológico a una tragedia que Manuel Canseco ha dejado en los huesos. Sigue leyendo

No todo el mundo puede ser huérfano

La compañía Chiens de Navarre, con Jean-Christophe Meurisse al frente, desembarca en los Teatros del Canal con una tragicomedia de crítica existencialista

No todo el mundo puede ser huérfano - FotoLa familia y sus eternos conflictos internos. La tragedia griega merodeando por nuestro imaginario y plasmándose delante de nuestros ojos con un distanciamiento metateatral, y Freud imponiendo unas claves que forman parte de los mitos contemporáneos por vía lacaniana (mucho más francesa, por supuesto). A los hijos les gustaría esputarles a sus padres un sonoro: «¡Ok, Boomer!»; pero forman parte de una generación desintegrada social, económica, moral, filosófica y existencialmente. Y los que nos queda por triturar. Celebremos que Jean-Christophe Meurisse sea un acibarado gamberro, y que solamente se deje llevar por esa veta de humor francés, tan habitualmente infantil, en unas cuantas ocasiones, y que haya apostado por el desenfreno y por dar una vuelta de tuerca a los consabidos temas. Esto no es el realismo de Tracy Letts con Agosto. Que el montaje se sitúe entre dos bancadas de asientos en la Sala Verde de los Teatros de Canal, exige un movimiento longitudinal y ágil por parte del elenco, de izquierda a derecha, que permite sobredimensionar el espacio al máximo e incluir atrezo sugerente, hiperrealista, maximalista y hasta cachondo. Sigue leyendo

Ulloa

La obra de Irma Correa se inspira en la novela de Pardo Bazán; aunque la creación resulta tan inédita como sugestiva

Ulloa - Foto de Ilde Sandrin
Foto de Ilde Sandrin

Si hubiera que juzgar este espectáculo por los supuestos objetivos extrateatrales que dice buscar, como el homenaje a Emilia Pardo Bazán en la conmemoración del centenario de su muerte y la difusión de su obra como empeño didáctico para llegar a las nuevas generaciones, entonces lo calificaríamos como fracaso o como propuesta insuficiente (y muy patrocinada), tal y como ocurrió, aunque bastante peor, con Fortunata y Benito. Si yo fuera profesor, que lo soy, y quisiera ampliar mis lecciones sobre la escritora gallega (en absoluto olvidada en el currículo como a vece se da a entender), que suelen ocurrir en el último trimestre tanto de 4º de ESO como, al año siguiente, en 1º de Bachillerato (sí, es así de absurdo) con alguna obra teatral, pues, entonces, me costaría mucho relacionar Ulloa con la novela de Pardo Bazán. Sigue leyendo

El curandero

Juan Pastor vuelve a presentar esta obra del irlandés Brian Friel construida con tres soliloquios que cuestionan el concepto de verdad absoluta

El curandero - FotoSi por algo destaca y resulta interesante esta obra es por su planteamiento formal y por cómo incide en la idea —diríamos que orteguiana: «todo conocimiento lo es desde un punto de vista determinado»— de la perspectiva, y como ella se relaciona con el concepto de verdad. Por eso aquí, a través de una obra teatral, se da ejemplo de que nuestra memoria, como bien es sabido, trabaja con la reconstrucción de los hechos, rellenando huecos e inventando acontecimientos que se configuran con deseos, con creencias o, incluso, con relatos de otros que insertamos en nuestra propia historia. Básicamente, lo que hacemos permanentemente tanto en vigilia como en somnolencia. Así somos. Otra cuestión, evidentemente, es mentir y mentirnos. Pues también nuestro cerebro necesita olvidar y obviar detalles de sucesos dolorosísimos. Forma parte de nuestro sistema de defensa. ¿Arregla algo el perspectivismo? Es decir, ¿ofrecer varias perspectivas de un hecho nos acerca más a la verdad? Si el escuchante es perito en ciertas lides o es un forense capaz de analizar incongruencias, entonces la posible verdad parece más cercana. Hoy, la verdad, más que nunca es una sensación, una ilusión, un pálpito. La verdad es lo que expresan los nuestros y el discurso lloroso de los que se manifiestan débiles o víctimas. Ir más allá, es un esfuerzo que con frecuencia no estamos dispuestos a asumir. Buscar la verdad cansa y, encima, puede revelarse agria para nuestra conciencia de biempensantes. Sigue leyendo

Desengaños amorosos

Los Teatros del Canal acogen el divertido e ingenioso montaje basado en la obra de María de Zayas

Si decidimos no hacer caso a la teoría de la catedrática Rosa Navarro Durán, según la cual, María de Zayas y Sotomayor fue uno de los heterónimos de Alonso Castillo Solórzano; entonces creeremos que nació en Madrid en 1590 y que murió en la misma ciudad en 1647. Muy poco sabemos de su vida y casi todo tiene que ver con interpretaciones extraídas de sus propias obras, y que la sitúan como una protofeminista. Apenas atesoramos un par de colecciones de relatos: Novelas amorosas y ejemplares (1637) y Desengaños amorosos (1647). Sobre estos últimos, Nando López ha construido una obra teatral que pone en juego motivos, tramas y disputas de una manera tanto ingeniosa, pues ha sabido mezclar lo cómico con lo dramático, como sugerente; ya que muchas de las ideas de la autora quedan perfectamente expresadas en la obra. Si nos ponemos más pejigueros, podríamos achacarle cierta propensión pedagógica a remarcar las proclamas de vindicación femenina; y que su personaje de Octavio es tontorrón de más, por lo que se cae en el tópico del Apolo corto de luces. La incuestionable inteligencia de una mujer brilla ante mentes de su talla; aquí lo han tenido bastante fácil. Pero es que, claro, también se busca llegar a un amplio público, tanto de edad como de exigencia, y el entretenimiento debe estar garantizado. Y lo está; aunque se alargue el asunto, quizás, un poco más de lo necesario, y alguno de los embrollos no quede suficientemente bien representado, como es el caso que compete a los dos varones que, entre elipsis, suspicacias y analepsis, no terminamos de comprender en profundidad de qué escapan. Sigue leyendo