Go down, Moses

Romeo Castellucci plasma sobre la escena su concepción de la maternidad a través del mito mosaico

Foto de Guido Mencari
Foto de Guido Mencari

Epatar ante todo. Desplegar todos los recursos para generar un espectáculo subyugante y dejar a medio hervir la platea en la inauguración del XXXIV Festival de otoño en primavera. ¿Cuánto es necesario que le aportemos a la obra en cuestión con nuestras interpretaciones, con nuestro bagaje cultural, con nuestras paranoias subjetivas? Castellucci trabaja con los materiales del arte conceptual, pero te somete a su observación como si fueras el visitante de un museo. Este Go down, Moses (Desciende Moisés) expone varios cuadros lo suficientemente inconexos como para que tengamos, si queremos, que unirlos en una especie de relato algo endeble, lo cual requiere una descodificación. Inicialmente, un grupo de alborotados burgueses se reúnen en una exposición donde la acuarela de Durero, Liebre joven, da el pistón de salida. Tomemos cuenta. La liebre como símbolo de la fertilidad, pero, a la vez, como alimento prohibido, según le indicó Yahvé al propio Moisés (por ser rumiante, afirmaba el Ser Supremo. Sí, una liebre rumiante, dice la Biblia). Segundo cuadro: una turbina en acción provocando un gran estruendo, capaz de despedazar largos mechones femeninos. Tomemos cuenta. El poder de la máquina actual y su capacidad destructora, del sacralizado progreso barruntando su escalada prometeica, de la invalidación de la mujer como única dadora de vida, del futuro posthumano y desespiritualizado. Tercer cuadro. Cual pintura hiperrealista de Antonio López: un cuarto de baño. La mamá del profeta despatarrada, desangrándose y con el bebé como Carlos V. Tomemos cuenta. La joven solitaria, dolorida, escondiéndose del peligro. Una madre predestinada, sintiendo el peso del porvenir, un peso como una losa que tantas féminas han sentido y que hoy dan para polémicas tipo Madres arrepentidas (aspecto nada desdeñable para el tema que nos compete; coincide que el libro se basa en entrevistas a mamás israelíes). Cuarto cuadro. Un contenedor a rebosar del que surge el lloriqueo del bebé. Tomemos cuenta. El cesto (Moisés en este caso no será «el entregado por las aguas») se sustituye por el espacio próximo a las marginadas; por lo visto al dramaturgo le compungió conocer las declaraciones de todas esas mujeres que tiran a sus hijos al nacer. La paradoja se establece entre el recién nacido, la nueva vida, envuelto entre la muerte de los desperdicios y desechos. Quinto cuadro. Una comisaria. Primeros diálogos y más acción, pero también la escena realista más floja y falta de tensión. El comisario, interpretado por Sergio Scarlatella, interroga a la protagonista, Rascia Darwish, con un rostro que llega casi a la vesania, hiperconectada ya con el mito. Lo ha lanzado al Nilo. Y ellos todavía no saben que formarán un pueblo. Tomemos cuenta. Vuelve la liebre, en una lámina arrugada. Sexto cuadro.

Foto de Guido Mencari
Foto de Guido Mencari

La mujer es introducida en un TAC que viene a convertirse en una especie de túnel Lyncheano que la conecta con una caverna de neandertales donde asistimos al sexto cuadro. La maravilla a la que nos quiere dirigir Castellucci. Hay que recordar que durante toda la función una fina película nos separa de todo lo que acontece detrás (curiosamente en la temporada anterior del festival también tuvimos la oportunidad de contemplar un recurso similar con CINE) y que nuestra mirada se ve perturbada, ya sea por una iluminación que consigue sobredimensionar la escenografía o, justamente por lo contrario, por mantenernos en una nebulosa, como si todo lo observáramos a través de una mirilla desde un lugar ignoto. Así, esa cueva a la que Castellucci nos concita puede parecer irreal, una especie de fantasmagoría que se va abriendo a nuestros ojos. Dudamos si es una proyección de imágenes o un decorado auténtico o una fusión de los dos. La magia del espectáculo, lo que de verdad alcanza su punto máximo de teatralidad es el anacronismo entre la madre cavernícola, su mensaje de socorro (S.O.S.) (como si fuera una llamada de auxilio lanzada por la NASA a posibles extraterrestres en una situación de máxima angustia humanitaria) y la llegada de nuestra protagonista. Ese recorrido hegeliano de la historia, esa materialización del aquí y el ahora fundido en el espíritu de los tiempos del concepto de maternidad sintetiza todas las imágenes previas. A todo ello el ruido se combina con temas instrumentales, como el Wade in the water, todo un himno evangélico para los afroamericanos y que es versionado por John Wesley Work II y Frederick J. Work. Es otro elemento de mezcolanza posmoderna que, en resumen, nos debe hacernos replantear si este Go down, Moses es capaz de vertebrar una manifestación teatral que nos resulte suficiente. Para mí la respuesta es no. Por debajo de la performance, de los cuadros y el aparataje espectacular no transcurre un relato concreto que tenga que ver con el espacio-tiempo de la dramaturgia, una dialéctica peculiar que revitalice el mito de Moisés y, por lo tanto, en este aspecto se aleja de lo teatral. Es una función en la que se quieren plasmar una serie de ideas y para eso recurre a la retórica del arte conceptual, del videoarte (como si nos situáramos, por ejemplo, ante Emergence de Bill Viola), de la instalación, etc. Definitivamente, creo que filosóficamente posee demasiadas carencias, no me vale que lance motivos culturales repletos de sincronicidades y arquetipos jungianos si el propio autor no se postula coherentemente con lo expresado. Ahora, el deleite y la maravilla al que somos convocados en el desenlace justifican nuestro acercamiento.

Go down, Moses

Dirección: Romeo Castellucci

Textos: Claudia Castellucci y Romeo Castellucci

Reparto: Rascia Darwish, Gloria Dorliguzzo, Luca Nava, Stefano Questorio, Sergio Scarlatella, Manuela López Sánchez, Iman Padellano y Javier Troca

Decorados, vestuario e iluminación: Romeo Castellucci

Colaboración en el diseño de decorados: Massimiliano Scuto

Asistente del diseñador de iluminación: Fabiana Piccioli

Director de la construcción de decorados: Massimiliano Peyrone

Esculturas sobre el escenario, prótesis y maquinaria: Giovanna Amoroso e Istvan Zimmermann

Realización de vestuario: Laura Dondoli

Asistente de la composición sonora: Asa Horvitz

Producción ejecutiva: Socìetas Raffaello Sanzio

Festival de Otoño a Primavera

Teatros del Canal (Madrid)

Hasta el 15 de octubre de 2016

Calificación: ♦♦♦

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