Carlota Ferrer e Isabel Ordaz se ponen al frente de una adaptación de la tragedia euripídea con estéticas dispares

La recurrencia a esta obra es abundante. Esta adaptación se suma a otras dos que hemos podido contemplar en los últimos tiempos. Ángeles González-Sinde se apoyó en Séneca y Alberto Conejero en Eurípides. Ahora Carlota Ferrer e Isabel Ordaz se han unido o, más bien, se han juntado para lanzarnos dos perspectivas estéticas que pretenden empastarse en escena sin lograrlo. La veterana actriz encarna a la reina Hécuba. Ella se cubre con una sencilla túnica negra y adopta el rictus pertinente para que su discurso resuene tan pertinaz como doliente. Únicamente ella consigue que el espectáculo tenga un cañamazo medianamente sólido, cuando hablamos, además, de una tragedia con un esquema episódico muy palpable, pues básicamente debemos enterarnos de la suerte de cada una de esas troyanas que han sobrevivido después del desastre. Sigue leyendo

Cuando hace unos meses falleció William Hurt, se recordó ampliamente su fantástica labor actoral en la versión cinematográfica de El beso de la mujer araña (1985), con la que consiguió, entre otros prestigiosos premios, el óscar. Aquella cinta y su novela se habían quedado ancladas en un pasado que reverbera mal en nuestro presente; porque poseía reminiscencias culturalistas que hoy resultan algo exquisitas. Es algo que se comprueba en la versión que dirige Carlota Ferrer en el Teatro Bellas Artes, pues si uno de los protagonistas se pone a contar la película de 1942, La mujer pantera, de Jacques Tourneur, entonces el espectador se puede quedar pronto descolocado; si rápidamente no encaja el argumento del film. Con el libro es más sencillo aclararse; no obstante, parece más que conveniente imbricar el simbolismo de esa fémina felinesca que encarnó en el celuloide Simone Simon, y que nos ponía en la pista de cierta paradoja entre amar, perder la virginidad y metamorfosearse en un ser destructor. 




