Paella

David Fernández «Fabu» y Nerea Moreno se ponen al frente de un espectáculo de estética cutrelux en el Teatro Fernán Gómez

Paella - FotoCuando uno se empeña en performar un desenfreno debe cuidarse de no sucumbir en la autodestrucción. Los propios artífices anulan su engranaje evidenciando que sus tramas se agotan antes de que la comida esté lista. Ellos se han impuesto cocinar de principio a fin una paella de verdad, aunque algún valenciano afirmaría que es arroz con cosas; porque abusan de las verduras de manera insolente (también el cutrerío va por ahí). Noventa minutos de cocción se hacen tan excesivos para un argumento tan endeble, que más de media hora se rellena con canciones a modo de cabaret ramplón y grotesco con irónico el «Show must go on»; puesto que hay que esperar y continuar. Sigue leyendo →

El grito del cardo

Inma González muestra toda su expresividad para inmiscuirse en la piel de una mujer marginada en el contexto de la posguerra

El grito del cardo - FotoNo es desde luego muy preciso hablar de los hijos de La Zaranda, pues esta compañía gaditana bebe de unas tradiciones y de una decadencia socioeconómica muy concreta y pertinaz que ha propiciado unas formas de expresión, un arte, un deje; pero convengamos en que el estilo zarandesco tiene hoy distintos herederos que arrastran los pros y contras de aquella compañía. En la mayoría detecto más los procedimientos formales que la consistencia política y o el componente alegórico que, en aquellos, alcanza la excelencia en varios de sus montajes. Sigue leyendo →

Lo único que verdaderamente quise toda la vida es ser delgada

La dramaturga y actriz Esther F. Carrodeguas monologa sobre su gordura en una performance autoficcional

Lo único que verdaderamente quise toda la vida es ser delgada - FotoEsther F. Carrodeguas, quien, desde mi punto de vista, ha patinado con su último espectáculo, Iribarne, en el CDN, es una dramaturga que necesariamente debemos juzgar como inteligente. La prueba es Supernormales. Uno, entonces, se pregunta por qué una mujer de 44 de años se hace esto (y nos hace esto) en escena. Otra vez más la autoficción de marras. Otra vez el micrófono en mano. Otra vez la declamación plañidera. Otra vez el victimismo egocéntrico. Otra vez el mundo (todo, todo el mundo) «contra mí». Pero esta vez, encima, reducido a cuarenta y cinco míseros minutos y a la redundancia más insoportable: «Soy gorda». Sigue leyendo →

Abre el ojo

La compañía Noviembre Teatro insiste con otra obra de Rojas Zorrilla para acercarnos una de sus comedias más cínicas

Abre el ojo - Foto de Asís G. Ayerbe
Foto de Asís

¡Qué distinto cadencia y tono tiene esta propuesta de Noviembre Teatro frente a aquella tan divertida de Entre bobos anda el juego! Verdad es que aquella era comedia de figurón y esta de Abre el ojo (o Abrir el ojo) sea de costumbres. Aunque se quiera proceder con el vaivén del vodevil, lo cierto es que uno ve el esquema demasiado marcado casi desde el principio. Y luego, encima, se resuelve el asunto en un pispás, o en dos; porque el epílogo se acopla con premeditación. Sigue leyendo →

La Tuerta

La ópera prima de Jorge Usón se inserta en ese estilo expresionista que cae en el formalismo para hablarnos del desamor

La Tuerta - Foto Vincent Urbani
Foto de Vincent Urbani

Llevamos ya unos cuantos años recogiendo la cosecha de las dos compañías que han asumido con más vigor los preceptos estéticos de La Zaranda. Ambas en permanente interrelación, tanto La Estampida, con José Troncoso al frente, como Nueve de Nueve, poseen unos modos claramente identificables. De estos últimos, ahora recibimos La Tuerta, con Jorge Usón como máximo responsable. En esta se exprimen mucho más esas características de las que hablo, si nos fijamos en su anterior obra Con lo bien que estábamos (Ferretería Esteban). Sigue leyendo →

Escena – Fin de temporada 2022-23

Coronada y el toro, de Francisco Nieva sobresale junto a La voluntad de creer, dirigida por Pablo Messiez. Hemos asistido a una temporada sin la carga pandémica; pero se ha insistido en el lenguaje complaciente de nuestros tiempos

Coronada y el toro - Foto de Javier Naval
Foto de Javier Naval

La estela pandémica aún puede percibirse en las programaciones; aunque las funciones se han podido realizar con bastante normalidad. Lo que sí parece asentado en nuestros escenarios es la pertinacia de lo políticamente correcto, del bienquedismo con el respetable, del peloteo a los que dan de comer, y de un conservadurismo, en definitiva, que se ve a diestro y siniestro. Sigue leyendo →

Que de noche lo mataron

La tragedia de Lope, El caballero de Olmedo, encuentra un paralelo con un motero del presente en esta propuesta protagonizada con brillantez por Juan Cañas

Que de noche lo mataron - Foto de Carlos Andrés Pulido
Foto de Carlos Andrés Pulido

Muestra, ante todo, este espectáculo a un intérprete como Juan Cañas, que cautiva al público y que es capaz de cantar varias tonadillas a la guitarra, de recitar los versos de Lope sin solemnidad; pero con hondura lírica, de entreverar sus propias composiciones con las del guitarrista del XVII Luis de Briceño; y de moverse por el reducido espacio que ha pergeñado Juan Sebastián Domínguez, que tiene lo justo y necesario como para que nos situemos imaginariamente en ese camino aciago entre aquellos pueblos vallisoletanos: Medina del Campo y Olmedo. Sin descontar, por supuesto, una iluminación que propicia en la noche la sensación de fantasmagoría entre la niebla que inunda todo. Ya me parecería suficiente que la propuesta solo se hubiera centrado en la obra clásica; pues observar a un bululú reconfigurar cada escena posee una gran concisión. Sigue leyendo →

Mañanas de abril y mayo

La adaptación de esta comedia de Calderón a cargo de Carolina África y con la dirección de Laila Ripoll resulta leve

Mañanas de abril y mayo - Foto de David Ruiz
Foto de David Ruiz

Previa a esta comedia, Calderón ya había demostrado su buen hacer con Casa con dos puertas mala es de guardar y con La dama duende, que son de 1629. Y esta que nos compete pudo haberse escrito en el 1632 o 1633. En cualquier caso, comparada con aquellas, esta es de una insignificancia apabullante; porque ningún personaje llega a comandar la acción como para que nos suponga un atractivo más complejo. Carolina África ya había acometido una modernización de similar calibre con la obra de Agustín Moreto El desdén con el desdén. En esta esta ocasión pienso que era más difícil salir triunfante, puesto que la disposición de nuestro dramaturgo áureo tampoco permite mucho recorrido como para que el asunto nos diga algo. Sigue leyendo →

Sobre el caparazón de las tortugas

La nueva obra de Ignasi Vidal cae en el manido enfrentamiento de una pareja malavenida en el contexto de la Semana Santa sevillana

Sobre el caparazón de las tortugas
Foto de Antonio castro

Cuando se pretende condesar mucha información en muy pocas horas, como si hubiera que cumplir con la regla de las tres unidades (tiempo, espacio y acción) a rajatabla (aquí así ocurre), hay que tener una gran pericia para que las inverosimilitudes no lo lleven todo al traste. Desgraciadamente, el dramaturgo Ignasi Vidal no ha estado fino en el reparto comedido de lo relevante. En cierta medida, en su obra más célebre El plan, ya se dieron excesos en cuanto a cargar las tintas. Mejor le fue, desde mi punto de vista, con Dribblig, verdaderamente se concedía el oxígeno requerido. Porque en Sobre el caparazón de las tortugas —una metáfora que se nos explica debidamente como en un aparte cargado del melodramatismo de otro tiempo— la sempiterna bronca entre dos divorciados se manifiesta de una manera inverosímil, como si estuvieran más empeñados en que el público se entere de los avatares de su extinto matrimonio, que en jugar sus cartas con astucia. Sigue leyendo →