Natalia Mateo ha transformado en obra teatral su cortometraje para configurar una oscura tragicomedia navideña
Las trifulcas familiares con visos costumbristas, con ese retrato de las cuitas pequeñoburguesas, son un género altamente explotado en el cine y, también, en el teatro. Fácil es acordarse, por ejemplo, de Agosto, de Tracy Letts; aunque más interesante es traer a colación No todo el mundo puede ser huérfano, de los Chiens de Navarre, pues ellos ofrecieron una conmovedora ruptura sarcástica a la cuestión. Ojos que no ven, de Natalia Mateo parte de su propio cortometraje homónimo. Aunque se perciben detalles peculiares, que veremos, la autora se ajusta al estereotipo y, por supuesto, nos destina a la catarsis esperable para que la purga nos concite. Por eso, en este sentido, no podemos ir más allá, por mucho que las interpretaciones posean, en general, una sintonía del todo satisfactoria. Si la idea principal del corto se mantiene, los cambios y las aportaciones son muchas y variadas; con lo que debemos aceptar que es casi una obra nueva. Sigue leyendo
Hace poco menos de un mes nuestro gobierno le concedía por carta de naturaleza la nacionalidad española a Lydia Cacho. Su vida corría y corre peligro, como le ocurre a los auténticos héroes contemporáneos, esos, como muchos periodistas mexicanos, que se juegan literalmente el alma en pos de unas verdades que aspiran a mejorar sustancialmente el mundo. La biografía de esta gran mujer merece, desde luego, recrearse dramatúrgicamente, y nosotros tenemos la obligación moral de atender su denuncia, pues todo indica que, de algunos países como el suyo, solo brotan las puntas del iceberg.
Revisando el reciente tomo Teatro y deportes en los inicios del siglo XXI, compilado por José Romera Castillo, uno confirma que el fútbol apenas ha concitado la atención de los dramaturgos españoles; y eso que estamos hablando de una práctica deportiva que posee una repercusión social y mediática descomunal. Más paradójico resulta, si uno observa las tendencias políticas de la mayoría de las dramaturgias contemporáneas —claramente sesgadas hacia la izquierda— y si nos fijamos de dónde procede el futbol y los futbolistas; es decir, la clase obrera —Inglaterra es el gran ejemplo—. Una manera de ascender socialmente ha sido el deporte, ya fuera el boxeo, en sus tiempos, o el propio fútbol. También es cierto que la intelectualidad literaria ha despreciado, desde su elitismo, abordar el tema; aunque muchos escritores declararan sus filias futboleras.
Está claro que la pujanza en los últimos tiempos del feminismo no solo provoca miradas desde otra consciencia, sino que se buscan temas y conflictos donde las mujeres sean las protagonistas. De hecho, sobre las 



