Crónico

Mariano Rochman firma esta leve comedia sobre el desamor y las estrafalarias terapias que pretenden aplacarlo

Crónico - Foto de Carmen Prieto
Foto de Carmen Prieto

Que la comedia es el género más difícil se demuestra cotidianamente; sobre todo, porque la inmediatez de nuestras reacciones la valida o la invalida a través del gusto, de la risa, del divertimento. Asunto distinto es si nos lleva más allá con algún sentido crítico. En cualquier caso, eso vendría después. Crónico es una comedia que se queda en un punto intermedio entre lo irrisorio y la sátira sobre ciertas técnicas terapéuticas que hoy prometen solucionar cualquier trastorno sicológico. El público se ríe poco; puesto que no logran desbordarse humorísticamente las situaciones, salvo un poco al final. Se impone una secuenciación demasiado repetitiva (sesiones en el gabinete, una detrás de otra), con algunos elementos de enlace (llamadas telefónicas a los colegas) que casi no aportan nada al avance de la trama —levísima— y que tampoco apuntalan las gracias. También es verdad que es una obra con un humor bastante blanco, que no pretende punzar; ni siquiera al gremio de los psicólogos. Siquiera, pudiera inquietarse algún fan de Luis Miguel que tuviera la piel muy fina. Mariano Rochman firma esta pieza de evasión, donde lo que más destacan son las canciones que interpreta Gloria Albalate. Si uno se desentiende del argumento, bien puede llevarse para su disfrute alguna de las rancheras más populares. Digamos, directamente, que la supuesta pretensión del dramaturgo es endeble; porque no se establece un coherente desentrañamiento a ciertas terapias supuestamente efectivas; pues no va el tema por el lado de la estafa, por ejemplo —aunque se repita el pago de los noventa euros—. Es cierto que la historia posee una sorpresa final que, como entenderán los espectadores, justifica, en gran medida, el comportamiento de la profesional. Daniel es un tipo algo apocado, un chef al que no le van mal las cosas laboralmente; pero que sufre de desamor, ya que su novia Marta lo ha abandonado. Lo de sufrir es mucho decir; puesto que Rochman tiene un modo de expresión bastante indolente, como un Jack Lemmon en El apartamento, algo así. Precisamente, el desarrollo de ese carácter tampoco da mucho juego, ya que entra al trapo de cualquier estupidez sin poner mucho impedimento. Es más, no llegamos a saber casi nada de él, y su autodescripción nos da cuenta de un tipo maniático; pero que luego, en la práctica, se reduce a poner un pañuelo sobre una caja en la que debe sentarse. Minucias. Exprimir el humor ante esa mediocridad es harto complicado; para ello, todo lo demás, debería ser inquietante, fascinante y, por supuesto, emocionante. Así que, no nos queda más remedio que centrarnos en la terapeuta, Gloria Albalate (ambos intérpretes ya trabajaron juntos en Navidad en casa de los Cupiello), quien tiene desarrollada una técnica sui géneris denominada ELN (Eliminar Lo Nocivo), que aprovecha, más o menos, el poder de la musicoterapia. Entre rancheras y boleros asistimos a sesiones que no terminan de resultar ingeniosas, ni chispeantes, porque son morosas y no poseen unos diálogos que nos hagan partícipes tanto de la absurdez de la técnica como del patetismo interior del protagonista. Es más, funciona mejor la gracia, cuando entra en la sangre el tequila —subterfugio del todo innoble en el arte de la seducción—. Por ejemplo, si antes comentaba que las conversaciones telefónicas apenas añaden sustancia dramatúrgica y solo valen como interludio; las posesiones «chavelinas» de nuestra sicóloga, sí que alcanza que nuestro interés y nuestra sospecha se vaya con ella. Cuando llegamos al tercio final y, por fin, comprendemos de qué va el asunto, percibimos aún más el contraste con el tedio anterior. Si por un instante el paralelo fanático con la Chamana hubiera dominado con mayor insistencia, podría habernos conducido a una historia más fértil —el elocuente detalle de la voz en off de Pedro Almodóvar demostrando lo embriagadora que era la artista, así lo sugería—; pero en ese terreno también la parodia disuelve la hondura. Desde luego, eso sí, la presencia del multinstrumentista Álex Tatnell, más allá de las constantes y repetitivas fanfarrias que intentan promover un humor circense y payasístico, es un aporte de gran importancia para este espectáculo; donde el público sí que llega a vibrar cuando resuenan los acordes de «La Llorona» o de «Piensa en mí». Crónico, en definitiva, es una comedia bastante anodina, que no termina de decantarse por vericuetos de más enjundia y, principalmente, no explora un humor más sagaz, más insidioso que no se conforme con el mero entretenimiento.

 

Crónico

Autor: Mariano Rochman

Dirección: José Maya

Elenco: Gloria Albalate y Mariano Rochman

Músico: Álex Tatnell

Vestuario: Guadalupe Valero

Escenografía: Fer Muratori

Iluminación: José Espigares

Fotografía: Carmen Prieto Remón

Vídeo: Joppe De Bernardi

Diseño gráfico: María D. Alba

Asesora movimiento: Carmen Vélez

Ayudante de dirección: Iñigo Elorriaga

Distribución: Mara Bonilla

Producción: Doble Sentido Producciones

Teatro Fernán Gómez (Madrid)

Hasta el 31 de octubre de 2021

Calificación: ♦♦

Puedes apoyar el proyecto de Kritilo.com en:

donar-con-paypal
Patreon - Logo

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.