Teatro del Temple lleva a escena el texto de Alfonso Plou sobre el imaginario encuentro entre los dos poetas al finalizar la guerra
¿Se deben dar por sabidas, aunque sea someramente, la biografía de Antonio Machado y las circunstancias políticas y sociales de la España en que vivió? Definitivamente, sí. Porque es un autor que forma parte de nuestro acervo popular mucho más que otros (un poco por debajo de Lorca) y porque es de esos autores que todavía se enseñan en las escuelas y en los institutos —algo que no ocurre de la misma manera, por ejemplo, con Pedro Salinas, al que me refería por aquí a cuenta de la obra de Julieta Soria. Por lo tanto, un dramaturgo que nos hable de este escritor y de aquellos tiempos, es decir, los treinta años anteriores a la guerra civil, tan revisitada constantemente, no puede situarse en una posición —así ocurre en bastantes ocasiones en esta función— tan didáctica, asumiendo que el público desconoce casi todo. Eso es pensar demasiado en los bachilleres que puedan sentarse en las butacas. El lenguaje explicativo es el más antiartístico que existe; pero si encima se da en un teatro, donde las redundancias semánticas son más abundantes; entonces, se produce también un desprecio por el asistente al montaje. Alfonso Plou ha querido hacer un encaje de bolillos y, al final, ha descuidado la vivificación de los personajes sobre el escenario. Sigue leyendo
¿Es esta la obra más floja de David Mamet o debemos achacarle la falta de eficacia satírica a la dirección de Juan Carlos Rubio? Si se nos induce inevitablemente a pensar en Harvey Weinstein y en las consecuencias que tuvo su caso con el surgimiento del #MeToo (ahora en cierto declive, en pos de otros movimientos reivindicativos que nos mantengan tan enfebrecidos como entretenidos), cuesta creer que este Barney Fein, tan descuidado, grotesco y zafio haya conseguido alcanzar un estatus de tal categoría dentro de la industria cinematográfica hollywoodiense. Y tenemos varias razones para percibir esto. Principalmente, el tono que imprime Nancho Novo, quien ha sido «engordado» con una prótesis tan exagerada como ridícula para potenciar la caricatura; es grandilocuente y, sobre todo, evidente. Un tipo tan poderoso no muestra sus cartas a la primera de cambio, porque no lo necesita. 

Está claro que la pujanza en los últimos tiempos del feminismo no solo provoca miradas desde otra consciencia, sino que se buscan temas y conflictos donde las mujeres sean las protagonistas. De hecho, sobre las 
En otras ocasiones, hemos contemplado sobre el escenario propuestas sobre escritores donde se intentaba poetizar el drama aprovechando recursos escenográficos y musicales. Así fue, por ejemplo, el caso de 
El último gran montaje sobre esta comedia palatina que Lope debió componer en 1613, fue la que dirigió