Lo nunca visto

Tras el éxito de Las princesas del Pacífico, José Troncoso vuelve con su particular visión tragicómica de la existencia

Foto de Ignacio Ysasi

El éxito rotundo que José Troncoso ―y toda la compañía de La Estampida― ha cosechado con Las princesas del Pacífico situará a sus seguidores en la tesitura de la comparación y de las expectativas ávidas de ser cumplidas. Aunque Lo nunca visto es una obra de 2018, parece que es ahora cuando se lanza, auspiciada por los vientos favorables, gracias al Teatro Español. Nos adentramos en un estilo que se decanta todavía más por unos factores que de manera indefectible tenemos que identificar con La Zaranda. Su influencia parece demasiado cercana y el dramaturgo, de continuar por estos derroteros, podría caer en el manierismo o en ser un deudor apegado en demasía a sus maestros. La recursividad, la lentitud, la música sosteniendo la decrepitud (Bach) y los personajes marginales son elementos que se aúnan para esbozar una trama de trago acibarado. La cuestión es que una profesora de danza, responsable de una sala dedicada a baile para niños y niñas, está a punto de ser desahuciada y ha decidido marcharse por «la puerta grande». De alguna forma, se ha propuesto realizar un espectáculo ―se debe entender que vanguardista o extravagante para que lleve el título de Lo nunca visto; pero el texto es algo confuso y está poco cohesionado con lo que viene después― con sus antiguas alumnas. A la llamada únicamente acuden dos: una señora de verborrea insuperable cual disco rayado y una yonki vagabunda sin nada mejor que hacer. Que el resto del argumento sea una representación de sus miserias, del hijo con su colchoneta o de buscarse la vida por una barriada o de observar cómo tu escuelita se va al traste, es lo que no me encaja en ese pretendido marco metateatral de la creación de una obra extraordinaria. Desde cierto punto de vista poco importa esa instroducción, pues el asunto es que el retrato devastador queda expresado hasta el esperpento. Por supuesto, la gran baza son las tres actrices, que son unas fuera de serie, que demuestran una comicidad incuestionable y una disposición para lo estrafalario inmensa. Belén Ponce de León se presenta con unas muletas como una especie de caricatura de la bailarina Alicia Alonso. Desea llevar la voz cantante, ser la líder, la impulsora de una idea imposible para un elenco incapaz. Funciona excelentemente aunando disparidades y marcando los tiempos. Por su parte, Alicia Rodríguez es la que inicialmente más nos hace reír con sus guiños humorísticos más tradicionales, tópicos y folclóricos, con esas repeticiones interminables y esa inocencia de madre, de maruja que ya no puede más con su paciencia y que necesita colarse por la espita de la esperanza y de la alegría con este proyecto cuasifamiliar. Y Sofía, a la que encarna Ana Turpin, es un desfase grandioso. Es un personaje que no para de crecer, desde una tirantez intimidatoria hasta una energía rebosante como un estertor heroinómano. Su forzado acento gallego ofrece un juego de credibilidad e insensatez. Las tres forman un torbellino de torpezas concatenadas e irrisorias, de quieros y no puedo, de impotencias volcadas en la acción artística, de angosturas y de fracasos que en el expresionismo nos llevan a la risa; pero que son de una tristeza considerable. También tienen mucho de entrañable. Eso sí, el ansia por carcajearse que muchos espectadores (los fanes de la compañía) traen, puede que, en algún sentido, se vean algo decepcionados; porque, si bien es cierto que se dan varios puntos de ingenio y de retorcimiento lingüístico, con dichos y sarcasmos que sobrevienen de improviso, la verdad es que el dramatismo es más acentuado que la gracia. En cuanto a la propuesta escenográfica, la sencillez prima en los pocos elementos que ha dispuesto Juan Sebastián Domínguez, con una iluminación de Juanan Morales que profundiza, y mucho, en el alargamiento de las facciones, a veces, tenebrosas. En definitiva, José Troncoso mantiene esa estética de contraste tragicómico para adentrarse en las vidas de tres mujeres destinadas al olvido, que sufren los avatares de la cotidianidad de manera tan pronunciada que las puede arrumbar a un fin desolador.

Lo nunca visto

Dramaturgia y dirección: José Troncoso

Reparto: Belén Ponce de León, Alicia Rodríguez y Ana Turpin

Escenografía: Juan Sebastián Domínguez

Iluminación: Juanan Morales

Diseño vestuario y caracterización: Miguel Ángel Milán

Fotografía y audiovisual: Susana Martín

Ayudante de dirección: Borja Roces

Productor ejecutivo: Kike Gómez

Una producción de La Estampida

Teatro Español (Madrid)

Hasta el 13 de octubre de 2019

Calificación: ♦♦♦

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .