Enigma Pessoa

Pablo Viar propone una mirada algo naíf sobre famoso escritor lisboeta a través de retazos de su vida

Cuando uno admira a un artista, en este caso un poeta, y se ha imbuido en sus obras; más allá de su biografía, construye un itinerario vital ficticio, una especie de recreación romántica absolutamente particular. Reconozco que, seguramente por esperar un montaje que encajara más o menos con esa imagen que uno ha creado en su cabeza, este espectáculo me ha decepcionado mucho. Es más, apenas he llegado a creerme que ese de ahí, ese tipo de bigote que deambula por el escenario, sea el gran escritor lisboeta. Ante un texto que se titula Enigma Pessoa se espera que se demuestre que realmente aquel es un misterio ―como así lo es―, para después intentar desvelarlo ―aunque sea imposible―. Las incógnitas que atenazan la personalidad de este paradójico y polifacético autor están plenamente relacionadas con sus heterónimos, con esas máscaras (Pessoa, ‘persona’, ‘máscara’). Más de setenta, por lo visto, que fue adoptando a lo largo de su existencia y que, incluso, empleaba fuera de la ficción literaria. Cada heterónimo es una perspectiva distinta, un modo de enfrentarse a la metáfora. Así, comprobamos (podemos recurrir a la poesía completa bilingüe publicada por la editorial Abada) las diferencias entre Alberto Caeiro, Álvaro de Campos, Fernando Reis o el propio Pessoa en su único poemario publicado en vida, Mensaje. Inevitable extraer de su obra magna, Libro del desasosiego, firmado por Bernardo Soares, su nihilismo, su desesperación y, también, su vitalismo, como el de un bipolar inasible. ¿Quizás loco? Le rondó una psicosis histérico neurasténica. Esta amalgama no se percibe en la dramaturgia de Pablo Viar; porque su retrato es excesivamente naíf, infantil; hasta cursi en algunas de esas cartas («rídiculas», las llegó a denominar) que refieren sus fracasos amorosos ―probablemente premeditados, lo que ha llevado a pensar en su homosexualidad (o, directamente, asexualidad). Plantear una semblanza sobre Fernando Pessoa y no pegarle un vaso de vino a la mano durante toda la función es obviar lo importante que fue el alcohol; tanto que lo llevó prematuramente a la muerte con 47 años, delirium tremens mediante. Ni por asomo su lado oscuro, su affaire con Aleister Crowley, su interés por el esoterismo y por las ciencias ocultas. Y, aunque la valiosa escenografía de Ricardo Sánchez Cuerda nos dibuja esa Lisboa de cuando regresó el poeta tras pasar sus primeros años de vida en Sudáfrica, a través de proyecciones elaboradas por Tucker Dávila Wood (visualmente es una propuesta con pujanza, pero la presencia de un maniquí de mujer en el fondo es algo tenebroso), no se acaba de transmitir que la capital de Portugal y Pessoa eran todo uno, que sus paseos por la Baixa y sus visitas permanentes a los cafés (el famoso A Brasileira), fuera el hábito oxigenante de alguien que hacía equilibrios sobre el abismo existencial. En fin, el ritmo es lento, pesado a veces, salpicado de escenas, de voces, de onirismo que no terminan de reconducirse. David Luque se encarna en el protagonista y le dota de un aire de ensimismamiento; mientras que Emilio Gavira le da el pie interpretando papeles de más o menos enjundia. No puede haber queja sobre la entrega de estos solventes actores. La verdadera cuestión es descubrir qué idea se llevará el espectador que no conociera a Pessoa (el público aplaudió a rabiar); porque esto es una pincelada muy tímida, poco profunda, que se disuelve en una función breve y, eso sí, de apariencia atractiva. La respuesta, entonces, a ese enigma debe radicar en el desenmascaramiento, no obviando que aquello que nos podemos encontrar sea lóbrego, cargado de angustia, de saudade recalcitrante sobre un tiempo rebasado de sebastianismo, de impotencia propia de alguien sin las capacidades sociales necesarias para atrapar el mundo fuera de los caparazones. Pablo Viar ha carecido de ambición espeleológica.

Enigma Pessoa

A partir de poemas, textos y cartas de Fernando Pessoa

Dramaturgia y dirección: Pablo Viar

Reparto: David Luque y Emilio Gavira

Voz de Pessoa niño: Iñaki Lorenzo Roldán

Escenografía: Ricardo Sánchez Cuerda

Vestuario: Jesús Ruiz

Iluminación: Carmen Martínez

Diseño de sonido: Javier Almela

Diseño de proyecciones: Tucker Dávila Wood

Ayudante de dirección: Carlos Roó

Técnico de audiovisuales: Ignacio Hita Prats

Producción: Come y Calla

Teatro de La Abadía (Madrid)

Hasta el 10 de noviembre de 2018

Calificación: ♦♦

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