Future Lovers

La tristura plantea un viaje desde el futuro hacia el momento crucial de unos adolescentes

Foto de Mario Zamora

Reconocer el punto de partida. Reconocer en tu memoria el día de tu epifanía; cuando tomaste conciencia de quién ibas siendo, de que tu madurez se había iniciado. Sí, «Que la vida iba en serio / uno lo empieza a comprender más tarde /—como todos los jóvenes, yo vine / a llevarme la vida por delante.», que expresaba Gil de Biedma. Con el prólogo, enseguida, me trasporto al capítulo de Black Mirror titulado «San Junípero». Sara Toledo se enviste de guía. Es su historia, es su experiencia. Estamos en el futuro lejano y desde allí ella (imaginemos alguna empresa que nos pueda ofrecer la siguiente aventura) pretende situarse en una noche muy concreta de 2018, cuando terminó el curso y se marchó a un descampado a las afueras de la ciudad con sus amigos del instituto para celebrar el cumpleaños de su novio. La noche en la que tuvo la «primera decepción de su vida». La actriz ya adopta el lenguaje fluido y espontáneo, muy fresco, que va a estructurar toda la función. Luego, descubrimos plenamente la escenografía que nos va a acompañar hasta el final y que ha creado Ana Muñiz: una imagen gigantesca con el skyline de Madrid, una pequeña arboleda y el maletero bien cargado de botellas de un Opel Astra blanco. Sigue leyendo

Mammón

Los Teatros del Canal acogen la comedia irrefrenable sobre la avaricia que han creado Nao Albet y Marcel Borràs

Todos los elementos que han propiciado el cine postmoderno, el que no ha tenido reparos con la cultura popular, con la ironía pertinaz, con el juego metaliterario, con la crítica social en forma de sarcasmo y con todos esos divertimentos que mezclan la alta con la baja cultura aprovechándose de la combinación de técnicas antiguas y modernas; también han encontrado, aunque muchísimo menos, su vertiente teatral. Mammón es un artefacto magnífico que recoge esa veta deconstructiva de fingir que no se cuenta lo que sí se cuenta, de bordear el tema, de marcar distancia y regodearse en el marco del cuadro, como si se quisiera despistar al espectador para, al final, haber consumado el hecho. Si ya había quedado demostrado el talento en la interpretación de Nao Albet (véase El público) y de Marcel Borràs (véase Las bodas de Fígaro), con la creación dramatúrgica van a por todas. Y han sido inteligentísimos para llevar a cabo su proyecto tan simple en medios y, a la vez, tan espectacular. En el trasfondo del relato está el concepto de avaricia. Partimos de la intención de montar un magno espectáculo (al aire libre en Madrid con sangre por todos los lados y una escenografía impresionante) que represente el mito de Mammón. Sigue leyendo

La tristeza de los ogros

La obra del belga Fabrice Murgia construye el umbroso sufrimiento de dos jóvenes sometidos por la maldad

Foto de Luz Soria

Adentrarse en la conciencia y en el relato de algunos adolescentes que han visto su vida truncada o trastocada por circunstancias adversas es un campo de tinieblas que remite directamente a la experiencia onírica. Por eso es absolutamente acertado estéticamente que Fabrice Murgia haya adoptado esta perspectiva para subsumirnos en dos historias que corren paralelas y que se relacionan conceptualmente; aunque mantienen contextos muy distintos. Lo esencial de este espectáculo es vivificar la atmósfera de perturbación mental, intentar ponerse en la mente de dos individuos que observan la realidad con la misma duda que adoptamos nosotros como espectadores. Lo imaginario y lo real batallan sin cuartel. La verdad del arte, redunda en lo real. Inspirado por los diarios de Natascha Kampusch, aquella niña austriaca que fue secuestrada cuando tenía diez años durante 3096 días por un criminal que se suicidó al poco de que la joven se escapara; y por la biografía de Bastian Bosse, el postadolescente que hirió a varios alumnos en su antigua escuela en Alemania a finales de 2006; para después suicidarse. Sigue leyendo

Esto no es La casa de Bernarda Alba

Una versión expresionista y onírica que envuelve en danza el texto de Lorca para caer en un feminismo inane

Esta representación sí es La casa de Bernarda Alba; y sí, las mujeres ya no viven inmersas en esa asfixia carpetovetónica de folclorismo judeocristiano, adocenante y opresor. Resulta muy paradójico que la obra comience con las presunciones del propio Lorca que resuenan a lo que afirmó en su famosa conferencia «Un poeta en Nueva York»; con aquello de: «yo necesito defenderme de este enorme dragón que tengo delante, que me puede comer con sus trescientos bostezos de sus trescientas cabezas defraudadas». El dramaturgo granadino tenía claro que su teatro debía trascender, que debía sujetar por la pechera al respetable para agitarlo en su sentir y en su conciencia. Quería, en definitiva, luchar contra ese teatro burgués convencional que no inmutaba a nadie. Porque todavía vivió en una época donde este arte podía influir y trastocar el pensamiento. Actualmente las influencias están en otro lado y lo que ocurre en los escenarios, cuando quiere ir más allá, solamente llega a una minoría. Sigue leyendo

Vania (escenas de la vida)

Àlex Rigola nos «encierra» con los cuatro personajes principales de la obra de Chéjov, para adentrarnos en la esencia de su angustia

Vania dialoga consigo mismo más allá de sus dramaturgistas. Mientras Daniel Veronese en Espía a una mujer que se mata «encierra» a los personajes del drama en un reducto de apenas unos metros cuadrados; Rigola «encierra» a sesenta espectadores en un gran cajón para toparse con cuatro actores que no renuncian a su nombre y que se aproximan al papel que les toca representar con una engañosa timidez. Lo verdaderamente trascendental de esta adaptación es la búsqueda denodada del poso existencial y, por lo tanto, esa casa de campo rusa, esa dacha luminosa que habitamos, es como un decantador catártico que da cuenta de lo esencial. En aquel 1899 en el que Chéjov publica su Tío Vania, cinco años antes de morir de tuberculosis, se concentran las síntesis del irracionalismo. O acaso no podemos percibir a Kierkegaard, con aquellos dos hombres sumidos en el denominado «estadio estético», buscadores de placer y entregados a la seducción. Sigue leyendo

En la fundación

La Joven Compañía se atreve con esta obra de Buero Vallejo que se aproxima a la ciencia-ficción

Foto de David Ruano

Durante el año pasado, no faltaron quejas en el mundo teatral sobre la ausencia de obras de Buero Vallejo durante el centenario de su nacimiento. La verdad es que creo que la única representación que se hizo fue, precisamente, La fundación, en La Pensión de las Pulgas, dirigidas por Ruth Rubio. Por lo tanto, volvemos sobre el mismo texto en la versión que ha realizado Irma Correa, de quien conocimos la temporada anterior Hablando (último aliento), una historia donde también se trataba el tema del encierro y en un ámbito psicológico. La dramaturga ha intervenido los diálogos de tal manera que podemos apreciar un lenguaje más cercano todavía a nosotros; aunque la adaptación no ha llegado al punto de pulir las explicaciones tan evidentes que se escuchan en la primera parte. Y es que Buero combina en esta fábula dos tramas muy marcadas que casi llegan a funcionar como cajones estanco. Sigue leyendo

Mendoza

Los colochos acercan Macbeth a Méjico en un montaje que involucra al público en esta historia sobre la ambición de poder

Resulta del todo conveniente trasladar la ambición de poder, el mundo mágico y la conciencia torturada que encontramos en el Macbeth de Shakespeare al territorio mejicano. Raramente el espectador español puede situarse en la revolución de 1910, más bien observa la atmósfera de los narcos que hoy pueblan series y películas que nos llegan de allá. Ese ambiente que, por ejemplo, descubrimos en la sátira de Luis Estrada, El infierno (2010). Aquí somos concitados a una especie de corro para asistir a una pelea de gallos. Los colochos lo han organizado todo escenográficamente de tal manera que la sencillez material es sustituida por un movimiento grupal sorpresivo, como si nos viéramos en el bosque acechados por guerrillas. Somos envueltos por la tensión, por el pavor de todos esos personajes que viven en la sospecha. Aquí no hay, evidentemente, tres brujas, sino una chamana que porta una gallina canosa. Mónica del Carmen se esconde bajo una máscara para invocar a las fuerzas invisibles en un apóstrofe sacrificial y esotérico. Sigue leyendo

Sensible

La autodestrucción de una mujer comida por los celos en un drama que aúna teatro y danza

Por mucho que se insista, es muy complicado considerar la novelita epistolar de Constance de Salm, Veinticuatro horas en la vida de una mujer sensible, publicada en 1824 —aunque la hubiera estado escribiendo diez años antes—, como una cumbre literaria del Romanticismo. Primero porque la explosión de emotivismo y sufrimiento agónico de una aristócrata devorada por los celos, se consume en la reiteración de unas cartas, muchas de ellas, exageradas, pueriles y hasta insensatas —muy propias de ese movimiento estético. Segundo, porque posee un final de cuento de hadas estomagante. Entonces, ¿qué ha visto Juan Carlos Rubio en esta colección de textos para lanzarse a crear un espectáculo como Sensible? Pues seguramente el desgarro, el impulso y lo abisal. Que no es poco como motor, aunque puede ser, por lo comentado, insuficiente encima de un escenario. Pero hay que felicitar al director por las decisiones que ha tomado en su versión; puesto que ha mejorado la obra original y su persuasión con creces. Sigue leyendo

El cíclope y otras rarezas de amor

Ignasi Vidal firma este enredo coral y algo naíf sobre las relaciones de individuos en crisis

Foto de David Ruiz

El buen sabor de boca que nos dejó El plan era razón suficiente para esperar un texto bien trabado en la nueva obra de Ignasi Vidal. Pero la decepción llega enseguida, porque el lenguaje que emplean sus personajes es, por una parte, manido y, por otra, inverosímil. Se le quiere dar a la función ese aire cinematográfico propio de las comedias románticas americanas que nos llevan atufando durante todas estas décadas, y que juega al encaje de diversas historias en un panorama coral. Ya se sabe, hay que hacer coincidir a unos con otros para que dé la impresión de que el mundo es un pañuelo, un microcosmos lleno de magia y encanto. Así nos encontramos con una decena de piezas, de situaciones concretas que se van cerrando para dar paso a otras hasta que se configura el tejido circular. Sigue leyendo