El misántropo

Carol López y Xus de la Cruz transforman completamente la obra de Menandro para darle una perspectiva feminista

El misántropo - Foto de Jero Morales
Foto de Jero Morales

Podemos volver a la tan traída cuestión de las versiones; puesto que han dejado a la única obra que conservamos completa de Menandro en la raspa. La adaptación de Carol López y Xus de la Cruz es una obra nueva que parte de la inspiración del texto escrito por el dramaturgo griego. La han traído tanto a nuestra época que viene cargada con un discurso feminista que ya resulta repetitivo. Todo ello a través de una crítica a los urbanitas que buscan en el turismo rural una especie de recogimiento arcádico. Además, por supuesto, de incluir el toque gay imprescindible. Dicho esto así, puede parecer una comedia ajustada a lo políticamente correcto, a lo esperado por un público escorado a la izquierda biempensante. Y lo es, qué duda cabe; pero hay que reconocerle mucha inteligencia a la ironía que se introduce en los versos, a los juegos de palabras al más puro estilo Astérix y Obélix («neorruralis», dicen, por ejemplo) y a la capacidad que tienen las responsables de este espectáculo para darle consistencia a un argumento bastante simplón, forzando las interrelaciones de los personajes. Que sí, que es populachera; pero no se debe descartar tan a la ligera como otros montajes festivaleros.

Y para que el entretenimiento no decaiga es necesario contar con un elenco de lo más solvente, como aquí ocurre. Empezando por Ángel Ruiz, quien primeramente se encarna en el dios Pan, todo un maestro de ceremonias en el prólogo discotequero y horterizante que echa para atrás. El actor domina la situación como nadie y, después, cuando se meta en la piel de Sicón, un amanerado instructor de yoga en el centro de retiro espiritual, su vis cómica será imparable. Por contraste absoluto, Fernando Albizu, que hace de Cnemón, el mismísimo Misántropo, marcará tres facetas muy a tener en cuenta y que, creo quedan ensombrecidas por la imposición femenina-feminista con la que se quiere reconvertir la obra. El intérprete hace toda una transformación de su carácter y satiriza el comportamiento de esos neófitos campestres de una manera que nos recuerda a la actitud del protagonista de Los asquerosos, la novela de Santiago Lorenzo, que David Serrano llevó a escena. En segundo lugar, está su propia misantropía, toda una forma de ser que, como después nos recordará Molière, no deja de ser más que odio a sí mismo. Lo suyo hubiera sido que nuestra atención se concentrara en el despertar de este hombre, cuando descubre que, como todos, tarde o temprano, necesitará ayuda. Así pasa, después de que se haya caído al estanque y se haya roto los dos brazos. Su espíritu reblandecido, su empatía rediviva permite el desenlace feliz que todos los espectadores esperan. Mirrina, que África Gonzalbes acoge con alegría y optimismo, será quien acceda a cuidarlo.

Por otra parte, el rudo Carlos Troya, Gorgias, contribuirá de buen modo a la unión entre Sicón, el hijo de Mirrina, un inútil de ciudad, que Alejandro Pau desarrolla con aires payasescos, y la Muchacha. Esta última, como ya se ha comentado, rompe la obra, porque considera que no tiene papel suficiente y, sobre todo, porque el autor la ha ninguneado al dejarla sin nombre. Su empeño se convierte en toda una vindicación de la mujer en el teatro —y reclamaciones de sororidad por doquier y otros tópicos de nuestra contemporaneidad—, principalmente a esas que, dentro de los textos, apenas han tenido consideración. Para que finalmente logre ser Glícera (la que es dulce), o sea, como la hetera con la que vivió Menandro, María Ordóñez debe imponer su brío descomunal y hacer suyo el show hasta el punto de que deja el original desmochado. Es el tiempo que nos ha tocado vivir. Aquí su alocución es hiperbólica y por eso también contribuye a la comicidad y a la autoparodia, porque igual nos parece una alocada de Femen como una Ministra sin cintura para tomarse la vida con más humor. La actriz, desde luego, se gana el pódium.

Al final, es innegable la diversión; puesto que los versos están bien traídos y las indirectas son imparables. Y la factura del montaje es sugerente, con la escenografía de Alessio Meloni, todo ese campo espigado, con esos guiños tan propios del cómic y el cine mudo como remarcar con rótulos «El estanque» o los nombres de los personajes en las sillas plegables. No obstante, el afán comercial de la propuesta, con esa proximidad tan remarcada a nuestras costumbres, deja el contenido en algo bastante leve.

El misántropo

Texto original: Menandro

Adaptación: Carol López y Xus de la Cruz

Dirección: Carol López

Reparto: Fernando Albizu, África Gozalbes, María Ordóñez, Alejandro Pau, Ángel Ruiz y Carlos Troya

Iluminación: Felipe Ramos

Escenografía: Alessio Meloni

Vestuario: Pier Paolo Álvaro

Ayudante de dirección: Xus de la Cruz

Composición musical: Dani Peña

Ayudantes de producción: Jair Souza-Ferreira y Sara Brogueras

Producción ejecutiva: Elisa Fernández

Dirección de producción: Miguel Cuerdo

Comunicación y distribución: Pepa Rebollo

Ayudante de comunicación y distribución: Ana López-Rúa

Una producción de LAZONA

Teatro Fernán Gómez (Madrid)

Hasta el 4 de noviembre de 2022

Calificación: ♦♦

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