La punta del iceberg

Se presenta en el Teatro de La Abadía La punta del iceberg, una obra sobre las presiones dentro de una empresa

Foto de Ros Ribas
Foto de Ros Ribas

Recordamos Viva la libertad (1931), la película de René Clair que inspiró a Chaplin para sus Tiempos Modernos. Esas dos cintas marcaron en nuestro imaginario la deshumanizadora y absurda tarea del obrero encajado en la cadena de montaje. Hoy, que triunfa el capitalismo cognitivo, el que ha sustituido las manos grasientas en cabezas huecas, por dedos pulcros con cerebros estresados, nos hemos creído la estética del ejecutivo triunfador. El precio es, también, al igual que en la cadena de montaje, la deshumanización; pero, en este caso, sofisticada, elegante y espolvoreada con la escarcha en las pituitarias. Simples apéndices de un engranaje sin vuelta atrás y sin más remedio que saltar al vacío si uno quiere alcanzar la liberación.

En La punta del iceberg nos encontramos con tres suicidios y a una directora de área dispuesta a limpiar el nombre de la empresa con el fin de tranquilizar a los medios de comunicación. La trama se despliega a través de entrevistas-estanco. Nieve de Medina se erige en absoluta protagonista con un tono y una gestualidad propicia para el espacio que ocupa. Su regreso a la empresa desde las alturas implica diversos planos para su personaje, que recorre desde el hieratismo de una mujer como el témpano, pasando por una irritada súbdita temiendo por su puesto, hasta una juguetona enamorada flirteando con un viejo amor. El señor Fresno, interpretado con un cuchillo en los dientes por Eleazar Ortiz, marca las directrices del infierno laboral (en eso estamos). La obra se agita con Luis Moreno, que imprime viveza con su papel de un informático y que destensa la evolución de la historia. A continuación Gabriela Benassar se convierte en una secretaria en apariencia insignificante. El asunto se complica aún más con la llegada de un antiguo amante, el sindicalista al que da cuerpo Pau Durà con un cinismo excelentemente medido. Finalmente, surge el camarero de los oídos bien atentos que de forma entrañable da vida Chema de Miguel.

La punta del iceberg es una obra que huele a Mamet con su Glengarry Glen Ross, construida con pequeñas piezas que transforma en una avalancha de hipocresía sin solución, a la que el único pero que se puede poner es que se recorte un poquito rebajando algún diálogo, algún exceso dialéctico (cinco o diez minutos de la parte final). El texto, sus actores, sus voces, atrapadas por ese laberinto blanquísimo de vacías estanterías y mesas impolutas, convierte el escrito de Antonio Tabares y la dirección de Sergi Belbel en un ejercicio de introspección profunda sobre nuestro mundo moderno y sobre sus consecuencias, aunque estas traten acerca del mayor tabú de la sociedad en la que vivimos. Ya saben, ocho al día.

La punta del iceberg

Autor: Antonio Tabares

Dirección: Sergi Belbel

Reparto: Nieve de Medina, Eleazar Ortiz, Montse Díez, Luis Moreno, Pau Durà y Chema de Miguel

Escenografía: Max Glaenzel

Teatro de La Abadía (Madrid)

Hasta el 30 de marzo

Calificación: ♦♦♦♦

Texto publicado originalmente en El Pulso.

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