Pericles, Príncipe de Tiro

Declan Donnellan presenta en el Teatro María Guerrero una de las obras de Shakespeare más intrascendentes

Foto de Patrick Baldwin

Regresan los de Cheek by Jowl (con todos sus nuevos colaboradores) tanto a su cita —casi anual— con España (la temporada anterior estuvieron con el Cuento de invierno); como a un texto que ya trabajaron en 1984. Lo cierto es que el empeño de Declan Donnellan y de Nick Ormerod es loable a la hora de observar desde una perspectiva moderna los clásicos que llevan tanto tiempo acompañándonos; pero el Pericles de Shakespeare (firmado también por George Wilkins) queda muy encerrado en el modelo de la novela griega. Aquí se nos plantea la adaptación de François Guizot y el asunto, con su preludio, nudo y desenlace esperado, se saborea sin mayor dificultad. Antes de que comience el embrollo, ya contamos con Pericles ensabanado en la camilla de una sala de un hospital. Mediante una serie de flashbacks se irá deambulando entre el pasado, que le ha llevado hasta allí; y el presente, donde sus familiares viven apesadumbrados por la grave situación. Lo que inicialmente es el proceder habitual de los enfermeros y de la médica, pronto se transforma en una aventura sin fin en el proceloso Mediterráneo. El Príncipe de Tiro se encuentra en Antioquía para pretender a la hija del rey; pero este, para concedérsela, le propone un acertijo. Pronto descubre la solución: nada menos que su relación de incesto. Acierte o no, morirá. Así que no tiene salida. Regresa a Tiro; aunque sabe que deberá escapar mucho más lejos si no quiere que lo asesinen. De ahí llegará a Tarso, donde conoce a Cleón y a Dionisa, a quienes ayudará a combatir el hambre que sufre su población. Tras un naufragio, su siguiente destino será Pentápolis, y allí se casará con la princesa Thaisa. Cuando por fin ve que puede regresar a Tiro (puesto que Antíoco y su mujer han muerto debido a un rayo). Durante la navegación se topan con una tormenta, mientras Thaisa muere dando a luz a Marina. La concatenación de hechos y de circunstancias no parará hasta que las distintas anagnórisis vayan desenredando el entuerto hasta el final feliz. El Pericles se puede relacionar lógicamente con La comedia de los enredos. Cualquiera que conozca el esquema bizantino que también elaboró el mismísimo Cervantes en el Persiles, ya sabrá que lo azaroso y lo inverosímil se aunarán para cerrar el círculo in extremis. La verdad es que los ingredientes son bien repetitivos. Creo que es justo reconocer que las bazas con las siempre ha jugado Donnellan en esta ocasión no consiguen superar el lastre que supone una historia con tan poco fundamento, destinada al sencillo entretenimiento de un público que debe engancharse al cuento de hadas sin poner muchos peros. La escenografía de Ormerod esta vez no me ha parecido tan audaz como en otras ocasiones y lo que primeramente sorprende por lo inusitado de introducirnos en un hospital; luego no se exprime la ductilidad que debiera poseer en las situaciones más cómicas y dinámicas. Porque esta es otra cuestión que se le debe achacar, desde mi punto de vista, al director; y es que no se haya explotado más humorísticamente un texto tantas veces escuchado. Los instantes más guiñolescos, ya sea la lucha de los pretendientes, los bailes frente a Thaisa o las frustraciones de los puteros, se muestran un tanto descafeinados. Lo que sí funciona verdaderamente es la entrega de los actores, un elenco muy potente con el que ya trabajó Donnellan en aquel fantástico Ubú Roi. Los intérpretes engrandecen unos personajes un tanto planos. De esta forma vemos brillar a Christophe Grégoire protagonizando todo el montaje con su Pericles, en una construcción física ambivalente. Resulta igual de verosímil como viejo moribundo que como aventurero ágil y dispuesto. Por su parte, Cécile Leterme es quien marca un punto bufonesco con su Simónides (y otros papeles), bien interesante para lo que nos compete. Gracias a ella el espectáculo deriva, por momentos, hacia la payasada circense y el público llega a divertirse. La actriz Camille Cayol muestra su elegancia encarnándose en Thaisa y, luego, como alcahueta, rebaja el tono para demostrar su versatilidad. Por otro lado, Valentine Catzéflis se mete en la piel de Marina y resuelve con garbo cuando impone la pureza de su virginidad en el burdel donde la han internado. Imprime mucha fuerza Xavier Boiffier a su Antíoco; mientras que Martin Nikonoff y Guillaume Pottier solventan con profesionalidad sus pequeñas intervenciones. Poco más se puede sentenciar de un pasatiempo embellecido por las artes de unos tipos que dominan su oficio a la perfección.

Pericles, Príncipe de Tiro

Autores: William Shakespeare y George Wilkins

Adaptación: François Guizot

Dirección: Declan Donnellan

Reparto: Xavier Boiffier, Valentine Catzéflis, Camille Cayol, Christophe Grégoire, Cécile Leterme, Martin Nikonoff y Guillaume Pottier

Escenografía: Nick Ormerod

Iluminación: Pascal Noël

Vestuario: Angie Burns

Sonido: Valèrie Bezançon

Ayudante de dirección: Marcus Roche

Fotos: Patrick Baldwin

Diseño cartel: Javier Jaén

Producción: Cheek by Jowl en coproducción con Barbican, Les Gémeaux/Sceaux/Scène Nationale, Théâtre du Nord y CDN Lille-Tourcoing-Hauts de France

Con la colaboración artística de Jeune Théâtre National

Agradecimientos: The Laura Pels International Foundation for Theater

Teatro María Guerrero (Madrid)

Hasta el 3 de junio de 2018

Calificación:  ♦♦♦

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