Hamlet

Una versión del clásico de Shakespeare que profundiza en la dimensión metateatral de la interpretación

Foto de Dmitrij Matvejev

La posición de la que parte Oskaras Koršunovas es la del propio actor, que bajo ese imposible de considerar su mente como una tabula rasa que debe ocuparse de experiencia, del encuentro y del descubrimiento de su cuerpo en el personaje. «¿Quién eres?», se gritan sin parar los ocho intérpretes frente a un espejo, como si estuvieran calentando la voz antes de entrar a escena; pero también reconociéndose, como el salvaje que se encuentra por primera vez con su propio rostro. El director lituano, que ya estuvo por Madrid en el 2015 con su versión de La gaviota (la recordamos con satisfacción, sobre todo por las dificultades técnicas) realiza un planteamiento fronterizo de Hamlet, cercano, por momentos, al working progress —el vestuario que ha preparado Agne Kuzmickaite combina la ropa de calle (negra) con vestidos acordes al devenir del asunto, como el traje blanco de Ofelia— al empaste metaliterario del príncipe que duda, interpretado por un actor que constantemente debe volver sobre sí para autoafianzar su avance, su plan actoral, sometido por el impulso del personaje que lo ha poseído. Sigue leyendo

4

La nueva propuesta de Rodrigo García es una performance desencantada construida con sus habituales procedimientos espectaculares

Foto de Marc Ginot

«Llega la noche como una mierda», comienza. Una mierdra. Pero Jarry queda muy lejos de este mejunje, colección de tópicos y copias del propio artista, tan seco de ideas como la sociedad que pretende criticar con su verborrea seudoirreverente. 4 va, ante todo, de la soledad del individuo en el mundo urbano contemporáneo. Hay que reconocer que varios de los fragmentos escritos por Rodrigo García son poemas pertinentes y sagaces que acentúan la desidia, la abulia y la proximidad del abismo («Flotará entre cráneos sin / certezas, cada cual / sabio a su manera y digno de piedad y / respeto»). Se combinan con elementos del futurismo: «La implosión por dinamita es el / tic tac del corazón de Dios / Hay más belleza en la demolición […]/ que en sinuosas formas constructivas de hoy»; y nihilistas: «Lo artificial es veneno del bueno». Toda la obra se sustenta básicamente en un prólogo a cuatro voces, un epílogo similar y una semblanza bien extensa sobre los recuerdos de infancia de un tipo. El resto es puro aparataje de relleno. Sigue leyendo

La vida es sueño [vv. 105-106]

Carles Alfaro plantea en los Teatros del Canal una perspectiva esencialista de la obra calderoniana

Siempre es interesante volver sobre la obra maestra de Calderón; el drama que mayor complejidad filosófica entraña del siglo XVII español (y diría que europeo). Se nos presenta una versión donde se hace referencia explícita a esos dos famosos versos del dramaturgo madrileño: «qué delito cometí / contra vos naciendo»; un hipérbaton que es toda una declaración de intenciones moral. Aunque en la propuesta de Carles Alfaro ante todo encontramos una estética muy definida que remite directamente con Éramos tres hermanas que dirigió en el 2014. Trabaja el director con un minimalismo que agolpa la sofisticación del texto y lo expande a través de fantasmagorías, elucubraciones oníricas y, en este caso que nos compete, un futurismo que podemos sondear visualmente en celdas transparentes en películas como Skyfall o en aquellas donde Hannibal Lecter es apartado de la carne, e, igualmente, en algún capítulo de Black Mirror. Es decir, ese cubo acristalado debe ser tomado como una verdadera provocación directa al espectador. Sigue leyendo

El pintor de batallas

Adaptación de la novela de Pérez-Reverte sobre las experiencias de un fotógrafo de guerra

La fotografía no para de cobrar importancia en nuestra sociedad. Se la ha encumbrado —sin mucha teoría fuerte detrás— como objeto artístico en sí (no paramos de conocer exposiciones de fotos de aquí y de allá). Pero más relevancia ha tomado —puesto que vivimos rodeados de instantáneas— nuestra incapacidad para situarnos detrás del objetivo, para comprender el contexto en el que se ha tomado y para descodificar todo aquello que implica su composición, ya sea intencionada o azarosa. Los malos entendidos y las visiones torticeras están a la orden del día. Nunca está de más recordar que una fotografía es un signo y, concretamente, un icono. Lo reflejado no es en sí la realidad. La fotografía es un arte de doble manipulación: la de nuestro propio ojo y la del aparato. En El pintor de batallas conocemos a un fotógrafo de guerra llamado Andrés Faulques, un tipo que se ha retirado a vivir a un faro. Allí se dedica a pintar un mural enorme, con claras alusiones a su pasado en todos esos conflictos bélicos en los que ha trabajado. Sigue leyendo

Le frigo

Enrique Viana se transforma en una decena de personajes para materializar esta sátira de Copi

Foto de Jaime Villanueva

No parece que esta obra de Copi sea ya tan alocada y transgresora como nos la presentan. Tampoco alcanza a ser una sátira suficientemente vitriólica, sino más bien un espectáculo propio del pequeño cabaret, destinado a crear un mundo propio, aunque un tanto trasnochado para nuestros días. Le frigo cuenta la historia de un individuo que aparece travestido de glamurosa modelo envejecida, el día que su madre le ha regalado una nevera. El rojo electrodoméstico vendrá a ocupar un espacio vacío, a representar un elemento de choque, un artilugio patafísico para congelar el tiempo de aquella dama melancólica que está escribiendo sus memorias, resistiéndose a perecer en el olvido como una Gloria Swanson en Sunset Boulevard. A partir de ahí se crea una atmósfera de tipos que entran y salen, de situaciones grotescas y brutales, embestidas por una ironía esnob de autofustigamiento (las violaciones que sufre parecen ser el alto precio por mantenerse viva). Sigue leyendo

Panorama desde el puente

Un acartonado texto de Arthur Miller que protagoniza formidablemente Eduard Fernández

panorama-desde-el-puente-fotoNo podemos afirmar que Panorama desde el puente se acerque en ambición a Muerte de un viajante; es más, resulta un texto con una estructura tan definida que a poco que uno esté atento puede adelantar el desenlace mucho antes de que llegue. Además, el melodrama se asfixia en la concreción de un único personaje redondo circundado por satélites que orbitan para darle mayor credibilidad. Este motivo simplifica una obra que, por si fuera poco, viene acompañada del cargante narrador con el que Miller nos apostilla el camino trillado. Demasiados elementos en contra para montar una buena función. Pero Georges Lavaudant ha sabido orientar la sangre hirviente de Eddie Carbone hacia el difuso onirismo de unos muelles que marcan los ritmos de la familia. Ninguno de los subtemas que se trazan en las dos horas de espectáculo acaba de ofrecer verdadera sintonía con el asunto principal. Sigue leyendo

Orlando

Guy Cassiers y Katelijne Damen presentan una narración esteticista sobre la novela de Virginia Woolf

Foto de Frieke Janssens
Foto de Frieke Janssens

Resulta ineludible tener en cuenta la versión cinematográfica de Orlando, la obra de Virginia Woolf que pretendía superar ese imponderable literario del tiempo. Sally Potter se atrevió con la adaptación fílmica y no salió mal parada, sobre todo porque contó con la actriz idónea, Tilda Swinton, caracterizada por sus juegos estéticos de androginia. Uno solo puede sentirse intrigado por la forma en la que procederá un dramaturgo a la hora de llevar un texto complejo en el que se emplean varias de las técnicas que popularizaron la novela modernista inglesa. Creo que no hay forma peor de llevar una novela a las tablas que renunciando al lenguaje propio del arte dramático, en este caso a través de la narración. Guy Cassiers como director y Katelijne Damen como adaptadora e intérprete, no solo reducen cuantitativamente la novela de Virginia Woolf, sino que también reducen la expresión al puro cuentacuentos. ¿Qué ganamos los espectadores escuchando a una actriz contándonos una historia que ya existe con todo su aparataje literario? Sigue leyendo

Un obús en el corazón

Profundo recuerdo de un hombre sobre su madre enferma tras la guerra del Líbano

Foto de Ramón Jiménez
Foto de Ramón Jiménez

Mucho Wajdi Mouawad últimamente con su visita para presentarnos Inflammation du verbe vivre y Les larmes d’Oedipe con las que cerraba su ciclo sofocleo; aunque antes disfrutamos con los Incendios dirigidos por Mario Gas. Suficientes pistas como para acercarnos con solvencia a Un obús en el corazón. Entronca esta obra ampliamente con el gran espectáculo que dirigió e interpretó el libanés en 2013, Seuls; donde además de su propia introspección biográfica, aparece el elemento pictórico, como un arte que también lo cautiva. Aquí, en el cuerpo, la voz y la expresión de Hovik Keuchkerian, interpretando el papel de Wahab, nos encontramos con esa búsqueda de la identidad, del recuerdo endeble, de los cabos que se deben atar, influidos, otra vez, por Sófocles y la crisis del espíritu, por un doloroso encuentro con la verdad. Aunque dos líneas confluyen en este individuo malhadado: la guerra y la muerte de su madre, es esta última la que se lleva el mayor desgarro de un tipo que juega a contarnos una historia; cuando en realidad lo que persigue es poner en disposición su memoria quebrada. Una infancia callejera perturbada por las bombas, por un atentado a un autobús atestado de refugiados; también contribuye a los olvidos selectivos. Sigue leyendo

SPAM

Una ópera hablada sobre el azar y el absurdo de nuestro mundo contemporáneo comandada por el argentino Rafael Spregelburd

Foto de Hernán Corera
Foto de Hernán Corera

Por fin podemos afirmar tajantemente que un espectáculo teatral habla de temas y, sobre todo, emplea ciertas formas, que son contemporáneos. Rafael Spregelburd ha creado una ópera hablada, un cabaret posmoderno, un spoken word, una performance informática, en la que reúne motivos y maneras que están a punto de pasar, que van a perder actualidad a poco que transcurran unos meses más. Nunca lo actual ha sido tan efímero. El teatro se convierte en un acontecimiento del aquí y el ahora, plenamente global y, por las paradojas de nuestro tiempo, destinado al olvido por aplastamiento. Spregelburd, al que ya conocemos por su extraordinaria creación La estupidez, se sube a escena acompañado de Zypce, un músico vanguardista en la línea sucesoria de John Cage. Inicialmente, un ventilador «baraja» los días del mes de enero de 2012, y luego el azar nos los devuelve en un orden inesperado. A partir de ahí, treinta y una piezas, que con cierta autonomía, configuran las teselas de un mosaico de una historia completa y, de alguna manera cerrada. Sigue leyendo