Sueño

Una tragicomedia trenzada a través de dos tramas demasiado dispersas sobre el amor y la muerte

Foto de Luis Castilla

Cuesta mucho creer que los mimbres para pergeñar esta obra sean los propios de la comedia y que Shakespeare sea el máximo inductor. Seguramente uno se pone a investigar, a probar procedimientos, a consultar a los que saben cómo llevar el humor a las tablas; pero al final sale lo que sale: un drama con alguna pizca de retranca. Quizás debamos aceptar que el patetismo del protagonista resulta algo cómico, al fin y al cabo su vida parece ser que ha terminado siendo anodina. El espectador, que antes ha asistido a diversas actuaciones de Jesús Barranco en los alrededores de La Abadía y que se convierte, por lo tanto, en un instigador al buen ánimo para entrar reído y alegre, asume enseguida que su estado de fruición se va a desvanecer con un montaje caliginoso y plomizo en su primera media hora. Un vejete aguarda su último hálito en un hospital, pulula por allí una chica, La loca, que lee fragmentos destinados al olvido entre tartamudeos, mientras suena Beethoven en su tocadiscos. Sigue leyendo →

Petite mort

El suicidio como una de las bellas artes en una performance repleta de discursos antitéticos

Está claro que los dos dramaturgos que aquí presentan este artefacto pretenden plasmar en escena esos procedimientos, esas contaminaciones, que otros géneros literarios como la novela o la poesía ya han empleado o, como ocurre en el arte conceptual, se dejan influenciar por otras disciplinas culturales. De Gon Ramos únicamente conocemos su formidable Yogur / Piano, mientras que de María Velasco, se puede afirmar que es toda una artista asentada en los márgenes (Líbrate de las cosas hermosas que te deseo, La soledad del paseador de perros). Parece que la unión ha resultado desigual, y que ella ha impuesto su estilo, caracterizado, fundamentalmente, por el conceptismo y el abusivo desbarre performativo con toque de humor vitriólico. Sigue leyendo →

La cantante calva

El teatro del absurdo que Ionesco puso en marcha con esta obra sigue divirtiendo, pero ya no irrita

Foto de Javier Naval

Ya no es para tanto. El público ríe y aunque no se comprenda del todo, no se siente estafado, quizás un poco aburrido en algunos momentos; y si al final no sale ninguna cantante calva, tampoco es para escandalizarse en un mundo como el nuestro. Por qué no tomarse esta primera creación de Eugène Ionesco (1909-1994) como un ensayo de nuevos procedimientos, de una puesta en marcha de mecanismos propios del lenguaje en su deriva ilógica. Puesto que la estructura de la obra es simplona y repetitiva, no ya porque la repetición sea una técnica que explota profusamente, sino porque, como se verá en obras como Rinoceronte (1959), el teatro del absurdo iba a depararnos un despliegue mucho mayor de recursos literarios como la animalización o el simbolismo, y de constructos filosóficos como el nihilismo, el existencialismo o la crítica satírica de la sociedad. Me parece un exceso encontrar en La cantante calva referencias a las paradojas de nuestro presente donde las redes de comunicación abarcan el orbe y, sin embargo, se alimentan de la función fática del lenguaje y de una considerable incapacidad para despejar el ruido de nuestros enunciados. Sigue leyendo →

Magnani aperta

Arantxa de Juan abre su apartamento madrileño para encarnarse en la famosa actriz italiana

Foto de Ana Romero

Todo juega a favor de esta propuesta, aunque no sea lo más rompedor que nos podamos echar a la cara en la escena que nos circunda en las últimas temporadas. Que Anna Magnani habite en un piso de la calle Desengaño de Madrid, en ese remedo de prostitución que se oculta en las traseras de los magnos centros culturales de nuestro tiempo, ya es de por sí una confluencia, un símbolo que nos motiva a inmiscuirnos en la vida de esa soberbia actriz. Querámoslo o no la intérprete italiana va cayendo en el olvido; el presente de ritmo tremebundo arrasa con el pasado y con un tipo de cine que ya ni los que se dicen «cinéfilos» saborean. Por eso, cuando uno acude a espectáculos de este cariz basados en un personaje relevante, donde cuenta tanto la imaginación y la contextualización, la perspectiva cambia, y mucho, dependiendo en qué medida conozcamos a la protagonista. El año anterior, cuando se llevó de nuevo a las tablas una versión (algo fallida) de La rosa tatuada, recordamos esa interpretación extraordinaria y tan emotiva en el film dirigido por Daniel Mann sobre el texto de Tennessee Williams. Sigue leyendo →

El corazón entre ortigas

Una recreación poética sobre los miles de refugiados que salvó el diplomático chileno Carlos Morla Lynch

Sigue siendo un gran desconocido Carlos Morla Lynch, el diplomático chileno que llenó su enorme piso, en la calle Alfonso XII, enfrente del Retiro, con los poetas agrupados en la Generación del 27; y luego de todos aquellos madrileños que ya no podían encontrar escapatoria ante la llegada de las tropas de Franco. Unos dos mil llegó a ocultar entre la embajada y varias casas que alquiló a tal fin. Eusebio Calonge presentó hace un año este espectáculo que ahora se reestrena, basado en los informes mecanografiados por los dedos de este héroe. Un montaje breve, pero denso; amasado por un torrente poético que se alimenta tanto de la negrura, el desgarro y el expresionismo valleinclanesco como del onirismo lorquiano que podemos descubrir en obras como Así que pasen cinco años, donde lo simbólico se funde con imágenes de profundo calado tenebrista. Por lo visto, el chileno se enteró de la muerte de Lorca mientras se limpiaba los zapatos en la Plaza Mayor de Madrid. Su relación con el poeta, según aparece en sus diarios, debió de ser de una compenetración indecible, tanto que le dedicó (y a su mujer) Poeta en Nueva York. Sigue leyendo →

Vientos de Levante

Carolina África escribe y dirige un drama existencial que se debate entre la melancolía y el optimismo

No viene la dramaturga a exponernos un carpe diem, por mucho que algunos personajes se vean abocados a la vida con emociones exprés o a atrapar instantes que aparten las perturbaciones que real y metafóricamente traen los vientos levantinos. No, Carolina África ha concretado un drama existencial que expresa sinceramente cómo algunos encuentran vías de escape a su propio devenir; pero también cómo esas situaciones no implican una respuesta definitiva para los callejones sin salida. Sin acicate suficiente, Ainhoa, una periodista desencantada, viaja en tren hasta Cádiz para encontrarse con su amiga Pepa, una sicóloga pluriempleada que trabaja en un centro siquiátrico y en la planta de paliativos de un hospital. Carolina África se incluye en la primera como si se aproximara con cautela, como si debiéramos observar todo lo que ocurre con su mirada precavida ante un ambiente que desconoce en esa especie de huida o de búsqueda; por eso su personaje y su interpretación se dejan crear por el resto, unos individuos más perfilados. Sigue leyendo →

Refugio

Miguel del Arco traza la historia de una familia y un refugiado sirio ante la tesitura de la incomunicación

Foto de marcosGpunto

Europa dentro de un cubo, de un búnker acristalado donde se recluye la cultura milenaria y triunfante como el tiburón disecado de Damien Hirst. Incapaz de renacer en este capitalismo tardío en el que las plusvalías son cada vez más escasas —nada que ver con las posguerras o el despegue tras una dictadura o tras la caída de un muro—. Si no hay mucho que repartir, dónde queda la exitosa socialdemocracia. Esclavos del hijo bastardo que nos gobierna desde el otro lado del océano y petrificados ante un futuro repleto de incertidumbres, cuando deberíamos solazarnos por estos decenios de paz. Ponga un refugiado en su familia. Miguel del Arco partió de Teorema, el film de Pasolini que dirigió en 1968; pero el resultado queda muy alejado. ¿En qué medida Farid, un migrante sirio, perturba la vida de esos especímenes en plena descomposición? La incomunicación es permanente, es como si hubieran adoptado a un niño mudo y se negaran a aprender la lengua de signos; es casi un elemento decorativo propio de advenedizos. Sigue leyendo →

La ternura

Parodia basada en las comedias de Shakespeare con un enredo sobre leñadores y princesas

Vuelve Alfredo Sanzol por los fueros donde mejor se desenvuelve. Y es que la seña primordial del dramaturgo navarro es su peculiar veta humorística, que vendría caracterizada por el desparrame, por la exageración y por el choque abrupto dentro de una situación habitual. Así comenzó su auténtico éxito en el 2008 con Sí, pero no lo soy, una obra descacharrante en la que se inmiscuía en las cotidianas rarezas de nuestro mundo contemporáneo; iba del particularismo local al azote general con auténtica destreza. En esta misma línea —bajo la estructura de sketchs engarzados—, presentó Días estupendos, concentrada en las aventuras veraniegas de unos jóvenes en un ambiente que termina por ser entrañable. A estas debemos sumar Delicadas y En la luna, con las que cerraríamos esta etapa marcada por su afán a la hora de interrelacionar historias con ese humor tan característico, que ha mantenido en trabajos posteriores cuando ha emprendido tramas con desarrollos más lineales, apartados de lo poliédrico (Aventura! o La calma mágica). Sigue leyendo →

La vida es sueño [vv. 105-106]

Carles Alfaro plantea en los Teatros del Canal una perspectiva esencialista de la obra calderoniana

Siempre es interesante volver sobre la obra maestra de Calderón; el drama que mayor complejidad filosófica entraña del siglo XVII español (y diría que europeo). Se nos presenta una versión donde se hace referencia explícita a esos dos famosos versos del dramaturgo madrileño: «qué delito cometí / contra vos naciendo»; un hipérbaton que es toda una declaración de intenciones moral. Aunque en la propuesta de Carles Alfaro ante todo encontramos una estética muy definida que remite directamente con Éramos tres hermanas que dirigió en el 2014. Trabaja el director con un minimalismo que agolpa la sofisticación del texto y lo expande a través de fantasmagorías, elucubraciones oníricas y, en este caso que nos compete, un futurismo que podemos sondear visualmente en celdas transparentes en películas como Skyfall o en aquellas donde Hannibal Lecter es apartado de la carne, e, igualmente, en algún capítulo de Black Mirror. Es decir, ese cubo acristalado debe ser tomado como una verdadera provocación directa al espectador. Sigue leyendo →