La tristeza de los ogros

La obra del belga Fabrice Murgia construye el umbroso sufrimiento de dos jóvenes sometidos por la maldad

Foto de Luz Soria

Adentrarse en la conciencia y en el relato de algunos adolescentes que han visto su vida truncada o trastocada por circunstancias adversas es un campo de tinieblas que remite directamente a la experiencia onírica. Por eso es absolutamente acertado estéticamente que Fabrice Murgia haya adoptado esta perspectiva para subsumirnos en dos historias que corren paralelas y que se relacionan conceptualmente; aunque mantienen contextos muy distintos. Lo esencial de este espectáculo es vivificar la atmósfera de perturbación mental, intentar ponerse en la mente de dos individuos que observan la realidad con la misma duda que adoptamos nosotros como espectadores. Lo imaginario y lo real batallan sin cuartel. La verdad del arte, redunda en lo real. Inspirado por los diarios de Natascha Kampusch, aquella niña austriaca que fue secuestrada cuando tenía diez años durante 3096 días por un criminal que se suicidó al poco de que la joven se escapara; y por la biografía de Bastian Bosse, el postadolescente que hirió a varios alumnos en su antigua escuela en Alemania a finales de 2006; para después suicidarse. Ambos nacidos en 1988. La primera, interpretada con idónea ingenuidad y ciertas dosis de valentía por Olivia Delcán, quien monologa con la ignorancia de quien carece de contexto suficiente para comprender su situación. El dramaturgo se apropia de las entrevistas que Natascha concedió a la televisión para emplazarnos a su encierro a través de fetiches musicales (la figura etérea de John Lennon —otra víctima de la obsesión— y su tema «Oh, My Love», que se convierte en la banda sonora de la tristeza), de series de televisión de la época y de muñecos que remiten a una niña encerrada en un tenebroso País de Nunca Jamás; mientras se suceden los meses. El segundo es encarnado por Nacho Sánchez, el actor que más cerca nos está llevando con sus actuaciones a la insondable masa de lo íntimo. Es un intérprete que se duele en escena, al que le permea la angustia (aún recordamos con certeza sus dos últimos trabajos: Iván y los perros, y He nacido para verte sonreír). En él vemos cómo sus pensamientos se vuelven más oscuros, cómo el acoso escolar, su vergüenza insolente y su fobia social lo transforman en un monstruo, en el villano de sus cómics favoritos. Pero para que la bruma se adense más, contamos con la presencia insistente y maliciosa de una narradora (micrófono en mano) con voz apitufada, con algo de muñeca diabólica, de duendecillo juguetón o de sátiro que, igual que los ogros, se va alimentando de los sueños que aquellos protagonistas tienen cercenados. Andrea de San Juan imprime carácter a la función, la dota de un cariz confuso; pues pareciera que nos va a contar un cuento infantil; pero luego nos adentra en un mundo macabro, como gran parte de la cuentística europea que identificamos en relatos como el «El flautista de Hamelin». La adaptación, a cargo de Borja Ortiz de Gondra, se aproxima, con ciertos detalles —nombres de calles, la referencia a las niñas de Alcasser,…— a la realidad española; aunque lo verdaderamente fundamental es que se haya configurado un montaje con una factura sugerente que nos permite observar a los dos jóvenes encerrados en sus cubículos; mientras algunas proyecciones gigantes, dispuestas por Jean François Ravagnan, ilustran el devenir de los acontecimientos. Es necesario recalcar que, a pesar de los excesos narrativos, estos se contrapesan con las particularidades de la primera persona, de las confesiones privadas, de la sinceridad sin cortapisas que logran aunar un espectáculo de historias cerradas y conocidas que son trascendidas para trasladarnos la manifestación de la maldad, del horror y de cómo la cordura se pierde en el horizonte si las condiciones son inapelables. En definitiva, La tristeza de los ogros  es una breve pieza que teje una red de significancias surreales, que nos exigen una empatía nada fácil de digerir.

La tristeza de los ogros

Texto y dramaturgia: Fabrice Murgia

Adaptación: Borja Ortiz de Gondra

Reparto: Andrea de San Juan, Nacho Sánchez, Olivia Delcán

Vídeo: Jean François Ravagnan

Coproducción: Théâtre National de la Communauté Française de Belgique, Teatre Lliure y Teatros del Canal

Teatros del Canal (Madrid)

Hasta el 4 de febrero de 2018

Calificación: ♦♦♦♦

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