La venganza de don Mendo

Una propuesta sin empaque sobre la popular astracanada de Muñoz Seca

Foto de Antonio Castro
Foto de Antonio Castro

Cada poco tiempo es conveniente que los nuevos públicos, las nuevas generaciones, se enfrenten a esas comedias clásicas o, como en este caso, a una astracanada convertida automáticamente en popular. El problema fundamental que nos encontramos con las parodias es la lejanía de lo parodiado; si bien, no es óbice para que funcione el artefacto, sí que es preciso resaltar ciertos aspectos humorísticos para que el verdadero objetivo, consistente en hacer reír, se logre. Está claro que ya no triunfa el teatro poético al estilo de Marquina, con esas obras basadas en hechos históricos (deformados al gusto del patriótico respetable) que tanto abundaban en las tablas de principios del siglo XX, por consiguiente, es necesario buscar otros efectos. Curiosamente, en 1977 se presentó en esta misma sala del Teatro Fernán-Gómez una exitosa puesta en escena de La venganza de don Mendo, dirigida por Gustavo Pérez Puig, a la que podemos acceder a través de internet. Y si antes comentaba que es pertinente revisitar nuestro clásico, también es adecuado comparar e intentar descubrir de qué manera se acogían estos montajes, ya sea desde la creación o desde la recepción. Y lo que se deduce es que la producción llevada a cabo por Salvador Collado y dirigida por Jesús Castejón, en principio, necesita más jolgorio, más exageración, más brío y, principalmente, más ambición escénica. Todos los juegos lingüísticos pergeñados por Muñoz Seca y que, a la postre, son la seña primordial del astracán, requieren una viveza que nos permita entrar en una obra que, verdaderamente, es un desatino. Porque, lógicamente, cuenta con un argumento manido, enrevesado e inverosímil, tanto como alguno de aquellos textos serios a los que deseaba parodiar. Las intrigas, los líos amorosos, la predisposición de algunos personajes, como Magdalena, interpretada por Cristina Goyanes con algo de retraimiento para el flirteo y el engaño, o como la Doña Berenguela, que encarna Karmele Aranburu de forma tan caricaturesca, rodean la historia de Don Mendo, quien presa del desamor busca la oportunidad para vengarse. De alguna manera, la función se salva por las capacidades actorales que atesora Ángel Ruiz, su propensión a la mueca, al gesto, a la floritura, además de su dicción y ese tono de voz algo chillón, nos deparan los mejores momentos, esencialmente en el tercio final, cuando los cruces de amantes y descubrimientos generan en la cueva todo tipo de escarceos que nos lanzan hacia un desenlace imperiosamente tragicómico. El resto del elenco ofrece actitudes desiguales, mientras que Jesús Cabrero, envestido de Moncada, el fiel amigo de Don Mendo, muestra su porte y agilidad, Valery Tellechea no matiza suficientemente la astucia de su Azofaifa. Graciosa, muy al estilo Monty Phyton (herederos anglosajones de este tipo de parodias), Roberto Quintana transmutado en Doña Ramírez. Marcelo Casas se tiene que multiplicar tomando buena sintonía con el Rey Don Alfonso VII. En definitiva, un grupo reducido en intérpretes y en personajes que intenta sacar adelante una propuesta parca en la desenvoltura y con un descanso de veinte minutos tras el segundo acto que no viene a cuento (si es que no hubo algún problema técnico que desconozco). Una función, sin contar este intermedio disfórico, de apenas hora y media. Sin embargo, sí que merece la pena destacar el vestuario de Ana Garay y Rafael Garrigós, que sobresale por los detalles ornamentales tanto de las telas como de los elementos accesorios: capelinas, cinturones o velos; todo ello en auténtico contraste con una austera, aunque funcional, escenografía creada, básicamente, por dos enormes paneles parduzcos sobre una plataforma circular que ha ideado Ricardo Sánchez Cuerda. Poco más se puede comentar de este Don Mendo tan descafeinado.

La venganza de don Mendo

Autor: Pedro Muñoz Seca

Director: Jesús Castejón

Reparto: Ángel Ruiz, Cristina Goyanes, Roberto Quintana, Jesús Cabrero, Valery Tellechea, Jesús Berenguer, Karmele Aranburu, Marcelo Casas, Chema Pizarro, Cristina Arias, Carmen Angulo, Mari Ángeles Fernández, Luis Romero, Ariel Carmona y Raúl Resino.

Escenografía: Ricardo Sánchez Cuerda

Vestuario: Ana Garay y Rafael Garrigós

Iluminación: Carlos Merino

Música: Luis Delgado

Codirección y coreografía: Nuria Castejón

Asesoría de verso: María José Goyanes

Cartel: Manolo Cuervo

Producción: Salvador Collado

Teatro Fernán-Gómez (Madrid)

Hasta el 2 de octubre de 2016

Calificación: ♦♦

Texto publicado originalmente en El Pulso.

 

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