La Toffana

La historia de la alquimista Giulia Toffana salta a escena a partir del texto escrito por la dramaturga y novelista Vanessa Montfort

La Toffana - Foto de Javier Naval
Foto de Javier Naval

Desde luego, a priori, la historia que presenta Vanessa Montfort —quien llevó a escena su obra El síndrome del copiloto hace unos meses—, resulta muy interesante, máxime cuando no parece que haya demasiada información acerca de esta mujer llamada Giulia Toffana, que propició la muerte de varios centenares de maridos. Ya que puso en circulación su Aqua, todo un veneno metido en un frasco con San Nicola di Bari dando su bendición. La susodicha procedía de Sicilia, de Palermo, y había observado de joven cómo se manejaba su madre, Theofania d’Adamo, una célebre alquimista del lugar y que había asesinado a su esposo, después de que este abusara de ella. Sigue leyendo

Imagine

El polaco Krystian Lupa recorre el desencanto de la contracultura y emprende un camino de exégesis de nuestro mundo actual

Imagine - Foto de Pablo Lorente
Foto de Pablo Lorente

Tiene, ante nuestros ojos, algo de patético, de pijo, de caterva de burgueses torturados por el pecado del consumo que, aunque sea como farsa y cartón-piedra, encuentra hoy en la tribu woke, todo un referente. ¿Les sigue diciendo algo el «Aullido», de Ginsberg que recitan como una oración, como un Te Deum? Ni siquiera les motiva ya recitar aquello de «¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! / ¡El mundo es santo! ¡El alma es santa! ¡La piel es santa! ¡La nariz es santa! ¡La lengua y la verga y la mano y el agujero del culo son santos!». Aunque Michał Lacheta aparezca en esa santa cena como un John Lennon redivivo, el fin de la historia para ellos ya se ha concebido. Sigue leyendo

El encanto de una hora

Carlos Tuñón se empeña en exprimir una obra inane de Jacinto Benavente perteneciente a su Teatro fantástico

El encanto de una hora - FotoSi quitamos de nuestra cabeza el nombre de Jacinto Benavente y su Nobel, y la ínfima aura que aún le quede en nuestra sociedad, díganme qué sacan de un espectáculo como este. No pasa de mero ejercicio dadaísta. No es que sea nihilista o se escuche hablar del aburrimiento, es que es una nada y un aburrimiento. Me parece una pieza estúpida que se alarga en media hora de vacío, que no valdría ni como gag de humor absurdo firmado por Tricicle.

Aducir, como ha llegado a hacer, Carlos Tuñón que aquí está lo que después firmaron Lorca o Beckett, es una falacia esperpéntica. Del teatro modernista y de una conjunción de factores surgieron las vanguardias y sus continuaciones de postguerra; pero El encanto de una hora no deja de ser un simple esbozo estilístico que, fuera del papel, no tiene recorrido posible. Quizás, si observáramos el conjunto de las piezas que configuran el Teatro fantástico de Benavente, podríamos atar cabos, coger de aquí y de allí, entender una tradición, la del Arlequín, los efluvios románticos y simbolistas o el mundo infantil al que, por fin, se le quería dar cabida —véase el proyecto de Benavente del Teatro de los Niños, en el que se incluiría La cabeza del dragón, de Valle-Inclán, que ahora se representa en el María Guerrero—. Sigue leyendo

La cabeza del dragón

Lucía Miranda sobredimensiona la pequeña farsa infantil de Valle-Inclán para darle un vuelo espectacular

La cabeza del dragón - Foto de Bárbara Sánchez Palomero
Foto de Bárbara Sánchez Palomero

Difícil es pensar que se pueda exprimir escénicamente tanto un texto infantil como La cabeza del dragón; pero Lucía Miranda ha creado un espectáculo maravillante y lo ha dirigido con el respeto justo al autor para ganarse su dosis de libertad. El Teatro María Guerrero se ha llenado de múltiples personajes que aparecen por doquier, ocupando cualquier recodo posible, mucho más allá de la caja escénica, y convirtiendo los palcos en reductos mágicos y grotescos, donde permea el mundo adulto, ese que se esconde en la astucia del autor. No obstante, esa remisión a los que han superado la mayoría de edad y que serán los que ocuparán las butacas en cada función, no son suficientes como para crear un interés superior por un argumento cargado de tópicos, por muy ingeniosos que sean. Es una obra, esta de Valle, que llega hasta donde llega. Sigue leyendo

400 días sin luz

Vanessa Espín ha escrito un drama que refleja, a través de distintas vivencias, cómo transcurre la existencia sin luz durante dos años en el asentamiento de la Cañada Real Galiana

400 días sin luz - Foto de Luz Soria
Foto de Luz Soria

Antes de meterme en harina, me pregunto: ¿saldrá el espectador con una idea más o menos clara de cómo se vive en la Cañada Real? Respondo que en el Teatro Valle-Inclán no se vivencia la atmósfera degradada de aquel lugar único en Europa. El texto de Vanessa Espín es una fantasía, una fábula, hecha de realismo mágico, que sortea en exceso no solo las distintas problemáticas que cualquiera se puede encontrar en un barrio con los servicios básicos limitados; sino que se obvian otros conflictos de más calado, como la droga, o la masificación de algunas zonas. En 400 días sin luz no hay absentismo ni fracaso escolares. Sí, por el contrario, tenemos a unas honrosas mujeres luchando por sus derechos, a una muchacha que saca sobresalientes y quiere ser médica, a una joven rumana que cuida de su abuelo postizo y otros seres que sacan lo mejor del ser humano. No seré yo quien dude de estos personajes; porque, de hecho, algunos son enteramente reales, pero no vaya a ser que los espectadores se marchen a casa pensando que la disyuntiva es únicamente eléctrica. Sigue leyendo

Hasta que la muerte nos separe

Emilio del Valle añade un episodio más al género de la ruptura de pareja para observarla con aire sociológico

Hasta que la muerte nos separe - Foto de Virginia Rota
Foto de Virginia Rota

La pareja. La pareja vuelve a romperse en escena. Al otro lado de la ciudad se la cargan en la Finlandia de Pascal Rambert y, en la Cuarta Pared, Emilio del Valle diserta, reflexiona, categoriza. Quizás demasiado teórica al principio entre los avatares tan exprimidos del metateatro; porque los intérpretes hacen de actor y de actriz, y su vida es una representación, como la de todos, pero la suya lo es por partida doble. Y es que Cristina Gallego y Jorge Muñoz introducen el tan sabido tema con el dinamismo y la alegría del amor primero, el enamoramiento, y omiten la bomba de relojería que, principalmente, es la niña. La niña no está; no obstante, la criatura ha propiciado cambios determinantes que contemplamos paulatinamente. Las palabras bonitas y el sexo en el sofá viendo un capítulo de Betty, la fea, ahora se han tornado desprecio y frigidez.

Pienso, claro, que esto tiene bastante de costumbrismo adaptado a nuestra época y que muchos espectadores se sentirán altamente reflejados. Estén en la etapa que estén o hayan tenido la experiencia que hayan tenido. Y que será inevitable que uno, aunque sea por propia autodefensa, tenderá a justificarlo a él o a ella según le convenga.

Buena idea, desde luego, es insertar en escena a Nacho Vera (Capitán Bazofia) porque suaviza el asunto con sus canciones naífs, de claro tono irónico. Puesto que, insisto, en el preámbulo, y más allá, se teoriza casi de manera sociológica sobre la pareja contemporánea, sobre el amor, sobre los constructos y otras disquisiciones que reducen la materia propiamente dicha de la desintegración. Eso sería lo menos atractivo, por cargante y demasiado determinador para el público; y, por el contrario, lo mejor sería el transcurrir del tiempo. La vida les pasa; pero nosotros únicamente vemos los mismos cuerpos cómo se van situando en el futuro, cómo adoptan actitudes y gestos de desidia, de tristeza, de pasotismo y hasta de aversión. Todo lo que antes se toleraba amorosamente ahora produce asco y recriminación. Ese otro adulto es quien coarta más mi libertad que cualquier otro ser del universo.

Otro de los fundamentos interesantes de lo que plantea Emilio del Valle es la concreción de dos mundos que se van configurando delante de nosotros y que cada vez se distancian más. Cristina ha perdido el deseo, prefiere quedarse en casa, ya no quiere salir por ahí, no quiere viajar, no quiere quedar con las amigas; su papel de madre es suficiente o, al menos, debe serlo ya que no halla otro motivo vital que trascienda esa faceta. Está agotada, después de hacerse cargo de las tareas del hogar, y sus manías se acrecientan. La actriz muestra su cansancio con insistencia y cuando se harta manifiesta su ira contra su marido. Su interpretación es totalmente creíble y conmovedora. De hecho, a ambos les damos su parte de razón; pero uno tiende a pensar que ella ha caído en el decaimiento y hasta en la depresión. Por eso, Jorge Muñoz, quien está un poco más dubitativo —aunque ejemplifica estupendamente esa característica tan estereotípica de la simplonería de algunos hombres—; parece ajustarse a soluciones expeditivas que no responden a las complejidades que se enredan en el cerebro femenino: quedar con los colegas, follar o ir al teatro. Y buscar fuera la satisfacción del deseo que no encuentra ya dentro.

Quizás algunos aspectos resultan un tanto inconcretos. Me refiero a la economía, a lo material. La observación es sicológica; pero no llegamos a ver con más claridad en qué consisten sus trabajos. Si ella ha abandonado su profesión. Si él sigue con sus proyectos dramatúrgicos y si estos permiten llegar con comodidad a fin de mes o si, además, implican algún tipo de motivación. Es decir, el factor del arte. ¿Él se siente realizado y ella ha perdido la ilusión? Reducir estas cuestiones, sobre todo la última, creo que lleva la obra hacia una cotidianidad algo manida de las parejas con hijos en la actualidad. Me refiero, si nos fijamos, en la película Historia de un matrimonio, de Noah Baumbach, a lo que implica la lucha de egos, las renuncias profesionales y los celos que marcan una diferencia respecto de lo que les ocurre a familias más corrientes. Después, algunas citas de Linn Ullmann (escritora y actriz) sobreimpresionadas al fondo en alguno de los actos nos llevan también a la biografía controvertida de su padre, Ingmar Bergman. No hay más que visionar su Secretos de un matrimonio, que ha estado representando Ricardo Darín en su versión teatral.

En cualquier caso, el vaivén que se produce en escena, el avance que se genera a través de los diálogos, la permanente recursividad, el situarse por encima de ellos mismos para reflexionarse resultan cautivadores y pertinentes. De esta manera, Hasta que la muerte nos separe se inserta con solidez en esa ristra de obras artísticas que meten el bisturí en la contraparte angustiosa del amor.

Hasta que la muerte nos separe

Autoría y dirección: Emilio del Valle

Asistente de dirección: Estefanía Ramírez

Interpretación: Cristina Gallego y Jorge Muñoz

Músico en escena: Nacho Vera (Capitán Bazofia)

Diseño de iluminación: José Manuel Guerra

Diseño de escenografía y atrezzo: Florencia Nin

Diseño de vestuario: Ana Rodrigo

Creación audiovisual y diseño gráfico: Jorge Muñoz

Música original: Nacho Vera (Capitán Bazofia)

Fotografía: María Alperi

Producción ejecutiva: A Fuego Lento – Gestión y Creación

Surge Madrid 2022

Sala Cuarta Pared (Madrid)

Hasta el 29 de octubre de 2022

Calificación: ♦♦♦

Puedes apoyar el proyecto de Kritilo.com en:

donar-con-paypal
Patreon - Logo

El misántropo

Carol López y Xus de la Cruz transforman completamente la obra de Menandro para darle una perspectiva feminista

El misántropo - Foto de Jero Morales
Foto de Jero Morales

Podemos volver a la tan traída cuestión de las versiones; puesto que han dejado a la única obra que conservamos completa de Menandro en la raspa. La adaptación de Carol López y Xus de la Cruz es una obra nueva que parte de la inspiración del texto escrito por el dramaturgo griego. La han traído tanto a nuestra época que viene cargada con un discurso feminista que ya resulta repetitivo. Todo ello a través de una crítica a los urbanitas que buscan en el turismo rural una especie de recogimiento arcádico. Además, por supuesto, de incluir el toque gay imprescindible. Dicho esto así, puede parecer una comedia ajustada a lo políticamente correcto, a lo esperado por un público escorado a la izquierda biempensante. Y lo es, qué duda cabe; pero hay que reconocerle mucha inteligencia a la ironía que se introduce en los versos, a los juegos de palabras al más puro estilo Astérix y Obélix («neorruralis», dicen, por ejemplo) y a la capacidad que tienen las responsables de este espectáculo para darle consistencia a un argumento bastante simplón, forzando las interrelaciones de los personajes. Que sí, que es populachera; pero no se debe descartar tan a la ligera como otros montajes festivaleros. Sigue leyendo

IF (La ligereza)

Pedro Casas se pone de nuevo al frente de la Compañía del Sr. Smith, para elucubrar sobre cómo hubiera sido nuestra vida si hubiéramos tomado otras decisiones

If - FotoVolvemos sobre la idea, algo ya trabajada, del «que hubiera pasado si…». Es decir, el contrafáctico con el que a veces elucubramos sobre cómo hubiera sido nuestra vida si hubiéramos tomado una decisión u otra en un momento clave. La cuestión es que, quizás, hay instantes concretos en que decidimos de una manera bastante inconsciente y que, luego, una vez desencadenadas las acciones subsiguientes, se anulan otros posibles vericuetos. Todo esto se puede complejizar al súmmum o hacerlo más asequible, más fabulístico y hasta naíf, como se han empeñado en llevarlo a escena los de la Compañía del Sr. Smith. Su estilo, ya lo hemos podido comprobar en otras ocasiones en la misma Sala Cuarta Pared con La noche del Sr. Smith o La piel del lagarto. En cualquier caso, antes de nada, me vienen a la cabeza las películas La vida en un hilo (1945), de Edgar Neville, y Dos vidas en un instante (1998), protagonizada por Gwyneth Paltrow. Aunque en teatro también hemos tenidos incursiones similares como Constelaciones, de Nick Payne o, en otro orden, Los universos paralelos, que dirigió David Serrano.

Aquí el juego está servido y al público se le anima a participar votando qué historia de las seis disponibles quiere ir viendo y cuál no. Por lo tanto, no va de que nosotros repercutamos como demiurgos en el destino azaroso de esos protagonistas. Así que no deja de ser como esa falsa sensación de intervención que se ofrece en espectáculos de improvisación o en los escape rooms. Poco juego más allá de levantar un tarjeta amarilla o azul. En cualquier caso, sí que sería conveniente, una vez se han presentado de golpe las síntesis biográficas de los seis personajes, que fueran repetidas una vez llega el comienzo de cada acto y hay que elegir de nuevo. Recordar quién era quién es lioso. Así que únicamente puedo referirme a los tres cuentecillos que pude disfrutar. Un prólogo y un epílogo a cargo de Luna Mayo, quien le pone mucho vigor frente al micrófono, y que enmarcan la función para disertar acerca de nuestra propia existencia, tan rara y tan difícil de imaginar, cuando ya uno ni siquiera ha podido no ya elegir dónde nacer, si no nacer.

Sí que se percibe ese aire humorístico trazado por el detalle curioso que tanto practican Alfredo Sanzol (señalemos, por ejemplo, El bar que se tragó a todos los españoles) o Wes Anderson (véase la maravillosa La crónica francesa). Y la primera en llevarnos de aquí para allá es Tania, a la que llaman Montse, y que está enamorada de Huevo. Ella es una adolescente y nos da cuenta de su primer amor, el repetidor macarrilla que tiene moto. Un tópico. ¿Cómo volver a sentir lo mismo? Pues esa pregunta daría para una obra completa; pero esto se debe resolver en casi treinta minutos. Hombres, novios, relaciones para comprender qué supone madurar y qué supone el amor romántico con toda esa transposición imaginaria. Tania Medina se desenvuelve con mucha soltura y se engarza con gracia en ese papel tan pavorosamente juvenil.

Luego nos llegó Marta Pons para relatarnos, a través de un magazine televisivo de confesiones, cómo se convirtió en la encarnación del dalái lama. Realmente sirva, nuevamente, para que la actriz trabaje la autoficción y haga los chistes consabidos sobre la precariedad de su profesión. Ciertamente, logra aumentar la comicidad del espectáculo y nos deja fragmentos de lo más rocambolesco y crítico.

Finalmente, Andrés Acevedo gana la partida y nos lleva a Miami pasando por el Bollywood de la India —coreografía del elenco incluida, y que sirve como fin de fiesta—. De cómo alguien que estaba obligado en casa a ser arquitecto se convierte en un cantante comercial y premiado.

Tanto Luna Mayo, como Iván Serrano y Jorge Vidal ofrecen todo su dominio actoral para encajarse en la multiplicación de los roles con gran precisión. Verdaderamente el grupo funciona muy bien y parece tener claro su dificultoso empeño en una obra con tantos cambios de posición.

Y así, tres obritas que se representan y otras tres que se quedan para mejor ocasión, habilitando nuevas combinaciones y hasta la creación de otras piezas que se puedan incluir de modo que la propuesta no pierda potencia. Cada una de ellas vale como guiño, como ejemplo, con su moraleja; aunque, evidentemente, se quedan sin un recorrido más elocuente, con personajes más redondeados y que nos dejen un mayor poso. La velocidad, que es una de sus propias quejas, paradójicamente, es la que lleva a que su proyecto sea un poco caótico y no permee suficiente a nuestra memoria. No obstante, todo el trabajo de teatro físico, a través de esos recursos tan creativos en el aprovechamiento de sus cuerpos, y de elementos muy básicos para contextualizar de manera prodigiosa la acción, demuestran que Pedro Casas tiene, entre otros valores dramatúrgicos, una veta de publicista vivaz e inteligente que se nota en cada uno de los movimientos de este encadenamiento sin fin.

If (La ligereza) nos trae a la cabeza el célebre poema de Kipling; pero también La sociedad líquida, de Bauman. Los espectadores nacidos en los ochenta (y un poco antes) comulgarán agraciados con el show. Con todos los atractivos que posee, el éxito está garantizado.

IF (La ligereza)

Autoría: Pedro Casas y Cía.

Dirección y dramaturgia: Pedro Casas

Asistente a la dirección artística: Gala Martínez-Romero

Interpretación: Andrés Acevedo, Tania Medina, Marta Pons, Iván Serrano, Luna Mayo y Jorge Vidal

Diseño de iluminación: Pablo Garnacho

Diseño de escenografía y atrezzo: Álvaro Espinosa

Asistente de movimiento: Jordi Vilaseca

Diseño gráfico: Álvaro Espinosa

Compañía del Sr. Smith

Surge Madrid en Otoño 2022

Sala Cuarta Pared (Madrid)

Hasta el 15 de octubre de 2022

Calificación: ♦♦♦

Puedes apoyar el proyecto de Kritilo.com en:

donar-con-paypal
Patreon - Logo

Yerma

Karina Garantivá encarna al personaje lorquiano en una propuesta muy actual, dirigida por Ernesto Caballero

Yerma - FotoMerece la pena, primeramente, echar un vistazo a dos Yermas que se pudieron ver, entre otras tantas, en los teatros madrileños en los últimos tiempos. Una fue la de Marc Chornet, quien intervino el texto para dar cabida a la posibilidad de que la protagonista se fuera a vivir a otra población con Víctor. Otra fue la protagonizada por María León, dirigida por Lola Blasco, que acusaba un esteticismo ciertamente distanciador. Sigue leyendo