Enigma Pessoa

Pablo Viar propone una mirada algo naíf sobre el famoso escritor lisboeta a través de retazos de su vida

Cuando uno admira a un artista, en este caso un poeta, y se ha imbuido en sus obras; más allá de su biografía, construye un itinerario vital ficticio, una especie de recreación romántica absolutamente particular. Reconozco que, seguramente por esperar un montaje que encajara más o menos con esa imagen que uno ha creado en su cabeza, este espectáculo me ha decepcionado mucho. Es más, apenas he llegado a creerme que ese de ahí, ese tipo de bigote que deambula por el escenario, sea el gran escritor lisboeta. Ante un texto que se titula Enigma Pessoa se espera que se demuestre que realmente aquel es un misterio ―como así lo es―, para después intentar desvelarlo ―aunque sea imposible―. Las incógnitas que atenazan la personalidad de este paradójico y polifacético autor están plenamente relacionadas con sus heterónimos, con esas máscaras (Pessoa, ‘persona’, ‘máscara’). Más de setenta, por lo visto, que fue adoptando a lo largo de su existencia y que, incluso, empleaba fuera de la ficción literaria. Sigue leyendo

La venganza de don Mendo

Una propuesta sin empaque sobre la popular astracanada de Muñoz Seca

Foto de Antonio Castro
Foto de Antonio Castro

Cada poco tiempo es conveniente que los nuevos públicos, las nuevas generaciones, se enfrenten a esas comedias clásicas o, como en este caso, a una astracanada convertida automáticamente en popular. El problema fundamental que nos encontramos con las parodias es la lejanía de lo parodiado; si bien, no es óbice para que funcione el artefacto, sí que es preciso resaltar ciertos aspectos humorísticos para que el verdadero objetivo, consistente en hacer reír, se logre. Está claro que ya no triunfa el teatro poético al estilo de Marquina, con esas obras basadas en hechos históricos (deformados al gusto del patriótico respetable) que tanto abundaban en las tablas de principios del siglo XX, por consiguiente, es necesario buscar otros efectos. Curiosamente, en 1977 se presentó en esta misma sala del Teatro Fernán-Gómez una exitosa puesta en escena de La venganza de don Mendo, dirigida por Gustavo Pérez Puig, a la que podemos acceder a través de internet. Y si antes comentaba que es pertinente revisitar nuestro clásico, también es adecuado comparar e intentar descubrir de qué manera se acogían estos montajes, ya sea desde la creación o desde la recepción. Y lo que se deduce es que la producción llevada a cabo por Salvador Collado y dirigida por Jesús Castejón, en principio, necesita más jolgorio, más exageración, más brío y, principalmente, más ambición escénica. Sigue leyendo

La sesión final de Freud

Freud y C. S. Lewis dialogan sobre Dios en uno de los momentos cruciales de la historia del siglo XX

La sesión final de Freud - FotoSiempre es sugerente escuchar una conversación acerca de Dios si los interlocutores son lo suficientemente inteligentes como para plantear cuestiones pertinentes. Estamos al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, Freud se muere de cáncer y recibe la visita de C. S. Lewis, un novelista y profesor de unos cuarenta años que terminará siendo muy popular gracias a Las crónicas de Narnia. Enseguida comienza una charla que, por momentos, se aproxima a la contienda. El anfitrión es uno de los más claros exponentes del ateísmo durante el siglo XX, como buen seguidor de Darwin y bajo la influencia de Nietzsche. Enfrente se sitúa un convertido, alguien que descreía de Dios, pero que, gracias a la compañía de ciertos amigos escritores como Tolkien o la lectura de Chesterton u otros autores como Milton, terminó encontrando un momento de inspiración, de epifanía mistérica: una noche decide que Dios es Dios y punto. Sigue leyendo

Tomás Moro, una utopía

El Teatro Fernán Gómez acoge una obra con fragmentos de Shakespeare sobre el martirio del gran pensador londinense

Tomás MoroAl igual que pensaba Sócrates, para Tomás Moro la coherencia con sus propias ideas, se torna inapelable. Si espera la muerte por su defensa, que llegue. Y así comienza la obra teatral creada al alimón por Shakespeare y otros dramaturgos de la época. El pensador, recluido en prisión, rememora, con la ayuda de un historiador, el tipo de vida que le ha llevado hasta allí. Es precisamente la figura de ese historiador, la que desencaja los propios acontecimientos. Ángel Ruiz da forma, con su habitual gracia escénica, a una especie de narrador del presente (vestido de traje y corbata) que se inmiscuye, de vez en cuando, entre las escenas para ofrecernos explicaciones que no parecen del todo adecuadas, a no ser que se espere a un público juvenil, que precise esas puntualizaciones, e, incluso, bromas intemporales como una fotografía a modo de retrato familiar. Sigue leyendo