Casa de muñecas

José Gómez-Friha dirige una propuesta sobre este clásico que atempera las ansias individualistas de los protagonistas

Para lo que se ha hecho en los últimos años con el célebre drama de Henrik Ibsen —podemos recordar la desastrosa Mecánica y la visión tarantina de Ximo Flores—, esta versión de Pedro Víllora es bien comedida. Se juega con la atemporalidad del suceso; porque podríamos situarla en los años cincuenta del siglo pasado, pero también en otras fechas. Apenas poseemos detalles escenográficos para contextualizar certeramente. Es una marca de Venezia Teatro —así lo comprobamos en sus dos anteriores espectáculos: Los desvaríos del veraneo y Tartufo— trabajar con un espacio abierto en el que entran en liza muy pocos elementos. Aquí, por ejemplo, destaca el vestuario, principalmente el de la protagonista, que se va cambiando de vestidos, siempre incidiendo en el rosa, y que bien simboliza la mayor libertad con la que cuenta esta Nora. También muestran gusto y elegancia los atuendos del resto; los tonos oscuros en las chaquetas de ellos y la esbeltez que se potencia en Elsa González. Todo este diseño corre a cargo de Paola de Diego. Sigue leyendo

Gross Indecency

Los famosos juicios a Oscar Wilde suben a escena con un espectáculo visualmente muy vigoroso

Posee Gabriel Olivares y su TeatroLab una veta verdaderamente interesante dentro del panorama escénico español, y que se fundamenta en la aplicación de técnicas como el método Suzuki. El director conoce los entresijos del teatro comercial; pero, como demuestra con obras como esta, también es capaz de indagar en creaciones que pretenden escapar de lo convencional. Ya nos llevamos una grata sorpresa con su montaje de Our Town, donde ya se introducía en estos procedimientos consistentes en el control del cuerpo, en el movimiento grupal, en un desarrollo coral del gesto, etc. Ahora, en la misma Sala Jardiel Poncela del Teatro Fernán Gómez, se aventura con Gross Indecency, esa «grave indecencia» por la cual Oscar Wilde terminó en la cárcel, acusado de sodomía. La historia de los tres juicios a los que se vio expuesto —en el primero de ellos el denunciante fue él mismo— es bien conocida, gracias a diferentes publicaciones y a películas con cierto éxito como Wilde (1997), de Brian Gilbert. Sigue leyendo

Nina

Un melodrama sobre el regreso de una joven actriz al pueblo donde nació su vocación

Foto de Carlos Luján

El dramaturgo José Ramón Fernández, de quien celebramos su versión de El laberinto mágico, decidió en 2003 que Nina, aquella incipiente actriz que emprenderá el vuelo en La gaviota de Chejov, vuelva como un alma en pena al presente para mostrar su periplo y el achaque de la nostalgia. El texto le valió el Premio Lope de Vega y la compañía La risa de Cloe, como lleva haciendo en los últimos años, la vuelve a poner en pie —con algunos cambios— en el Teatro Fernán Gómez. Desde el comienzo nos topamos con varios problemas que se arrastrarán hasta el final de función sin capacidad para remontar. Primeramente, está el enfoque del texto. Si ya la obra chejoviana es un fresco de la vida misma que nosotros observamos con motivación más por la distancia y la curiosidad que nos pueda provocar el ocultamiento de las emociones de muchos personajes que son un esbozo que debemos completar, aquí la cercanía de lo relatado —¿quién no mira con añoranza sus sueños de la adolescencia perdida?— viene cargada de tópicos: «Al final os casasteis. ¡Qué bien! Está igual»; la asunción de que la mayoría ha ido perfilando su familia más o menos. Sigue leyendo

Las bicicletas son para el verano

César Oliva versiona el ya clásico de Fernán Gómez treinta y cinco años después de su estreno

Foto de Pepe h

Se da una paradoja con el famoso texto de Fernando Fernán Gómez y es que resulta, seguramente, la obra más leída en los institutos. Lecturas en clase, con la participación de los alumnos y con una clara aprobación por su parte. Algo posee este drama que todavía los motiva. Digamos que funciona como actividad de corte literario. Sigue leyendo

Himmelweg

Raimon Molins dirige esta obra de Juan Mayorga ambientada en un campo de concentración nazi

himmelweg-fotoA veces uno tiene la sensación de que últimamente no para de hablar de teatro dentro del teatro. El metateatro invade el teatro en esa incapacidad de volver a la ficción. Es como si el propio teatro fuera consciente de que el espectador vive inmerso en un mundo en el que la fusión realidad-virtualidad va resultando indiferenciable y de que debiera recordarle que todo aquello es mentira para ser verdad. El metateatro puede ser un guiño y, también, como en el caso de Juan Mayorga, un auténtico discurso filosófico sobre la entidad esencial de lo dramático. Por lo tanto, debemos preguntarnos si estos procedimientos poseen coherencia o si son banales. Himmelweg (publicada en 2004) es, ante todo, la historia de los engaños. Partimos del engaño del nazismo en su locura eugenésica basada en el engaño de las razas humanas. Sigue leyendo

Tristana

Adaptación teatral de la célebre novela de Pérez Galdós protagonizada por Olivia Molina

Foto de Pedro Gato
Foto de Pedro Gato

La temporada anterior, y casi por estas fechas, pudimos ver una adaptación teatral de la novela que Pardo Bazán publicó en 1889 Insolación, cuando todavía se escribía cartas apasionadas con Pérez Galdós. Este escribió en 1892 Tristana, cuando la relación con la novelista gallega se había enfriado definitivamente. En ambas novelas se reflejan conflictos epocales sobre la liberación de la mujer, aunque desde perspectivas un tanto distintas. Ahora podemos asistir a la versión teatral de una obra que, ante todo, ha sido popular por la película que realizó Buñuel, y en la que su visión particular trastocaba demasiado los fundamentos del texto original. Lo que nos encontramos en escena es a una joven (diecinueve años) que vive bajo el cuidado de su tutor, don Lope Garrido, un viejo don Juan que ha aceptado hacerse cargo de la huérfana. Sigue leyendo

Tartufo

El clásico de Molière es modernizado hasta lograr un pastiche que disuelve sus fundamentos

Foto de J. Suárez
Foto de J. Suárez

Venezia Teatro me había dejado un buen sabor de boca con Los desvaríos del veraneo que presentaron hace unos meses, supieron darle brío al texto de Goldoni y nos hicieron pasar un buen rato. Muy diferentes sensaciones nos genera este Tartufo que, con aquello de las modernizaciones, se presenta delante de nuestros ojos como un pastiche sin rumbo al que se le han usurpado la esencia. Si como afirma el director de este montaje José Gómez-Friha: «La religión en el Tartufo es para mí anecdótico» (sic); entonces, ¿cuáles deben ser los fundamentos morales del gran protagonista (aunque la obra comience con su voz emitiendo rezos)? Esta es una cuestión elemental, puesto que la versión de Pedro Víllora ha reducido los personajes y ha hecho desaparecer, entre otros, a Cleanto, el cuñado de Orgón, con el que debería tener una serie de conversaciones propicias para concretar la impostura que se está llevan a cabo. Y es que esta función va derivando paulatinamente hacia la parodia y hasta, en ocasiones, la astracanada. Debo reconocer que comienza con fuerza y que la comicidad entra en acción enseguida. La ironía será constante y los minutos de diversión, como luego comentaré, trufan el espectáculo con verdadero ingenio y desparpajo. Inicialmente, Madame Pernelle, la madre de Orgón, bravamente encarnada por Vicente León, es capaz de lanzar acusaciones casi inquisitoriales a los habitantes de la casa, echándoles en cara la desfachatez de sus tratos sociales. Es ahí cuando se marcan los dos bandos: de rojo, los defensores de Tartufo, y de verde, sus contrarios. Sigue leyendo

La venganza de don Mendo

Una propuesta sin empaque sobre la popular astracanada de Muñoz Seca

Foto de Antonio Castro
Foto de Antonio Castro

Cada poco tiempo es conveniente que los nuevos públicos, las nuevas generaciones, se enfrenten a esas comedias clásicas o, como en este caso, a una astracanada convertida automáticamente en popular. El problema fundamental que nos encontramos con las parodias es la lejanía de lo parodiado; si bien, no es óbice para que funcione el artefacto, sí que es preciso resaltar ciertos aspectos humorísticos para que el verdadero objetivo, consistente en hacer reír, se logre. Está claro que ya no triunfa el teatro poético al estilo de Marquina, con esas obras basadas en hechos históricos (deformados al gusto del patriótico respetable) que tanto abundaban en las tablas de principios del siglo XX, por consiguiente, es necesario buscar otros efectos. Curiosamente, en 1977 se presentó en esta misma sala del Teatro Fernán-Gómez una exitosa puesta en escena de La venganza de don Mendo, dirigida por Gustavo Pérez Puig, a la que podemos acceder a través de internet. Y si antes comentaba que es pertinente revisitar nuestro clásico, también es adecuado comparar e intentar descubrir de qué manera se acogían estos montajes, ya sea desde la creación o desde la recepción. Y lo que se deduce es que la producción llevada a cabo por Salvador Collado y dirigida por Jesús Castejón, en principio, necesita más jolgorio, más exageración, más brío y, principalmente, más ambición escénica. Sigue leyendo

Animales nocturnos

La obra de Juan Mayorga cuenta cómo la corrupción moral nos lleva a esclavizar a nuestros congéneres

Animales nocturnos - FotoLa condición de fragilidad se hace patente en escena en el mismo instante en que el Hombre Bajo se sienta frente al Hombre Alto y le intimida con su franca sonrisa: «Usted sí lo es. Extranjero». El empoderamiento político y sentimental lanzan sus garras sobre las debilidades de unos individuos, ya de por sí encerrados en un contexto social repleto de reglas. Sin llegar al punto de convertirse la función en una muñeca rusa, un armatoste pentagonal en el que se incluyen los dos pisos de sendas parejas, determina el devenir estético de una obra que ayuda al ocultamiento. Uno de los principales aspectos por los que sobresale el escrito de Juan Mayorga es la redondez de sus personajes. Contamos, por una parte, con el Hombre Alto y su novia, la Mujer Alta; él, Pablo Gómez-Pando carga con el protagonismo desde una interpretación vivaz y detallista, muy curtida. Su papel de celador conlleva altas dosis de encubrimiento y camuflaje, pero como ocurre con el resto de intervinientes, también imparte, con un engañoso tono de afabilidad, sus desprecios y críticas a la labor como traductora de su chica; esta, Viveka Rytzner, es el individuo más racional y prudente de todos, manifiesta su valor y arrojo en los momentos cumbre; se expresa con dulzura y, también, con seriedad y determinación. En la parte contraria, el Hombre Bajo nos depara a un Jesús Torres que pausadamente nos entrega a un cínico y torticero manipulador que, a primera vista, nos hace sospechar de su psicopatología. Le acompaña Irene Serrano como Mujer Baja, introduciendo a uno de los personajes que más deben evolucionar y que favorece que la actriz despliegue un abanico de timbres que proceden desde la taciturnidad de una insomne a la satisfactoria encarnación de una nueva villana. Sigue leyendo