El pantano

Hamlet se transforma en una tragedia rural ideada por el director teatral Fernando Ferrer

El pantano - FotoSi el dramaturgo argentino versionó con mucho sentido hace unos años El rey Lear con La fiesta del viejo; ahora hace lo propio con Hamlet. Digamos que ha reconvertido el clásico de Shakespeare en un drama rural que, por necesidades, se nos muestra aderezado por elementos propios del Romanticismo. Porque esta es quizá la mayor pega que le encuentro a esta actualización, y es que se nos remita a «voces» en el pantano, a presencias, si se quiere. Y que este hecho venga relatado, más que representado, fundamentalmente en el segundo acto de los tres que componen este montaje de hora y media. Es decir, no se nos introduce con suficiencia en un ambiente fantasmagórico que justificase lo misterioso y lo paranormal. Sigue leyendo →

Cómo convertirse en piedra

Manuela Infante crea una atmósfera pétrea para introducirnos en el mundo de la minería del cobre en Chile

Cómo convertirse en piedra - FotoResulta muy desconcertante esta pieza en los inicios. Uno se siente sin asidero posible en la lentitud de esos individuos que cargan sobre sí a muñecos que visten como ellos, como un doble, como un muerto viviente y su espíritu a punto de salir hacia el cielo. No deja de ser una visión, a la postre, de unos mineros y su entorno, petrificados bajo la lápida, intoxicados, enverdecidos por el cobre que se debe extraer. Pero hasta llegar a esto, la deriva es fantasmagórica, cuasi surrealista, una ensoñación marciana de la que debemos atar cabos. Y eso el espectador lo logra justo en los últimos quince minutos, cuando el montaje cobra gran sentido y hasta grandiosidad conceptual; porque se adentra muy valiosamente en un teatro social sui géneris. Sigue leyendo →

True West

Tristán Ulloa y Kike Guaza se encarnan en los hermanos que protagonizan esta historia con tintes de western, escrita por el actor y dramaturgo Sam Shepard, y que dirige Montse Tixé en el Matadero

True West - Foto de Javier Naval
Foto de Javier Naval

Si Sam Shepard, en esta obra que estrenó en 1980, quería dejar patente el espíritu del «verdadero oeste» americano; entonces hemos de deducir que lo halla en la competencia violenta entre hermanos. Conquistar esa inmensidad salvaje, llegar el primero, enriquecerse como nadie y dejar que aquel espacio sin leyes definidas, si Dios lo consiente, configuran un mito que llega hasta el presente.

Uno se hace en el otro, uno invade el territorio del rival para realizarse y liberarse de sus más claras ataduras. Uno queriendo demostrar su inteligencia, su imaginación a través de la pura vivencia, para imponerse a la fantasía artificial del guionista. Mientras que, a la inversa, el apocado, el buenecito, el caritativo que ha ayudado tanto a su padre, anhela quitarse el corsé, y no solo se agarra a la botella imperiosamente; sino que se convierte en un pasota y en un ladrón. Lo interesante es que no les vale para autorrealizarse y avanzar en su vida desde una purificación esperanzadora, sino que se acaban autodestruyendo, con la aquiescencia de su madre que, de alguna forma, se lo veía venir, pues de tal palo tales astillas. A la postre, debemos pensar que Lee ha infectado a Austin, pues este último no necesita desbravarse de esa manera tan infantil. Porque sí, ambos, en gran medida, son unos inmaduros, que nos lanzan casi al slapstick propio del Chaplin en alguno de sus papeles como borrachín. Y es ahí cuando logran hacernos reír. Sigue leyendo →

Laponia

Cristina Clemente y Marc Angelet han escrito una comedia que introduce una gran diversidad de temas en el clásico género del enfrentamiento de parejas

Laponia - Foto de Nacho Peña
Foto de Nacho Peña

Puede que esta obra conlleve unos prejuicios que provoquen reticencias en cierto público. Pero esto es lo que implica que el Teatro Maravillas se enmarque con la etiqueta de «comercial». No obstante, Laponia es una obra que está entre lo mejor que se puede ver ahora mismo —y en los últimos tiempos— dentro de ese género burgués del enfrentamiento entre parejas que tanto abunda en las salas —incluidas las de cine—; de hecho, la propia Tamzin Townsend ya se puso al frente de Un dios salvaje, de Yasmina Reza. La lista de referencias es larga: Los vecinos de arriba, de Cesc Gay, Anfitriones, de Inge Martín, Demonios, de Lars Norén o la catastrófica El peligro de las buenas compañías, de Javier Gomá. Podría seguir; aunque creo que es suficiente como para hacernos una idea de nuestro marco de referencia. Se debe afirmar con rotundidad que el texto de Cristina Clemente (de quien he visto Andrea Pixelada) y Marc Angelet posee ingenio y que se adentra en cuestiones morales de gran enjundia. Sigue leyendo →

Miércoles que parecen jueves

El mundo metaliterario del novelista Juan José Millás salta a escena a través de una conferencia dramática comandada por Clara Sanchis

Miércoles que parecen jueves - FotoConviene no escuchar este monólogo con el runrún de la Ley Trans de fondo, no vaya a ser que uno llegue incluso a considerar tránsfobo al autor, al especular con este gesto tan pirandelliano como cervantino de autodeterminarse, no ya en un hombre, siendo, en apariencia, Clara Sanchis una mujer, sino en un tipo concreto, es decir, toda una usurpación de la personalidad, sin recurrir al deep face, simplemente acogiéndose al pacto mágico de la ficción. Ya digo, cuidado con los efectos performativos del transformismo y de las patologías de nuestra entidad, no vaya a ser que desviemos el tema. Sigue leyendo →

Miles Gloriosus

Carlos Sobera se enviste del soldado engreído para ganarse al público en un espectáculo que busca denodadamente el entretenimiento

Miles Gloriosus - FotoViene comandada por Carlos Sobera esta versión del clásico plautino tantas veces representado, y que tanto ha influido en las comedias de enredo. Ciertamente, se representa con esa pátina comercial —como si la propia obra no lo fuera ya suficiente—, que consiste en reducir un tanto el argumento y el número de personajes, y en dejar que la estrella televisiva se gane al público desde el primer instante con sus modos de sugestión. Tal es así, que su entrada es triunfal, cantando para autodescribirse. No solo atraviesa el pasillo principal de la platea con su gran penacho, sino que es capaz de hacer carantoñas y caricias a más de un espectador, con esa sonrisa franca que tiene aquí el destello de la fanfarronería. Sigue leyendo →

La Toffana

La historia de la alquimista Giulia Toffana salta a escena a partir del texto escrito por la dramaturga y novelista Vanessa Montfort

La Toffana - Foto de Javier Naval
Foto de Javier Naval

Desde luego, a priori, la historia que presenta Vanessa Montfort —quien llevó a escena su obra El síndrome del copiloto hace unos meses—, resulta muy interesante, máxime cuando no parece que haya demasiada información acerca de esta mujer llamada Giulia Toffana, que propició la muerte de varios centenares de maridos. Ya que puso en circulación su Aqua, todo un veneno metido en un frasco con San Nicola di Bari dando su bendición. La susodicha procedía de Sicilia, de Palermo, y había observado de joven cómo se manejaba su madre, Theofania d’Adamo, una célebre alquimista del lugar y que había asesinado a su esposo, después de que este abusara de ella. Sigue leyendo →

El encanto de una hora

Carlos Tuñón se empeña en exprimir una obra inane de Jacinto Benavente perteneciente a su Teatro fantástico

El encanto de una hora - FotoSi quitamos de nuestra cabeza el nombre de Jacinto Benavente y su Nobel, y la ínfima aura que aún le quede en nuestra sociedad, díganme qué sacan de un espectáculo como este. No pasa de mero ejercicio dadaísta. No es que sea nihilista o se escuche hablar del aburrimiento, es que es una nada y un aburrimiento. Me parece una pieza estúpida que se alarga en media hora de vacío, que no valdría ni como gag de humor absurdo firmado por Tricicle.

Aducir, como ha llegado a hacer, Carlos Tuñón que aquí está lo que después firmaron Lorca o Beckett, es una falacia esperpéntica. Del teatro modernista y de una conjunción de factores surgieron las vanguardias y sus continuaciones de postguerra; pero El encanto de una hora no deja de ser un simple esbozo estilístico que, fuera del papel, no tiene recorrido posible. Quizás, si observáramos el conjunto de las piezas que configuran el Teatro fantástico de Benavente, podríamos atar cabos, coger de aquí y de allí, entender una tradición, la del Arlequín, los efluvios románticos y simbolistas o el mundo infantil al que, por fin, se le quería dar cabida —véase el proyecto de Benavente del Teatro de los Niños, en el que se incluiría La cabeza del dragón, de Valle-Inclán, que ahora se representa en el María Guerrero—. Sigue leyendo →

La cabeza del dragón

Lucía Miranda sobredimensiona la pequeña farsa infantil de Valle-Inclán para darle un vuelo espectacular

La cabeza del dragón - Foto de Bárbara Sánchez Palomero
Foto de Bárbara Sánchez Palomero

Difícil es pensar que se pueda exprimir escénicamente tanto un texto infantil como La cabeza del dragón; pero Lucía Miranda ha creado un espectáculo maravillante y lo ha dirigido con el respeto justo al autor para ganarse su dosis de libertad. El Teatro María Guerrero se ha llenado de múltiples personajes que aparecen por doquier, ocupando cualquier recodo posible, mucho más allá de la caja escénica, y convirtiendo los palcos en reductos mágicos y grotescos, donde permea el mundo adulto, ese que se esconde en la astucia del autor. No obstante, esa remisión a los que han superado la mayoría de edad y que serán los que ocuparán las butacas en cada función, no son suficientes como para crear un interés superior por un argumento cargado de tópicos, por muy ingeniosos que sean. Es una obra, esta de Valle, que llega hasta donde llega. Sigue leyendo →