La tumba de María Zambrano

Una colección de impresiones oníricas en este cuadro viviente sobre los recuerdos de la célebre filósofa

Foto de marcosGpunto

Parece que la dramaturgia con la que Nieves Rodríguez quiere insistir se funda más en la creación de imágenes y en un excesivo trabajo de la elipsis. Ya lo observamos con su anterior obra: Por toda la hermosura. En esta ocasión es María Zambrano el motivo para desarrollar una función en la que, ante todo, se echa en falta mayor contenido, una sustancia que verdaderamente nos permita adentrarnos en aspectos más profundos e interesantes de la filósofa. Pero lo que nos encontramos es con un cuadro viviente —y no demasiado— de seres insertos en una dimensión onírica —la obra se subtitula «Pieza poética en un sueño». No podemos parar de preguntarnos dónde está aquella librepensadora, porque lo que contemplamos son unas pinceladas tan nimias, tan redundantes en sus movimientos y tan próximas al mundo infantil que por momentos podría tratarse de una mujer desconocida. No es tanto que seamos incapaces de reconocer los permanentes símbolos, como de la disposición de los elementos —demasiado volcada hacia lo performativo y lo coreográfico— se constriñe a chispazos que no logran trascender. Eso sí, Jana Pachecho nos ofrece un montaje bien ensamblado y con un acertado aprovechamiento de la escenografía. Sigue leyendo

Ejecución

Xus de la Cruz presenta su visión de la brutalidad en una breve pieza con tintes valleinclanescos

Cuando uno acude a ver las propuestas de nuevos creadores que desean arrojarse a este mundo tan complejo de las artes escénicas, espera, evidentemente, que se abran vías de exploración al menos extrañas; pero también espera que el ímpetu por epatar no destroce la función. Xus de la Cruz lanza un artefacto genuinamente español, carpetovetónico, una pieza con aires de retablo valleinclanesco. Al son de una marcha semanasantera de cornetas y tambores, procesiona un matrimonio; mientras una virgen kitsch, de manto verde casi fluorescente como si fuera de Lourdes, de sonrisa tétrica y preñada, adicta a los milagros,  entona la «Nana de la hierbabuena» de Carmen Agredano (con la que ganó el Goya a la mejor canción original para La voz dormida, y con la que tanto tiene que ver esta obra). Sigue leyendo