La adaptación de la novela de Emilia Pardo Bazán en el Teatro Fernán Gómez queda reducida a una trama costumbrista
Podemos encontrar todo tipo de excusas razonables para justificar esta versión tan convencionalista y hasta popular que se presenta en el Teatro Fernán Gómez. Y hablo de excusas, porque sabemos de los conocimientos y del buen hacer de Helena Pimenta a lo largo de su carrera. Pero lo que ha hecho Eduardo Galán con su adaptación es un claro ejemplo de cómo se encuentra el equilibrio entre el montaje desbordante y omniabarcador (que no dejara suelto ni un solo fleco) y la propuesta que «guste» a un público menos avezado o paciente entre el que se deben hallar también los bachilleres. ¿Se merecía esto el centenario del fallecimiento de Pardo Bazán? Pues a falta de otras iniciativas públicas, parece que hay que conformarse. Y aunque se insista en que esta es la primera vez que se sube a las tablas una versión de esta novela; tampoco creo que se deba desmerecer el Ulloa, de Irma Correa que hace unos meses dirigió José Luis Arellano. Sigue leyendo

Cuando Javier Fesser presentó sus Historias lamentables en 2020 pudo seguir desarrollando esa vetas absurdistas y kafkianas que resultaban tan inverosímiles como catastróficamente posibles en un mundo donde hay gente «pa to». En dicha película, aparecía Chani Martín interpretando a un disciplinado turista de esos que madrugan para coger primera línea de playa —probablemente uno de esos sujetos que se quejarían a diario por tener que levantarse tan temprano para ir a trabajar—, vestido con el uniforme de playero y con algunas características que hallamos también en este Braulio de la pieza que nos compete. Sería como contemplar primero en pantalla grande al metódico espécimen bandeado por la mala suerte; y después observarlo engrandecido frente a una esposa permanentemente infravalorada.
¿Se deben dar por sabidas, aunque sea someramente, la biografía de Antonio Machado y las circunstancias políticas y sociales de la España en que vivió? Definitivamente, sí. Porque es un autor que forma parte de nuestro acervo popular mucho más que otros (un poco por debajo de Lorca) y porque es de esos autores que todavía se enseñan en las escuelas y en los institutos —algo que no ocurre de la misma manera, por ejemplo, con Pedro Salinas, al que me refería por aquí a cuenta de la obra de 



