Helena Pimenta y Álvaro Tato llevan al Matadero su visión taciturna de la comedia de Shakespeare

En 2013, la compañía británica Propeller demostraba cómo se puede exprimir una comedia como Twelfth Night hasta el punto payasesco. Decía Harold Bloom que las versiones sobre esta obra descarrilaban si no tenían un ritmo rápido. Y este es uno de los grandes fallos de la mirada que han proyectado Álvaro Tato y Helena Pimenta. Y se da así porque se han tomado una serie de decisiones estéticas y éticas, que convierten esta propuesta en un espectáculo demasiado melancólico y limpio. Si la acción transcurre en Iliria, nosotros pensaremos que estamos en el canal de la Mancha, en Dover, por ejemplo, en los años de la Primera Guerra Mundial. El vestuario de José Tomé y Mónica Teijeiro así lo manifiesta con bombines y cascos militares; y su propia escenografía, un retablo naíf con oleaje al fondo, refuerza la idea. Sigue leyendo


Apenas se ha representado esta tragedia histórica de Calderón de la Barca —una propuesta de la RESAD, donde participó David Boceta, y nada más que se sepa—, que la Compañía Nacional de Teatro Clásico, con esta hornada de jóvenes repescados de diferentes de distintas promociones —reconozcamos que la coyuntura hace de esta idea algo muy conveniente y con sentido—, pretende entroncar el tema romano que vertebra, de algún modo, la temporada (


En la intrahistoria de nuestro país todavía puede ver más intrahistoria, y si le ponemos imaginación, todo pudo ser de otra forma e, incluso esta, pudiera hallarse más cerca de la realidad. Alicia Montesquiu, quien viene de actuar en 