Lehman Trilogy

Una complaciente mirada sobre los famosos banqueros en un espectáculo musical dirigido por Sergio Peris-Mencheta

Foto de Sergio Parra

La crisis se ha terminado porque Grecia ha dejado atrás su rescate. La democracia resurge en su cuna y aquí no ha pasado nada. Esto parece que es lo que se nos quiere transmitir en la prensa de los últimos días. Por eso, el Lehman Trilogy de Peris-Mencheta me parece un show demasiado complaciente con la historia de unos banqueros que se inmiscuyeron en cada una de las grandes decisiones que tomó Estados Unidos durante el siglo XX. Y que, incluso, se pueden considerar los promotores de una forma de vida de la que todos somos deudores en la actualidad. En forma de musical, el cuentecillo se disfruta más y entra suave en nuestras conciencias, tan acostumbradas a esa esquizofrenia que nos sitúa en disposición de admirar a los tipos que nos van a esclavizar. Es el enajenamiento por la picaresca, por la astucia. Es envidia, al fin y al cabo, por el triunfo hacia los cielos del poder. Por eso, en gran medida, esta trilogía termina por reírse de nosotros; puesto que una obra de más de tres horas, que podría servirnos para comprobar las distorsiones no ya del propio sistema (si asumimos, entre otros aspectos, la acumulación originaria de capital y el subsiguiente amasamiento de pasta en manos de unos pocos); sino del uso torticero y criminal de sus principales adalides. A través de una constante narración que permite avanzar rápidamente de una etapa a otra y que está trufada de guiños humorísticos, descubrimos los comienzos de los hermanos Lehman llegados desde Alemania a mediados del siglo XIX a Montgomery (Alabama), para comerciar con telas en una pequeña tienda. En aquel entorno de algodoneros esclavistas (también, por lo visto, ellos comerciaron con esclavos) las oportunidades se suceden hasta que se ven en la tesitura de convertirse en el «nuevo» oficio del intermediario. Efectivamente, la sangre judía que hierve en sus venas los lanza a la usura para sobrevalorar el algodón crudo que compran y venden. La cuestión de la usura, como muchas otras cuestiones, pasa desapercibida en el texto de Massini. Parece que el dramaturgo está más interesado en relatar los avatares de la saga desde el punto de vista privilegiado de estos, que someterlos a algún tipo de contrarréplica o contextualización que evidencie que sus negocios se realizaban con las leyes de la selva. Así, seguramente, el supuesto ingenio y la avidez de estos inversores quedarían en entredicho, si tuviéramos en cuenta cómo se han configurados los Estados Unidos. De todo ello se ocupa la primera parte (la mejor de las tres), donde Leo Rivera y Pepe Llorente, después de unirse a su hermano Henry Lehman (interpretado por Litus Ruiz), heredarán el negocio cuando aquel muera tempranamente. Es un cabaret imparable con cancioncillas y con bailes, con música en directo, con hombres que se disfrazan ridículamente de mujeres, con el paseo tremebundo de decenas de personajes. Aquí estamos para pasarlo bien, en un entretenimiento eficaz. Y, sobre todo, tenemos a esas figuras paradigmáticas, a esos superhombres de negocios haciendo el pino en la cúspide del mundo o, como refleja paradójicamente el cartel de la función, sustituyendo a los obreros sentados en la viga metálica en la famosa foto de Charles C. Ebbets, mientras trabajaban en la construcción de un rascacielos jugándose la vida por el irrefrenable progreso. Me refiero principalmente a la figura de Philip Lehman, un verdadero líder ambicioso, subido en la cresta de la ola, perteneciente ya a la segunda generación, capaz de sortear la andanada del crac del 29. A Víctor Clavijo este personaje le viene que ni pintado y se adapta a él de manera formidable. Lo dota de esa altivez, seguridad y hasta engreimiento que hemos observado en papeles anteriores (por ejemplo, su Mefistófeles en Fausto), compuesto por un discurso inteligente y audaz, no falto de comicidad, como podemos observar en la escena donde elige esposa como si fuera una especie de director de un departamento de recursos humanos buscando la máxima eficiencia en su decisión. Otro tanto podemos afirmar de su hijo, Bobby Lehman, que es con el que Darío Paso auténticamente brilla. Un individuo más académico; pero igualmente atrevido y arriesgado a la hora de buscar nuevos nichos de mercado. Ambos imprimen una cadencia descomunal con sus narraciones y con esas tomas de partido tan inmorales. Si hay que invertir en la guerra, pues que así sea (apoyados por la inestimable ayuda del senador Lehman, que Aitor Beltrán acomete como una caricatura algo distanciadora). Ellos dos copan el protagonismo de la segunda y de la tercera parte. Creo que es inexcusable reconocer que esta última pretende abordar demasiadas décadas y desbarra con los acontecimientos que intenta escenificar; y, sobre todo, nos ofrece una lectura que descarga de culpa a los Lehman por la bancarrota que desencadenó la crisis mundial en 2008. Porque, al fin y al cabo, ya no lo dirigía ningún miembro de la familia y estaba comandado por puros trileros, unos traders farloperos que no dudaron a la hora de traficar con hipotecas basura que arruinaron a tantas familias e inversores. Toda la propuesta está trufada de detalles, muchos de ellos apenas perceptibles, que se engranan con vitalidad y con originales resoluciones; y, dada la duración y la dimensión temporal de la representación, no queda más felicitar a Sergio Peris-Mencheta por esta enorme labor. Escuchándolo (salió al final del estreno para resaltar el esfuerzo de todo su equipo), se percibe a un tipo seguro de sí mismo, dominador de la complejidad que tiene entre manos. Vuelve a demostrar su pericia en la dirección, como ya lo hizo en ese magno montaje de La cocina. Para ello ha contado con un equipo técnico de gran altura y de unos actores que, insisto, realizan auténticas virguerías gestuales, corporales y musicales (los seis cantan y bailan con más o menos soltura, además de tocar varios instrumentos). La escenografía es obra de Curt Allen Wilmer, todo un andamiaje bastante robusto y, a la vez, versátil con una cinta rodante por donde se hacen pasear algunos de los personajes. Viene acompañado con un diseño de luces Juan Gómez-Cornejo con tono ideal entre macilento y urbano para arrastrarnos desde el desértico sur al trasnochador Nueva York. Mención aparte se merece Litus, pues es el responsable de la banda sonora que se imbrica a lo largo de toda la función y que confiere los ambientes propicios a todo el show. Sonidos de piano, de banjo, de swing y de folclore americano y hebreo. El público se divierte y lo vive con emoción; pues no deja de ser un espectáculo emocionante y muy bien trabado, salpicado de pequeñas escenas (algunas podrían sobrar perfectamente para acortar el montaje) que no te dejan respiro. No obstante, es muy necesario ser crítico con el contenido, con la mirada tanto de Stefano Massini como de Peris-Mencheta, pues seguimos en las mismas. Nada ha cambiado a pesar del sufrimiento acaecido en los últimos tiempos y parece que aquí se refleja la historia de unos pioneros y de unos honorables negociadores a los que se debe admirar por ser unos visionarios. Cuando todos sabemos que estas grandes conglomeraciones financieras ―desde hace más de un siglo, o mucho más―, han dominado el devenir de eso que llamamos democracia. Espero que haya espectadores que después del divertimento rasquen un poco.

Lehman Trilogy

Autor: Stefano Massini

Versión y dirección: Sergio Peris-Mencheta

Reparto: Aitor Beltrán, Darío Paso, Litus Ruiz, Pepe Lorente, Leo Rivera y Víctor Clavijo

Escenografía: Curt Allen Wilmer (AAPEE) con estudio Dedos

Iluminación: Juan Gómez-Cornejo (A.A.I)

Vestuario: Elda Noriega (AAPEE)

Vídeo y sonido: Joe Alonso

Dirección musical: Litus Ruiz

Composición musical: Litus Ruiz, Xenia Reguant, Ferrán Gonz​​ález y Marta Solaz

Ayudante de dirección: Xenia Reguant

Asesor canto y baile: Óscar Martínez / Xenia Reguant

Ayudante de escenografía: Eva Ramón

Ayudante de vestuario: Berta Navas

Dirección producción y producción ejecutiva: Nuria-Cruz Moreno

Ayudante de producción: Blanca Serrano Meana

Auxiliar de producción: Irene García

Director técnico: Braulio Blanca

Fotografía: Sergio Parra

Diseño gráfico: Eva Ramón

Prensa: María Díaz

Distribución: Fran Ávila

Una producción de Nuria-Cruz Moreno y Sergio Peris-Mencheta para Barco Pirata

Teatros de Canal (Madrid)

Hasta el 23 de septiembre de 2018

Calificación: ♦♦♦

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.