La asepsia permea esta versión sobre la novela de Choderlos de Laclos en el Teatro Marquina
David Serrano se ha ido asentando como director durante estos últimos años con proyectos de lo más variado. El año pasado presentó Un tranvía llamado Deseo, aunque la obra que ahora tenemos entre manos puede vincularse mejor con La Venus de las pieles, una función de 2014 que se representó en el Matadero. Las novelas de Choderlos de Laclos y de Sacher-Masoch las separan unos cien años, sin embargo, están conectadas por la tortuosa perdición del anhelo amoroso y de la seducción como juego macabro.
Las amistades peligrosas han dejado su huella principalmente a través de la visión de Heiner Müller con Cuarteto, ya sea con aquella propuesta plúmbea de Los gatos mueren como las personas o, sobre todo, con Barroco, el espectáculo dirigido por Tomaz Pandur, creador con el que trabajó el propio Roberto Enríquez en Fausto. Sigue leyendo
Que cada dramaturgia de un clásico pase indefectiblemente en algunos teatros por la modernización reiterada es ya un cliché verdaderamente cansino. El empeño por captar a nuevos públicos exige adaptarse a sus preferencias y a su capacidad para entender un lenguaje nada convencional. También es cierto que algunas propuestas cuentan con un elenco que exprime sus virtudes y es capaz de brindar proyectos de gran solvencia interpretativa. Así ocurrió con 
Ahora que hemos llegado al final del proceso, donde apenas contemplamos protestas cruentas en sectores industriales, donde no se paralizan carreteras con barricadas de ruedas humeantes y no surgen los antidisturbios para marcar orden en el orden, merece, y mucho, la pena revisar sobre las tablas una de esas historias que durante un periodo utilizaron las películas para coger eco. El cine social de corte obrerista ha continuado tímidamente su andadura como en On Falling o Matria, por poner únicamente un par de ejemplos, pero convengamos que nuestra realidad europea ha cambiado. Que fabriquen otros tiene sus consecuencias, lo experimentamos claramente durante la pandemia; pero también genera unas repercusiones políticas enormes. Desde esta perspectiva, los discursos de pura conciencia de clase que escuchamos en boca de Santa implican toda una cosmovisión que parece haberse roto para siempre. 



Dentro de las distintas tendencias que podemos encontrar en el teatro de Juan Mayorga, La colección se aunaría con aquellas más metafísicas ─alegóricas, podría puntualizar─. Es decir, si nos fijamos en el último decenio, pues pensaríamos en