Voltaire / Rousseau. La disputa

Flotats presenta en el María Guerrero este agitado enfrentamiento entre los afamados filósofos ilustrados

Foto de marcosGpunto

Tras aquella decepcionante Serlo o no que Flotats presentó la temporada anterior, regresa con mayor brío al siglo que más parece interesarle, el XVIII (hace un par de años brilló su dirección en El juego del amor y del azar, de Marivaux), y con ese planteamiento erístico en el que dos filósofos disputan frente al público (todos recordamos su exitosísimo El encuentro de Descartes con Pascal joven) o dos políticos digieren la Revolución en La cena. Primeramente hay que señalar que el texto de Jean-François Prévand, aunque muy escorado hacia Voltaire, está afinadísimo. Es vivaz, de una inteligencia persuasiva y con una mirada sibilina que esparce todo tipo de cuestiones humanas que nos alcanzan en el presente de forma significativa. Sin ir más lejos, podemos leer en la prensa estos días cómo los denominados antinatalistas consideran seriamente que ante el sufrimiento que supone la existencia, lo mejor es que la especie se extinga. En la caricatura que se realiza de Rousseau en esta función encontramos algo de eso; pero mucho más. La verdad es que el autor lo ha dibujado como un estrafalario monigote que no hubiera redactado más que sandeces en todos sus volúmenes. Paradójico en grado sumo, pues se presenta feliz de su vida retirada en el campo, para desdeñar de la humanidad al poco rato, como el Alcestes de Molière surgido de El misántropo (al que no dudan en referirse y en criticar). Y como digo, muchos son los lodos de aquellos barros rousseaunianos. No faltan hoy las nuevas pedagogías basadas en la bondad genuina del salvaje que tanto han fracaso en las llamadas «escuelas libres», como aquella experiencia de Summerhill, y que vuelven a permear el ideal buenista e ingenuo de algunos maestros. O qué decir del feminismo que se acoge con profana inocencia a ese pensamiento que lo reduce todo a la influencia social como si el humano llegara al mundo con una tabula rasa en su mollera. Además, se insinúan los ejes vertebradores de la economía que se implementarían posteriormente: capitalismo versus comunismo (Voltaire, acusado de inmoral por la turbiedad de alguna de sus inversiones, pronto evade el tema). Si uno intenta conectar todos estos efluvios, sin el agotamiento de fundamentar toda una filosofía, las resonancias de este texto pueden llegar lejos. No es, desde luego, una función densa; puesto que Josep Maria Flotats se ha vuelto a empeñar en darle un aire satírico, ajustado con fina ironía, con una comicidad entre mundana y epistemológica que le sirve para redondear un montaje tan jugoso como divertido (en su amplia acepción). El docere et delectare horaciano es nuevamente un empeño del director; pero esta vez con una agilidad extraordinaria. No podemos afirmar que el motivo de la visita de Rousseau al castillo de Ferney, donde vive Voltaire, en Suiza; pero en la frontera con Francia, sea un gran acontecimiento, más bien es una excusa. Un panfleto anónimo pone a escurrir a Jean-Jacques por diversos motivos, y aunque el principal sea la acusación de que este ha abandonado a sus cinco hijos; también parece que se trasluce cierto malestar de la sociedad suiza con ese vecino tan incómodo. ¿Quién se ha atrevido a escribirlo y a difundirlo? El filósofo ginebrino tiene demasiados enemigos, incluido el propio Voltaire. Pere Ponce se ocupa de este personaje y consigue dotarlo de una contradictoria amalgama de gestos entre nerviosos y meditabundos. Parece un individuo inasible, fuera de sus casillas incluso, que debe emplearse a fondo en su raciocinio detectivesco; pero que termina por hablar de más y de declarar sus fobias extremas. Claramente el actor, en su desvelamiento emocional se lo pone en bandeja a Flotats para que su Voltaire vaya punzando lentamente y lo vaya motejando sin freno con todo tipo de epítetos desairosos. El veterano actor adopta su habitual pose interpretativa, consistente en mantener una distancia prudencial que le permita dotar a su personaje de cierto amaneramiento aristocrático. Me pregunto por qué ha renunciado a la peluca y a la caracterización de su rostro con esa nariz de látex con las que aparece en las fotografías. El caso es que el vestuario de Renato Bianchi profundiza en las personalidades de estos dos pensadores. Resulta bastante chocante que Rousseau venga vestido de armenio con sus botas y un largo abrigo verdoso (sin olvidarnos del sombrero). Mientras que Voltaire lleva un aire más señorial con su casaca. La escenografía posee los elementos justos para no entorpecer la acción: varias sillas, un escritorio, una mesilla y algunos muebles más, con un tapiz al fondo que representa el palacete del anfitrión. Lo justo para ambientar y para que nos centremos en sus parlamentos. Al final, el montaje responde a las expectativas y logra trasladarnos a un ambiente donde bullen gran parte de las ideas que han promovido la sociedad europea.

 

Voltaire / Rousseau. La disputa

De Jean-François Prévand

Traducción: Mauro Armiño

Dramaturgia y dirección: Josep Maria Flotats

Reparto: Josep Maria Flotats y Pere Ponce

Espacio escénico: Josep Maria Flotats

Iluminación: Paco Ariza

Vestuario: Renato Bianchi

Espacio sonoro: Eduardo Gandulfo

Ayudante de dirección: José Gómez-Friha

Diseño cartel: Javier Jaén

Fotos: marcosGpunto

Coproducción: Centro Dramático Nacional y Taller 75

Colaboración: Institut Français d’Espagne

Teatro María Guerrero (Madrid)

Hasta el 4 de marzo de 2018

Calificación: ♦♦♦♦

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