Miles Gloriosus

Carlos Sobera se enviste del soldado engreído para ganarse al público en un espectáculo que busca denodadamente el entretenimiento

Miles Gloriosus - FotoViene comandada por Carlos Sobera esta versión del clásico plautino tantas veces representado, y que tanto ha influido en las comedias de enredo. Ciertamente, se representa con esa pátina comercial —como si la propia obra no lo fuera ya suficiente—, que consiste en reducir un tanto el argumento y el número de personajes, y en dejar que la estrella televisiva se gane al público desde el primer instante con sus modos de sugestión. Tal es así, que su entrada es triunfal, cantando para autodescribirse. No solo atraviesa el pasillo principal de la platea con su gran penacho, sino que es capaz de hacer carantoñas y caricias a más de un espectador, con esa sonrisa franca que tiene aquí el destello de la fanfarronería. El intérprete se encarna en este soldado tan altivo, con su toda su colección de gestos, y rozando la sobreactuación; porque tanta hipérbole sobre su persona, ejecutada con una apostura tan grandilocuente, nos deja con la sensación de que Sobera no termina de abandonar el plató de Telecinco para adentrarse totalmente en ese otro lenguaje que implica el teatro. No hay más que ver a Ángel Pardo, que es quien sobresale más con su actuación. Su papel, Geta, un sirviente muy avispado de nuestro engolado protagonista, se encarga de pergeñar todo el asunto del equívoco, pues de eso trata este entretenimiento. El actor comanda la función con brío y tono picaresco, para compactar toda la trama e hilarla con suficiente consistencia. De cómo se utiliza este personaje es lo mejor en esta adaptación de Antonio Prieto, quien, como suele ocurrir, ha buscado nombres más sencillos para los distintos caracteres que los que puso Plauto, a finales del siglo III a. C. Pero ya digo que, como luego haría Shakespeare en La comedia de los errores, en esa tradición de la novela griega o bizantina, el lío pone de por medio gemelas —aquí resuelto sin mucho miramiento—, con tipos tontorrones como el Capadocio del propio Prieto, que, por momentos, me parecía un Jacques Tati obnubilado, que caen en la trampa visual y lanzan el embrollo. Que básicamente va de cómo Elena Ballesteros, quien sostiene una elegancia en los modos y en su expresión muy atractivos, y que demuestra un empoderamiento muy significativo, debe hacer que su Cornelia escape. Esta es la amante-esclava de Miles, la que se ha encontrado con su auténtico amor, Plenilunio. Ciertamente, este me parece un personaje muy inconsistente, tan enamoradito, tan blandito, que ella se lo come. David Tortosa parece más un petimetre, que un tipo que venga a salvar a su amada. Y, entre tanto, Juanjo Cucalón, quien cumple con profesionalidad, hace de Senectus, el vecino que ayuda a la muchacha en el fingimiento dentro de una escenografía de Alejandro Contreras, que emplea unos medios muy justitos para apenas esbozar el ambiente de la ciudad. Mientras que, en la subtrama, donde nuestro «héroe» sigue «cosechando conquistas» amorosas, y que sirve realmente para despistarlo, Elisa Matilla, como Minervina, se pone en plan celestinesco y está fantástica en su desparpajo; y se come, en gran medida, a su pupila, Arianna Aragón, quien se muestra algo timorata a la hora de soltar sus frases.

Es curioso, al final, cómo en esta obra Miles queda como una sombra de sí mismo, a la vez que el nudo se desata en diálogos más fértiles. El protagonista, después de vender su prosapia, tiene poco recorrido, y únicamente deja una impronta algo pasiva; porque su verborrea es zafia y hasta absurda. No obstante, sus acciones no son tan torpes como cabría esperar como para que produzcan más risa.

El epílogo refuerza todavía más las intenciones de esta propuesta dirigida por Pep Antón Gómez, ya que Sobera vuelve al show de cabaré, cantando, y ganándose al público, acercándose a él con las supuestas artes de seducción de alguien que sí que parece que gusta. La fama es así. El teatro es otra cosa, o debería.

Miles Gloriosus

Autor: Plauto

Director: Pep Antón Gómez

Versión: Antonio Prieto

Reparto: Carlos Sobera, Ángel Pardo, Elisa Matilla, Elena Ballesteros, Juanjo Cucalón, David Tortosa, Antonio Prieto y Arianna Aragón

Diseño de escenografía: Alejandro Contreras

Diseño de iluminación: Miguel Ángel Camacho

Diseño de vestuario: Ana Ramos

Caracterización: Lolita Gómez

Composición musical original: Mariano Marín

Una producción del Festival internacional de Teatro Clásico de Mérida y Arequipa Producciones

Teatro Reina Victoria (Madrid)

Hasta el 27 de noviembre de 2022

Calificación: ♦♦

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