Proyecto Edipo

Sófocles y el futuro postaurino se imbrican en este angustioso montaje escrito y dirigido por Gabriel Olivares

Muy posiblemente, a tenor de lo que hemos podido observar en las últimas temporadas, sea Edipo la figura mitológica que ocupa el primer lugar en atractivo teatral. Podemos recordar la versión de Sanzol, el Edipo en Colono de Wajdi Mouawad, la mirada humorística de los portugueses Companhia do Chapitô y hasta el Tebas Land de Sergio Blanco. Gabriel Olivares ha pretendido dar una vuelta de tuerca y, en cierta medida, lo ha conseguido. Más, desde luego, por su dirección, apoyada en la técnica del view points y por esa sobredimensión escenográfica con la que acierta a mostrárle al espectador todo el esqueleto de ese peculiar escenario del Teatro Fernán Gómez. Visualmente el espectáculo viene cargado de potencia y de una intensidad que propende en esa estética postapocalíptica. Evidentemente, el trabajo de Felype de Lima es fundamental. La blancura del vestuario, otra vez un híbrido entre los hábitos que nos remiten a las sacerdotisas griegas de Delfos y, a la vez, a los uniformes que podemos encontrar en La guerra de las galaxias o en todas esas películas futuristas que lo recargan todo con el blanco. Comprenderá que es inevitable acordarnos de Tomaz Pandur, también por esa falsa sencillez en las tablas; aquello se puebla con elementos multiusos que van trazando diferentes espacios, como un hospital siquiátrico o un ruedo improvisado, con la iluminación de Carlos Alzueta, como si procediera de una nave espacial en el desguace o de un búnker habilitado ante la radiación ambiental. Sigue leyendo

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Escena – Fin de temporada 2017-18

Un recuerdo de lo mejor que hemos podido admirar en los escenarios durante este curso

Nuevamente llega la hora de pegar un repaso a esta temporada que, como no podía ser de otra manera, ha dejado obras meritorias destinadas al recuerdo y otras, que nos servirán de contrapunto en su fallo. Me quedaré con las primeras y no haré más escarnio con las segundas; aunque ambas dialogan en el meollo de nuestra escena teatral contemporánea. Se sigue echando en falta menos complacencia con el poder y con los «nuevos» discursos políticamente correctos. El teatro actual, en general, o es pacato o es directamente de un populismo ―muy aplaudido, por cierto―, que daña a la inteligencia. Mostrar, por parte de aquellos que tienen pretensiones, aquello que tu público espera conceptualmente, es una traición a la controversia. De lo poquito que ha destacado en cuanto al cuestionamiento de carácter político ha sido Juegos para toda la familia de Sergio Martínez Vila que, a pesar de que no termina de redondearse, nos deja un poso de inquietud. Sigue leyendo

Gross Indecency

Los famosos juicios a Oscar Wilde suben a escena con un espectáculo visualmente muy vigoroso

Posee Gabriel Olivares y su TeatroLab una veta verdaderamente interesante dentro del panorama escénico español, y que se fundamenta en la aplicación de técnicas como el método Suzuki. El director conoce los entresijos del teatro comercial; pero, como demuestra con obras como esta, también es capaz de indagar en creaciones que pretenden escapar de lo convencional. Ya nos llevamos una grata sorpresa con su montaje de Our Town, donde ya se introducía en estos procedimientos consistentes en el control del cuerpo, en el movimiento grupal, en un desarrollo coral del gesto, etc. Ahora, en la misma Sala Jardiel Poncela del Teatro Fernán Gómez, se aventura con Gross Indecency, esa «grave indecencia» por la cual Oscar Wilde terminó en la cárcel, acusado de sodomía. La historia de los tres juicios a los que se vio expuesto —en el primero de ellos el denunciante fue él mismo— es bien conocida, gracias a diferentes publicaciones y a películas con cierto éxito como Wilde (1997), de Brian Gilbert. Sigue leyendo

Our town

Llega el clásico de Thornton Wilder interpretado coralmente con los mínimos elementos

Our town - FotoEl texto con el que ganó el Pulitzer en 1939 Thornton Wilder huele a la inocencia ingenua; es una especie de reclamo pre-contemporáneo repleto de bucolismo, antes de que tuviéramos que convivir con máquinas inteligentes y con los mecanismos de la mercadotecnia dispuestos a vender hasta nuestras mismas emociones. En la órbita de Frank Capra, en el despojo esencial de los vicios y de las virtudes, asistimos a la vida cotidiana de Grover´s Corner, un pequeño pueblo del este de los Estados Unidos, a principios del siglo XX. Gente normal y corriente materializando un tiempo que se escapa —mucho más lentamente que ahora— en la inconsciencia de la mortalidad. Una historia básica del ser humano, concreta y general, puntual y anodina, pero cargada de los resortes que se disparan cuando ya todo es demasiado tarde. Sigue leyendo