La cueva de Salamanca

Con motivo del octavo centenario de la fundación de la Universidad de Salamanca, se ha pergeñado esta comedia desarrollada con un tono chusco

El destrozo que ha perpetrado Emilio Gutiérrez Caba con el auspicio de Salvador Collado en la producción, nos confirma que las celebraciones de los centenarios las carga el diablo (nunca mejor dicho). Parece que para conmemorar los ochocientos años de la constitución de la Universidad de Salamanca se deben organizar todo tipo de espectáculos y eventos tildados de «culturales». Por lo tanto, resultará adecuado programar una obra de teatro con algún motivo referido a la ciudad castellanoleonesa. Suena bien recurrir a La cueva de Salamanca; aunque no al entremés de Cervantes, sino a la comedia de magia de Juan Ruiz de Alarcón. La leyenda sobre tan esotérico lugar se extiende desde el siglo XV hasta nuestros días, que aún pervive. Se cuenta que en la cripta de la iglesia de San Cipriano (perfectamente visible hoy en día en la localidad), daba clase el mismísimo Diablo, concretamente a siete alumnos, durante siete años (el simbolismo del número siete es una constante). En pago, uno de ellos quedaba a su servicio para siempre. Por lo visto, el marqués de Villena (o, quizás, su hijo), logró escapar gracias a su astucia. Todo esto es un trasfondo para darle importancia al enigmático lugar; porque la cosa va como sigue. Resulta que como lo que se lleva es el metateatro, pues una pequeña compañía se ha puesto manos a la obra ya que han pillado cacho en la programación para la conmemoración. Hay que montar algo sobre Salamanca. Ante nuestros ojos vemos cómo se ensaya una escena cualquiera de La fénix de Salamanca, de Antonio Mira de Amescua, y, posteriormente, irrumpe el director, un Daniel Ortiz que se esfuerza con gran desparpajo por dar unidad al asunto, para suministrar instrucciones como si fuera un ensayo real. Comienzan los primeros chascarrillos con la insistencia de María Besant por imprimirle a su personaje, Leonor, un tono más lésbico (repetirá el chiste después). Este es el cariz. Su compañera, Eva Marciel, será protagonista femenina en los tres roles que interpreta y, será quien dote al espectáculo de una mínima sutileza. Llega por allí José Manuel Seda con la sempiterna queja del mundo actoral sobre lo mal que está la profesión. Hubiera estado curioso que hubieran ejecutado un ejercicio de metateatro dentro del metateatro, y que se hubieran quejado por la propia obra que estaban llevando a cabo; conscientes de cómo hay que devaluar las obras del Siglo de Oro para ajustarse a un público más amplio y salir del paso económicamente. En el grupo, Chema Pizarro se enviste de «mariposón» y se lanza al estereotipo de actor afeminado con reiteración. El humor que se destila en esta primera parte es de una ingenuidad pasmosa. Tras representar una escena (también cualquiera) de Obligados y ofendidos, y gorrón de Salamanca, de Francisco de Rojas Zorrilla; hete aquí que reconsideran todo lo realizado, puesto que apenas sale Salamanca. Cambio de planes. Han leído bien. Cambio de planes. A Juan Carlos Castillejo se le enciende la bombilla. Tiene la intuición de que existe una obra titulada La cueva de Salamanca que no es el entremés de Cervantes. Nada como atrapar el móvil y buscarlo en internet. Eureka. Bueno, pues después de media hora larga, va a comenzar la susodicha función, y todo lo demás hay que aceptar que era para entrar en la atmósfera (prosaica). La siguiente hora será para ventilarse el texto de Ruiz de Alarcón. La comedia de magia, con algunos componentes de farsa, se deforma hasta rozar la astracanada, porque resulta que faltan recursos y hay que fingir algunos trucos que no se pueden llevar a cabo. El argumento, algo enrevesado en el original, queda reducido a una trama simplona, donde dos caballeros pretenden esconderse en la famosa cripta, en la que se encuentran con el mago Enrico, que les echará una mano con su fascinante «ciencia». Luego, aparece el Marqués de Villena, descendiente de aquel famoso que se libró del Diablo; para, a continuación, desarrollar el clásico nudo amoroso propio de las comedias de capa y espada con final feliz. Las múltiples escenas son breves en su consecución, con lo que se logra cierto dinamismo; pero, paradójicamente, están intercaladas por fundidos en negro que entorpecen el espectáculo. Tampoco es que se pueda valorar muy positivamente la escenografía de Alfonso Barajas, pues se sustenta esencialmente en unos cortinones con dibujos pergeñados por el grafitero Suso33; aquí la gracia estaba en la magia. En definitiva, el montaje es un sinsentido que arrumba cualquier conclusión sobre las ideas acerca de la nigromancia o algunas ideas filosóficas del Barroco que se insertan en el texto; además del ambiente estudiantil tan vivaz de la época (y de esta). Fatal homenaje a un autor que estudió en la célebre universidad y donde hoy es enseñado desde la mejor facultad de Filología Hispánica.

La cueva de Salamanca

Basada en el texto de Juan Ruiz de Alarcón y en escenas de La fénix de Salamanca, de Antonio Mira de Amescua; y Obligados y ofendidos, y gorrón de Salamanca, de Francisco de Rojas Zorrilla

Dramaturgia y dirección: Emilio Gutiérrez Caba

Reparto: Eva Marciel, María Besant, Daniel Ortiz, Juan Carlos Castillejo, Chema Pizarro y José Manuel Seda

Realización de escenografía: Ac Verteatro

Realización de vestuario: Sastería Cornejo

Sastra: Charo Siguero

Regiduría y maquinaria: Bernardo Torres

Dirección técnica. Iluminación y sonido: Visisonor

Ayudante de dirección: Pilar Valenciano

Ayudante de vestuario: Liza Bassi

Ayudante de producción: Javiera Guillén

Directora de producción: Marisa Lahoz

Escenografía: Suso33 y Alfonso Barajas

Vestuario: Alfonso Barajas

Iluminación: Juanjo Llorens

Música: Luis Delgado

Producción: Salvador Collado

Teatro de la Comedia (Madrid)

Hasta el 17 de junio de 2018

Calificación: ♦

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Cuando caiga la nieve

Julio Provencio dirige el texto de Javier Vicedo, un drama con tintes de humor negro a través de una estructura poliédrica

Foto de Susana Martín

¿Por qué nos debería interesar una obra que se presenta como una «comedia negra y macabra… alrededor de una anécdota banal»? Demasiada banalidad y, encima edulcorada, afirmarán muchos al terminar. La poesía se reduce a la nieve y a las metáforas que eternamente la han ido resimbolizando: la senectud-muerte, el silencio, el olvido y la gruesa capa que nos evita presenciar la realidad. Aquí, además, la cencellada se imbrica con la ceniza de los muertos. Quizás, inconscientemente, Javier Vicedo Alós ha escrito un cuento creyendo que estaba conformando una obra teatral. Contamos con cuatro personajes que, como viene siendo ya corriente en las salas españolas de nuestra contemporaneidad, nos van a narrar, a contar, su relato (es una forma también de ahorrarse personajes, actores, escenografía). No voy a insistir en mi juicio sobre el abuso de la narración en el teatro; aunque este es otro ejemplo de lo que supone como experiencia para el público por lo que voy a argumentar a continuación. La obra, inicialmente, poseía un atractivo, un misterio; ver a ese chico tumbado sobre un manto de plumas que simulan la nieve y su tono melancólico acerca del peso de su infancia y la relación con su madre y su padre, parecía que nos llevaría a profundizar sobre motivos existenciales de calado; pero, por desgracia, las escenas no llegan a confirmar la sospecha, sino a derrumbarla. Sigue leyendo →

Pericles, Príncipe de Tiro

Declan Donnellan presenta en el Teatro María Guerrero una de las obras de Shakespeare más intrascendentes

Foto de Patrick Baldwin

Regresan los de Cheek by Jowl (con todos sus nuevos colaboradores) tanto a su cita —casi anual— con España (la temporada anterior estuvieron con el Cuento de invierno); como a un texto que ya trabajaron en 1984. Lo cierto es que el empeño de Declan Donnellan y de Nick Ormerod es loable a la hora de observar desde una perspectiva moderna los clásicos que llevan tanto tiempo acompañándonos; pero el Pericles de Shakespeare (firmado también por George Wilkins) queda muy encerrado en el modelo de la novela griega. Sigue leyendo →

Evel Knievel contra Macbeth na terra do finado Humberto

Rodrigo García presenta su última creación en los Teatros del Canal, un collage pop donde se enfrentan todo tipo de fuerzas

Foto de Marc Guinot

Aceptemos que debajo de todo el collage, de todos esos vídeos psicotrópicos y esa propulsión textual existe un fin político. Aceptemos que bajo las tópicas figuras de estilo de este dramaturgo que se nos impone como enfant terrible de la postdramaticidad existe un fin existencial. Si el envoltorio no fuera tan sumamente irónico y, por lo tanto, tan tendente al nihilismo y a esa sensación de vacío que se percibe en el aplauso apagado del público; cuando este comprende que no comprende si de verdad merece la pena gastar una hora y media en aquello que ve; seguramente podríamos desbrozar el aparataje para llegar a algo. No lo pone fácil esta vez Rodrigo García, porque como espectáculo es más pacato y «humilde» que otros suyos. Que es una manera de afirmar que es muchísimo menos provocador y que ha metido mucho relleno. El espectador debe aunar, como si asistiera a la emancipación de un poema surrealista, postista o creacionista, una serie de motivos que deambulan por diferentes capas de realidad-irrealidad, de lo serio y de lo vulgar, que se manifiestan como una lucha maniquea. Sigue leyendo →

Olvidémonos de ser turistas

Un melodrama de Josep Maria Miró sobre una pareja que viaja para dirimir la corrosión de una pérdida

La ausencia deja una impronta indeleble que marca el destino de muchas personas y, como ocurre, en el caso de esta obra, se anquilosa con pesadumbre en una pareja para erosionarla mordazmente. Josep Maria Miró abarrota el esperable silencio con diálogos inconsecuentes que parecen destinados al ruido y a la incomprensión. Un matrimonio barcelonés llega a Argentina, aunque su intención es moverse por la triple frontera (con Paraguay y Brasil). Da la impresión de que no tienen un plan predeterminado y se sienten libres para improvisar rutas y excursiones. Pero esta historia comienza in medias res y ello nos evita lo que hubiera sido un extraordinario prólogo. Puesto que lo que sabemos por los protagonistas ―en una directa discusión en la habitación del hotel― es que han conocido a un joven que se les ha «pegado» durante toda la jornada y al que después le han dado plantón. Como digo, no llegamos a ver sus gestos o sus conversaciones con él; no llegamos a ser conscientes totalmente de lo que ha supuesto relacionarse con ese muchacho. Aunque, a la postre, vaya a ser el desencadenante de toda la trama. Sigue leyendo →

Beatrice

José Gómez-Friha regresa a La hostería de la posta de Goldoni con una mirada feminista que actualiza este texto del neoclasicismo

Regresar a los inicios es una inmejorable manera de reforzar los planteamientos estéticos que pusieron en marcha a Venezia Teatro y, tal y como han ido las cosas, además; sirve para enlazar lo último con lo primero. Puesto que, si hace unos meses en la versión de Casa de muñecas, el portazo de Ibsen hacía mutis; ahora lo tenemos de vuelta, trasplantado al siglo XVIII de Goldoni; y le viene estupendamente. Porque hay que reconocer que a nuestros ojos el didactismo de los ilustrados se nos queda corto. Como sabemos, las reglas del teatro neoclásico también se nos quedan algo escuetas; así el acontecimiento será tan concreto como la lección que se nos quiera impartir. Y, por lo tanto, para ganar nuestro interés, la mano del dramaturgista deberá poseer la habilidad de propiciar un brío y una astucia escénica adecuada. Y este es el gran mérito de José Gómez-Friha, quien ha dotado a su Beatrice (basada en La hostería de la posta) de la ironía precisa y de las intenciones políticas que doten a su protagonista del hálito libertario que ya tuvieron algunas de esas damas por aquellas épocas. Sigue leyendo →

Divinas palabras revolution

El Teatro Español acoge esta producción gallega donde el esperpento de Valle-Inclán se traslada a un reality show

Pues Manuel Cortés y Xron se han atrevido a cobijar nuestro clásico valleinclanesco en esa cueva fluorescente e hipervigilada del reality show por antonomasia. Y han establecido un planteamiento tan coherente y ceñido a esa imposibilidad vital, donde el tiempo pasa lento y la abulia carcome aún más los cerebritos de esos ególatras, que la función inevitablemente cae en un ritmo tedioso y, en muchos instantes, insípido. Y esa debe ser su gran objeción; aunque creo que es razonable afirmar que el resto de elementos del espectáculo compensa con creces esa cadencia. El proyecto lo tenía todo para caer en el desvarío; pero está sujeto a conciencia por la zafiedad de unos protagonistas que, celebrémoslo, no gritan constantemente de forma desaforada como hubiera sido esperable en la emulación de tan célebre espacio televisivo. Es una manifestación patente de que estos programas televisivos requieren manipulación constante y una edición cinematográfica para generar el atractivo que se pretende, la carnaza que se pueda devorar con ansia. Lo que dirige Xron se subsume a los parámetros del cinéma vérité y del objetivismo; en este sentido sigue la línea del gran montaje de Chévere la temporada anterior: Eroski Paraíso (no hay que perdérsela). Sigue leyendo →

Una hora en la vida de Stefan Zweig

Antonio Tabares combina el drama y el thriller para concitarnos a los últimos momentos del gran escritor austriaco

El conocimiento popular sobre Stefan Zweig en nuestro país ha ido por rachas. Desde luego, las bibliotecas particulares de muchos lectores acumulan las ediciones aquellas de los años cincuenta y sesenta; pero no ha sido hasta los noventa cuando su «popularidad» ha aumentado. Me atrevería a sostener que Fernando Sánchez Dragó, con sus programas de televisión, ha sido uno de los máximos responsables de su recuperación; y luego, claro, por la encomiable labor de la editorial Acantilado. Por lo tanto, fue leído, se nos olvidó y ahora lo volvemos a tener en alta consideración. Además de todo ello, para acceder con mayor sintonía a la función que nos compete, resulta de lo más conveniente visionar el film de Maria Schrader, Stefan Zweig: Adiós a Europa, precisamente porque no se ocupa de los últimos instantes, sino de los últimos años. Antonio Tabares, al que conocemos por su exitosa obra La punta del iceberg (también con adaptación fílmica), ha pretendido combinar la semblanza dramática de ese 22 de febrero de 1942 en Petrópolis (Brasil), en el que Zweig y su segunda esposa, la joven secretaria Lotte Altmann, se suicidaron con extraña melancolía estoica, alejados de su auténtico hogar, en pleno proceso de descomposición; con una especie de thriller. En este segundo aspecto, se introduce ficticiamente un personaje llamado Fridman, que aparece por sorpresa en la casa de la susodicha pareja. Sigue leyendo →

La valentía

La nueva obra de Alfredo Sanzol es una intrascendente comedia de enredos con fantasmas por el medio

Foto de Javier Naval

Se presenta la nueva creación de Alfredo Sanzol bajo el aura salvífica del reciente Premio Valle-Inclán (por La ternura), en el teatro donde ahora se gana uno el caché para los que quieren estar en esa pequeña pomada farandulera que aún resiste. Aunque La valentía, más allá de los parabienes que propician y van a propiciar todos aquellos que se niegan a aceptar la verdad y que observan a este dramaturgo tan consagrado con pleitesía snob, es una comedia burguesa anticuada sin la más mínima trascendencia. Es la comedia burguesa que tanto se ha denostado y que se denuesta, y que se sigue exhibiendo en otros teatros privados en muchas ocasiones con éxitos abrumadores e incontestables; pero envuelto en la bandera del Premio Nacional de Literatura Dramática en 2017 por La respiración y con el aplauso enfervorecido de muchos de esos que no pisan aquellos teatros de autores que buscan el puro y llano entretenimiento, y de productores que piensan, lógicamente, en el rendimiento económico por encima de todo. El texto, desde luego, contiene todos los tópicos, los guiños y las «sorpresas» que se han ido anquilosando desde hace cien años, y que resultan manidos y hasta ingenuos. Sigue leyendo →