Nina

Un melodrama sobre el regreso de una joven actriz al pueblo donde nació su vocación

Foto de Carlos Luján

El dramaturgo José Ramón Fernández, de quien celebramos su versión de El laberinto mágico, decidió en 2003 que Nina, aquella incipiente actriz que emprenderá el vuelo en La gaviota de Chejov, vuelva como un alma en pena al presente para mostrar su periplo y el achaque de la nostalgia. El texto le valió el Premio Lope de Vega y la compañía La risa de Cloe, como lleva haciendo en los últimos años, la vuelve a poner en pie —con algunos cambios— en el Teatro Fernán Gómez. Desde el comienzo nos topamos con varios problemas que se arrastrarán hasta el final de función sin capacidad para remontar. Primeramente, está el enfoque del texto. Si ya la obra chejoviana es un fresco de la vida misma que nosotros observamos con motivación más por la distancia y la curiosidad que nos pueda provocar el ocultamiento de las emociones de muchos personajes que son un esbozo que debemos completar, aquí la cercanía de lo relatado —¿quién no mira con añoranza sus sueños de la adolescencia perdida?— viene cargada de tópicos: «Al final os casasteis. ¡Qué bien! Está igual»; la asunción de que la mayoría ha ido perfilando su familia más o menos. Sigue leyendo →

Barbados, etcétera

Pablo Remón presenta en el Teatro Kamikaze un tríptico pop sobre la relación de una pareja en fase de demolición

Foto de Vanessa Rábade

Seguramente la clave ya la expresa el propio dramaturgo cuando afirma: «una especie de «Cara B» de 40 años de paz». Porque según cuenta, esta Barbados, etcétera sería la consecuencia de los ensayos e improvisaciones que pretendían dilucidar si el personaje creaba su lenguaje o si era este el que creaba aquel. Por eso lo que nos encontramos en escena, en el ambigú de El Pavón, es un ejercicio de estilo, lo suficientemente vacuo en el contenido como para que la forma nos ocupe hasta donde lleguen nuestras ansias estéticas. Remón narra, le gusta narrar, se deleita en el narrar; pero resulta que es guionista y director y que sus palabras deben plasmarse en imágenes, encuadres, voces de protagonistas; y el tipo no se resiste a mostrarnos la virtud primordial de estos profesionales: el detallismo. Se nos entregan tres historias separadas y con unos puntos en común que dependen de nuestra buena voluntad, digamos que se hace referencia a Barbados y tampoco de una manera excesivamente simbólica. La primera es una anécdota sobre un tapicero, ya saben, el tapicero que recorre las calles con su megáfono a todo trapo ofreciendo sus servicios. Sigue leyendo →

Arte

Una comedia burguesa sobre la amistad en nuestro mundo estetizado, dirigida por Miguel del Arco

Foto de Vanessa Rabade

Arte no va de arte, y es una pena que una obra teatral, aunque sea mediante la comedia no profundice sobre este hecho tan muerto como Dios (Arthur C. Danto dixit); sino de amistad. ¿Qué más da el cuadro blanco, absolutamente blanco, que se ha comprado Sergio? Ahí tenemos la pintura Blanco sobre blanco de Malevich de su serie de 1918. Sencillamente es llevarlo un poco más al extremo. Lo que quiero decir es que la discusión que ocupa gran parte del texto tiene como causante la envidia («Que Sergio se haya comprado ese cuadro me supera, me inquieta, me provoca una angustia indefinida.»), la irritación que supone que un amigo nos inflame con su soberbia, con su aparente saber, con su nueva adquisición: un coche, un chalé, un reloj; o con su nuevo viaje —siempre más lejos, más exótico, más inalcanzable. Por eso Marcos se parte de risa cuando sabe que aquella tela pulquérrima ha costado treinta mil del ala, porque está seguro de aquello no es arte, está plenamente convencido. El público se carcajea. Sigue leyendo →

Hamlet

Una versión del clásico de Shakespeare que profundiza en la dimensión metateatral de la interpretación

Foto de Dmitrij Matvejev

La posición de la que parte Oskaras Koršunovas es la del propio actor, que bajo ese imposible de considerar su mente como una tabula rasa que debe ocuparse de experiencia, del encuentro y del descubrimiento de su cuerpo en el personaje. «¿Quién eres?», se gritan sin parar los ocho intérpretes frente a un espejo, como si estuvieran calentando la voz antes de entrar a escena; pero también reconociéndose, como el salvaje que se encuentra por primera vez con su propio rostro. El director lituano, que ya estuvo por Madrid en el 2015 con su versión de La gaviota (la recordamos con satisfacción, sobre todo por las dificultades técnicas) realiza un planteamiento fronterizo de Hamlet, cercano, por momentos, al working progress —el vestuario que ha preparado Agne Kuzmickaite combina la ropa de calle (negra) con vestidos acordes al devenir del asunto, como el traje blanco de Ofelia— al empaste metaliterario del príncipe que duda, interpretado por un actor que constantemente debe volver sobre sí para autoafianzar su avance, su plan actoral, sometido por el impulso del personaje que lo ha poseído. Sigue leyendo →

Fuente Ovejuna

La Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico dinamiza esta atrayente propuesta sobre el clásico de Lope

Es, sin duda, una de las obras de teatro español más conocida; se sigue comentando en los institutos e, incluso, leyendo. Aunque también es cierto que los acontecimientos históricos y dramáticos han derivado en una lectura un tanto errónea en el acervo popular; puesto que se habla de ella como la comedia que defiende que la unión hace la fuerza. Hoy en día no parece aceptable a nuestros ojos la actitud de los lugareños de aquel pueblo cordobés frente al comendador, Fernán Gómez. El tiranicidio como justicia y refrendada por los reyes. Fuente Ovejuna siempre ha sido, en cierta medida, una obra desigual. Primero porque la historia de amor entre Laurencia, aquí con una Paula Iwasaki poderosa y, a la vez, zalamera, y Frondoso, que Pablo Béjar, a pesar de que se le ve algo aniñado, es capaz de expresar heroísmo; y en la que interviene el propio comendador —interpretado por Jacobo Dicenta con buenas dosis de engreimiento y aplomo dramático—, no sirve ni de columna vertebral ni de núcleo tensional suficiente como para atraernos, por mucho que nos topemos con encuentros de flirteo entre los amantes o el rapto de la labradora encienda los ánimos. Por otra parte, la tendencia abusiva a remarcar el grupo disuelve en él a los posibles secundarios y a la concreción de subtramas que complejicen el drama. Sigue leyendo →

La rebelión de los hijos que nunca tuvimos

Una fábula inspirada en todos aquellos niños migrantes que desaparecen en las costas europeas

Foto de marcosGpunto

La apuesta de los hermanos Bazo (QY Bazo) por el teatro social, por llevar a cabo obras que nos comprometan con los problemas acuciantes de nuestro presente, es clara. De alguna manera, su lenguaje primordial es la fábula, el cuento moralizante, el apólogo con el que pretenden, sino aleccionarnos, sí provocarnos una reacción que nos lleve a la reflexión. Así ocurre en Los impostores, en Nada que perder y en Tres días con Charlie. De forma mucho más acentuada La rebelión de los hijos que nunca tuvimos recurre directamente al «Érase», al toque infantil —lógico para un texto que trata fundamentalmente de niños— y a la narración oral. Este exceso inicial por contar —con todo un prólogo que es en sí una leyenda— es el gran lastre de un espectáculo que se subsume en gran medida en ese procedimiento a costa de la pura representación de los hechos. ¿Hasta qué punto el espectador mantendrá la atención sobre lo relatado? ¿Hasta qué punto es reiterativo lo contado sobre lo representado? Además, creo que faltan recursos propios de los oradores, falta mayor recursividad —no me vale solo con repetir el «érase», porque el cuento se enreda y no somos lectores, sino escuchantes— para que después podamos introducirnos en el meollo de la cuestión. Sigue leyendo →

4

La nueva propuesta de Rodrigo García es una performance desencantada construida con sus habituales procedimientos espectaculares

Foto de Marc Ginot

«Llega la noche como una mierda», comienza. Una mierdra. Pero Jarry queda muy lejos de este mejunje, colección de tópicos y copias del propio artista, tan seco de ideas como la sociedad que pretende criticar con su verborrea seudoirreverente. 4 va, ante todo, de la soledad del individuo en el mundo urbano contemporáneo. Hay que reconocer que varios de los fragmentos escritos por Rodrigo García son poemas pertinentes y sagaces que acentúan la desidia, la abulia y la proximidad del abismo («Flotará entre cráneos sin / certezas, cada cual / sabio a su manera y digno de piedad y / respeto»). Se combinan con elementos del futurismo: «La implosión por dinamita es el / tic tac del corazón de Dios / Hay más belleza en la demolición […]/ que en sinuosas formas constructivas de hoy»; y nihilistas: «Lo artificial es veneno del bueno». Toda la obra se sustenta básicamente en un prólogo a cuatro voces, un epílogo similar y una semblanza bien extensa sobre los recuerdos de infancia de un tipo. El resto es puro aparataje de relleno. Sigue leyendo →

Ana Karenina

Una versión deshumanizada sobre el clásico ruso dirigida por Francesco Carril en el Teatro Kamikaze

No vale únicamente con atreverse a adaptar al teatro la popular novela de Tolstoi, es necesario una ambición que sea capaz de trasladar unas emociones que se fraguan lentamente en las cientos de páginas de la novela y que en las tablas deben ser sustituidas por la intensidad, la sutileza y el decoro. Es evidente que la extensión de la obra supone una gran dificultad; pero no se puede considerar que sea un relato excesivamente complejo, al fin y al cabo es realismo del siglo XIX. Pero lo que hallamos en la versión de Armin Petras es una reducción absurda, un deseo de recorrer toda la historia obviando múltiples detalles acerca de la personalidad de los personajes: Levin es un tipo atormentado que apenas saca a relucir sus intereses intelectuales; Karenin es un esbozo de un tipo del que no sabemos si es un anciano prematuro o un maquiavélico cornudo. Sigue leyendo →

Iván y los perros

Nacho Sánchez engrandece con su interpretación una historia demasiado infantilizada para el público adulto

«Fue una historia real, la historia de Iván Mishukov, que con solo cuatro años fue consciente de que tenía que escapar de su propia casa, de su madre alcohólica, de su padrastro que lo maltrataba, de los humanos…». Esto lo suscribe el director Víctor Sánchez Rodríguez, quien ha versionado, junto a Juanvi Martínez Luciano, este texto de Hattie Naylor. Podemos aceptar que fue real que se escapara de casa y que sobreviviera en la calle; pero su historia, evidentemente, es la invención de la dramaturga. Por otra parte, ¿qué nos importa? Aquí la cuestión es que lo que presenciamos en escena no es, ni por asomo, verosímil. Es un cuento infantil, lineal y pacato, que pretende evidenciar la bondad de los perros (callejeros, pero no salvajes) y la maldad de los humanos. Debemos contar con que un chaval tiende a olvidar sus experiencias más traumáticas; por lo tanto, es labor de la creadora rellenar lo que supuestamente debió pasar, puesto que no es aceptable dejarlo todo en manos de la memoria del muchacho como si de verdad comprendiera lo que debía o tenía que hacer. Sigue leyendo →