José Luis Alonso de Santos ofrece claridad y didactismo en esta versión de la tragedia cervantina en los Teatros del Canal

Un signo de los tiempos es la búsqueda de que todo producto cultural que aspira a concitar a un número amplio de espectadores no solo los busque de una edad, sino de varias. Para lograr esto se acometen diferentes procedimientos que favorecen la hibridez de lenguajes para que unos pillen algo y otros todo, aunque sea con cierta estupefacción. Sucede en el cine, en la televisión y en el teatro. Consiste esencialmente en suavizar argumentarios y en dar explicaciones. Y que la misma función valga para los bachilleres y para los adultos. Aquí José Luis Alonso de Santos busca la nitidez en el lenguaje para una obra compleja. Sigue leyendo


Que conozcamos de sobra el desenlace, no quita para que la batalla dialéctica nos dé un impresionante morbo. El resto de personajes pueden quedar en la sombra y en silencio. Los avatares bélicos propician el movimiento de las piezas en la partida erótica, y el erotismo es una máscara aviesa por sujetar un poder muy quebradizo. ¿Quién hace más teatro? ¿Cleopatra o Marco Antonio? Nuestra mirada romántica nos hace crédulos ante tales arrumacos en los primeros instantes; pero ahí se dirime mucho más. En concreto, la supervivencia política. La reina de Egipto había hecho lo propio con Julio César y ahora no tendría inconveniente en volver a «venderse» a otro romano. 



