Resumen de lo más significativo de este curso teatral que ha finalizado recientemente

Demasiados cursos ya sin que se obtenga un ramillete de espectáculos destinados a permanecer en la memoria durante un largo tiempo o, incluso, a situarse dentro del canon del siglo XXI. Parece que hemos alcanzado una reconfortante medianía, donde apenas las ideas que pululan en nuestra sociedad se exprimen en las contradicciones. Y los teatristas casi no arriesgan su prestigio abandonando en alguna medida los motivos consabidos. Podría afirmar que el cuestionamiento de la verdad ─sin caer en la posverdad contemporánea, pero aceptando la circunstancia─ ha sido el tema que mejor se ha elaborado durante estos meses. Por otro lado, da la impresión de que las formas de posteatro se han aposentado en lo convencional. Y los que apuestan por lo supuestamente rompedor ofrecen funciones inanes (véase LEXIKON o Tinieblas). Sigue leyendo
Desgraciadamente, tanto el dramaturgo Mark Rosenblatt, como los responsables de traernos este proyecto tan pronto a España, han tenido el don de la oportunidad. Los bombardeos sobre Gaza, esa terrible matanza cometida por Israel, añadidos a los últimos acontecimientos han devuelto al debate internacional conceptos como sionismo, responsabilidad de los judíos, antisemitismo y toda una serie de aspectos consabidos y de tan ardua solución. Con esta misma tesitura se encontró Roald Dahl en aquel turbulento verano de 1983.
Ya dio cuenta este mismo Teatro Bellas Artes de esta misma obra de Florian Zeller con Héctor Alterio como protagonista. Ahora la gracia está en que podemos disfrutar de dos montajes del dramaturgo francés en los teatros madrileños, pues Aitana Sánchez Gijón está comandando La madre en el Teatro Pavón (nos faltaría El hijo, para cerrar la trilogía). Además, la función que nos compete está mediada por el éxito que tuvo la versión cinematográfica con Anthony Hopkins a la cabeza. 


