Mendoza

Los colochos acercan Macbeth a Méjico en un montaje que involucra al público en esta historia sobre la ambición de poder

Resulta del todo conveniente trasladar la ambición de poder, el mundo mágico y la conciencia torturada que encontramos en el Macbeth de Shakespeare al territorio mejicano. Raramente el espectador español puede situarse en la revolución de 1910, más bien observa la atmósfera de los narcos que hoy pueblan series y películas que nos llegan de allá. Ese ambiente que, por ejemplo, descubrimos en la sátira de Luis Estrada, El infierno (2010). Aquí somos concitados a una especie de corro para asistir a una pelea de gallos. Los colochos lo han organizado todo escenográficamente de tal manera que la sencillez material es sustituida por un movimiento grupal sorpresivo, como si nos viéramos en el bosque acechados por guerrillas. Somos envueltos por la tensión, por el pavor de todos esos personajes que viven en la sospecha. Aquí no hay, evidentemente, tres brujas, sino una chamana que porta una gallina canosa. Mónica del Carmen se esconde bajo una máscara para invocar a las fuerzas invisibles en un apóstrofe sacrificial y esotérico. El futuro se presentiza en ella y su deber, como el oráculo a Edipo, es anunciar un destino, en apariencia, inexorable. Antonio Zúñiga y Juan Carrillo han ajustado la trama para llegar a lo esencial; en lugar de enredarse con las ansias del resto de familias, se han quedado con el binomio mortífero del matrimonio Mendoza. Marco Vidal encarna al protagonista con la paradoja en su rostro y la prolepsis en su mirada. Expectante por los vaticinios de la hechicera en un inicio, para después darle un temeroso crédito cuando se convierte en general. El actor pone sobre las tablas una energía telúrica desatada por el aliento viperino de su mujer. Ella —nuevamente Mónica del Carmen— sabe incentivar a su marido con dilemas torticeros. Ambos ser arrogan el ritmo de una función tan dinámica como fascinante, trufada de pequeños detalles (brindar con el público y animarlo a participar en el zarpazo final) y recursos (la simulación de tambores con una simples sillas), que mueven al respetable hasta la misma integración del montaje. Así podemos ver cómo las máscaras —como puerta de entrada al mundo de los muertos, como una Comala rulfiana—, sobre los rostros de algunos espectadores nos llevan a contemplar la forma en la que el miedo humaniza al propio Mendoza. Alrededor de la pareja el resto del elenco se alza o sucumbe al hado. Todos suman con sus interpretaciones, ya sea desde el folclorismo de una criada redicha y elocuente interpretada por Erandeni Durán, como por el fanfarronerismo o la vesania de los demás hombres que van aplacando la lucha intestina. Podemos destacar a Leonardo Zamudio, que juega ese papel prototípico en los entramados mafiosos, ese correveidile, ese soldadito dispuesto a cambiar de bando según convenga; y se entrega creíble con su aspecto desastrado. Verdaderamente el grupo no se agota en la consistencia que pone a lo largo de toda la función y nos mantiene en esa especie de acto religioso, de ese sacrificio necesario para lograr una paz efímera que se materializa con un corrido al que somos invitados con unas birras bien fresquitas. Los colochos nos convencen plenamente de la contemporaneidad de su propuesta. Nos hacen comprender, desde la brutalidad y desde los instintos salvajes — necesarios para la supervivencia en ambientes de jerarquía y malversación—, que aún hoy el deseo de poder es capaz de llevar a los hombres a las mayores atrocidades. La historia, en este sentido, no para de repetirse.

 

Mendoza

A partir de Macbeth de William Shakespeare

Idea original y dirección: Juan Carrillo

Adaptación: Antonio Zúñiga y Juan Carrillo

Intérpretes: Marco Vidal, Mónica del Carmen, Erandeni Durán, Leonardo Zamudio, Martín Becerra, Germán Villarreal, Ulises Martínez, Alfredo Monsivais, Roam León y Yadira Pérez

Iluminación: Mario Eduardo D’León

Vestuario: Libertad Mardel

Máscaras: Martín Becerra

Corrido: Lalo Laredo y Roam León

Producción: Los Colochos Teatro

Producción delegada y distribución: Carlota Guivernau

XXXV Festival de Otoño a Primavera

Teatros del Canal (Madrid)

Hasta el 4 de noviembre de 2017

Calificación: ♦♦♦♦

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