Para acabar con Eddy Bellegueule

La Joven adapta la novela autobiográfica de Édouard Louis, un relato sobre homofobia en la depauperada población de Hallencourt

Para acabar con Eddy - FotoEsta historia trata, ante todo, de la pobreza. De cómo vive un homosexual en la podredumbre. Que va de la pobreza se entiende si uno no se deja arrastrar por las corrientes de «pensamiento» actuales. Luego, el lector, confirma en el epílogo que fuera del pueblo depauperado las cosas son de otra manera. ¿Acaso no hay homofobia en las clases medias? Por supuesto, pero en un grado muy menor. ¿O acaso la educación, el civismo, la instrucción en un ambiente de bienestar, no sirven para nada? Ya que esta obra forma parte de un proyecto educativo, así que su confianza en la transformación —muy ilusa, ya se lo digo yo— en la educación, es importante. Con algunos pueblos, con algunas ciudades de provincias, pasa igual que con los barrios opresivos que son como sectas; aunque luego, en muchos casos, ciertos partidos políticos tomen esa putrefacción moral como sello de pedigrí supuestamente anticlasista: «Ser de barrio X» (genuinidad a costa de distintos ostracismos). Teatralmente esto se quiso desarrollar en Juguetes rotos con los transexuales y de un modo más inconsecuente con Tom en la granja. Sigue leyendo

Fuenteovejuna. Historia del maltrato

Marianella Morena firma un montaje repleto de ironía desencantada para cuestionar nuestra sociedad de consumo

Fuenteovejuna. Historia del maltrato - FotoTampoco nos dejemos engañar otra vez más por el atractivo de los clásicos, no vaya a ser que esta obra de corte anticapitalista no sea capaz de desembarazarse de los clickbaits que tanto abundan en la prensa más putrefacta. La obra de Marianella Morena, quien dirigió Andrea pixelada hará un par de años, podría llamarse Historia del maltrato o algo de Fuenteovejuna (me inspiro en su compatriota Gabriel Calderón); o como quiera, por supuesto; pero llamarla Fuenteovejuna es retorcer al máximo el concepto de adaptación o, incluso, de inspiración. La cuestión es que, como viene ocurriendo con muchas otras obras de carácter posmoderno, solamente el lenguaje encuentra anclaje en la ironía, una ironía triste y desencantada, que se ríe de la maravilla en la que está encerrada. Sigue leyendo

Los últimos Gondra

Borja Ortiz de Gondra cierra su trilogía familiar con una pieza elocuente y sensible que ofrece una mirada esperanzadora sobre el futuro

Los últimos Gondra - Foto de Luz Soria
Foto de Luz Soria

Ahora que se cierra la trilogía de Los Gondra, no puedo dejar de pensar en la serie alemana de Edgar Reitz, Heimat (que quiere decir ‘patria’; pero no piensen en Aramburu, o sí), que fue altamente defendida por Stanley Kubrick; y que tiene ciertos aspectos estéticos y otros tantos narrativos (cambien a los nazis por los etarras) que nos entregan grandes concomitancias con la saga que nos incumbe. Si Borja Ortiz de Gondra no la ha visto, debería hacerlo. Si con Los otros Gondra la decepción cundió —desde mi punto de vista—, fue porque tenía aire de transición y se recargaba la autoficción más narcisista. Felizmente, esta última parte se reconduce de manera exquisita para dialogar metateatralmente más con la primera pieza, Los Gondra (una historia vasca). Sigue leyendo

La última noche del mundo

Fabrice Murgia dirige una propuesta excesivamente narrativa sobre el fin del sueño en la humanidad

la dernière nuit du monde, fabrice murgia © kvde.be
Foto de Kurt van Der Elst

Si aceptamos la definición del tan traído transhumanismo, como una etapa transitoria de intervenciones corporales en su sentido tanto paliativo como meliorativo, antes de alcanzar el posthumanismo; La última noche del mundo (La dernière nuit du monde), de Laurent Gaudé, propondría otro paso más hacia la superación de esos límites intocables: el sueño. Asunto de una complejidad gigantesca por lo que supone para los seres humanos (y el resto de animales) que, como ocurre en la ciencia-ficción más simplona, se resuelve con la pastillita de turno y sus inevitables efectos secundarios negados a priori. Quizás debamos pasar por alto que no se indague mucho más en lo que supondría falazmente vivir casi en un continuo (el tiempo, evidentemente, no se detiene si seguimos conscientes). Aquí se plantea dormir cuarenta y cinco minutos al día, y dejar el asunto zanjado (luego se avanza hacia los quince). Sigue leyendo

Crónico

Mariano Rochman firma esta leve comedia sobre el desamor y las estrafalarias terapias que pretenden aplacarlo

Crónico - Foto de Carmen Prieto
Foto de Carmen Prieto

Que la comedia es el género más difícil se demuestra cotidianamente; sobre todo, porque la inmediatez de nuestras reacciones la valida o la invalida a través del gusto, de la risa, del divertimento. Asunto distinto es si nos lleva más allá con algún sentido crítico. En cualquier caso, eso vendría después. Crónico es una comedia que se queda en un punto intermedio entre lo irrisorio y la sátira sobre ciertas técnicas terapéuticas que hoy prometen solucionar cualquier trastorno sicológico. El público se ríe poco; puesto que no logran desbordarse humorísticamente las situaciones, salvo un poco al final. Se impone una secuenciación demasiado repetitiva (sesiones en el gabinete, una detrás de otra), con algunos elementos de enlace (llamadas telefónicas a los colegas) que casi no aportan nada al avance de la trama —levísima— y que tampoco apuntalan las gracias. Sigue leyendo

Los Pazos de Ulloa

La adaptación de la novela de Emilia Pardo Bazán en el Teatro Fernán Gómez queda reducida a una trama costumbrista

Los Pazos de Ulloa - Foto de Pedro GatoPodemos encontrar todo tipo de excusas razonables para justificar esta versión tan convencionalista y hasta popular que se presenta en el Teatro Fernán Gómez. Y hablo de excusas, porque sabemos de los conocimientos y del buen hacer de Helena Pimenta a lo largo de su carrera. Pero lo que ha hecho Eduardo Galán con su adaptación es un claro ejemplo de cómo se encuentra el equilibrio entre el montaje desbordante y omniabarcador (que no dejara suelto ni un solo fleco) y la propuesta que «guste» a un público menos avezado o paciente entre el que se deben hallar también los bachilleres. ¿Se merecía esto el centenario del fallecimiento de Pardo Bazán? Pues a falta de otras iniciativas públicas, parece que hay que conformarse. Y aunque se insista en que esta es la primera vez que se sube a las tablas una versión de esta novela; tampoco creo que se deba desmerecer el Ulloa, de Irma Correa que hace unos meses dirigió José Luis Arellano. Sigue leyendo

El libro de Sicilia

Pablo Fidalgo plantea un lírico teatro-documento para llevarnos a la destrucción y renacimiento de Gibellina

El libro de Sicilia - Foto de Luz SoriaLa sencillez se desenvuelve con una poética de la mirada interior, de la asunción de un tiempo y de una herida telúrica. Pablo Fidalgo acierta al concitarnos a una experiencia visualmente simple; pero con amplias reverberaciones de un símbolo que aúlla dolorosamente. Que sostengamos en nuestra retina el fulgor de la vitriólica lava que desgarra La Palma, contribuye a deambular imaginariamente por Sicilia como si camináramos por un Tártaro rugiente. Solo desde la aspereza desértica y de la insolencia del siroco adentrándose por cualquier rendija hasta colarse en la ruta de tu raciocinio, sirve para abrazar el viaje del dramaturgo. Escribir un libro, trazarlo con notas, con semblanzas, con pecios, con la retahíla de lo inapreciable, como un «libro de horas» o lo que se tercie. Se pretenden, quizás, fusionar demasiadas ideas que se esparcen líricamente en las distintas alocuciones —narraciones, a veces evocadoras, otras, sentenciosas—. Sigue leyendo

Voltaire

Tres piezas extraídas de la obra Teatro para minutos de Juan Mayorga suben a escena para vertebrarse en torno a la tolerancia

Voltaire - FotoLa última vez que Voltaire «subió» a los escenarios fue de la mano de Flotats en aquella disputa con Rousseau. Y entonces ya recordamos que los filósofos, los ilustrados, como pertenecientes, en la mayoría de los casos, a las clases mejor avenidas, tenían sus oscuridades morales. En la apuesta de Juan Mayorga está la sombra del pensador y, en ocasiones, también está esa falacia denominada argumento ad hominem; aunque la cuestión aquí radica más en el ejercicio escolar de los contrafácticos, de las hipótesis, de los ejemplos y de otras exposiciones intelectuales para que el espectador trabaje —tampoco tanto como se debiera— su cerebro. Sigue leyendo

Conferencia sobre la lluvia

Enrique Simón se mete en la piel de un bibliotecario para realizar una interpretación cautivadora sobre el texto de Juan Villoro

Conferencia sobre la lluvia - FotoLa preterición se convierte en la perfecta captatio benevolentiae: «perdí la conferencia». Pero cómo no considerar una conferencia a lo que viene a continuación, a esa disertación tan particular, entre la hogareña charla con uno mismo de un bibliotecario que nos acoge en su despacho con su pijama y batín. Un ordenador de libros desordenado, un tipo contradictorio. Un titubeador que chasquea su lengua trabucada en ocasiones, como esa cabeza ahíta de citas, de lecturas, de personajes y de autores predilectos. Y, aun así, es el amor (¿no es ese el principal tema de la literatura junto a la muerte? ¿No son el amor y la muerte las dos caras de la misma moneda vital?) lo que vertebra la existencia de este individuo quizás neurótico, quizás misántropo, quizás ido, quizás manipulador de su propia vivencia de letraherido. Sigue leyendo