Los vecinos de arriba

Una comedia de parejas sobre el liberalismo sexual con la que debuta el director Cesc Gay

Foto de David Ruano
Foto de David Ruano

Uno de los aspectos que caracteriza la filmografía de Cesc Gay es la sinceridad, es decir, qué papel juega la sinceridad en una sociedad que necesita tanto la hipocresía para solventar las complejas relaciones que se establecen a nuestro alrededor. En fin, o contamos lo que pasa, lo que ocurre de verdad (si es que lo sabemos) o continuamos con la farsa que, al fin y al cabo, puede resultar cómoda, modestamente tranquila e, incluso, divertida si se da el caso. Pero para forzar el nudo, el ahora dramaturgo, tensa los hilos, presiona y, al final, esa sinceridad de la que hablaba antes se desborda. Normalmente, sus películas (podemos fijarnos en algunas como En la ciudad, Una pistola en cada mano o, en la última, Truman) se mueven en el melodrama, con tendencia a la comedia, pero no, desde luego, con esta clara propensión hacia la sátira, hacia el retorcimiento de las costumbres de un matrimonio que, al principio, nos parece que se maneja en un equilibrio suficiente con altas dosis de cinismo irónico y oxigenante. «Yo he sido de izquierdas de toda la vida», comenta más adelante. Hablamos de modelos, de estereotipos, de esquemas sociales en los que nos vemos incluidos cómodamente o no. Balanceamos nuestra mirada hacia una pareja o a otra como si fuera un combate en el que alguien debe ganar necesariamente, en el que la victoria o la derrota de todos es imposible.

Los vecinos bajan a cenar y a demostrar que su liberalidad sexual y sus pasiones orgiásticas conllevan una felicidad inusitada. Ellos vienen como unos mormones a revelarles la buena nueva de los intercambios de pareja, del sexo anal y de los juegos de cama redonda (algo viejísimo, pero que de vez en cuando conviene renovar). Andrew Tarbet se ha colado en el piso recién amuebla de estos «amigos» con su porte de bombero, con su acento de canadiense y con la ingenuidad de un muchacho que parece centrarlo todo en follar. Su compañera Pilar Castro, más modosa, le sigue el hilo; ella debe adoptar la posición experta de la psicóloga que es y reconducir la situación como en una terapia de grupo. El detonante de la comedia, por si no ha quedado claro, no son las proposiciones lúbricas, sino la propia seguridad y presencia de sus vecinos frente al eterno tema tabú. ¿Qué es ya esa pareja frente a la fruición de sus vecinos, a su liberalidad? Un revoltijo de ataduras que el tiempo ha hecho inextricables.

Cesc Gay, como gran creador de personajes, ha conseguido que Ana, una mujer a la que da vida Candela Peña, nos parezca verdaderamente apurada, con los nervios a flor de piel, capaz de fustigar verbalmente a su marido, pero casi inane frente a esos dos seres que han venido a sonrojarla a su propia casa. La actriz, que debuta en las tablas, demuestra que posee una sabiduría gestual y una modulación que terminan por ofrecernos un papel redondo. Su marido, Xavi Mira, se convierte ante nuestros ojos en una diana sobre la que lanzar dardos; su socarronería y su ingenio para esquivar las preguntas más incómodas se desgasta después del largo ataque. Con él y su magnífica interpretación, nos llevamos al monigote que nos trae la carcajada, pero, también, al individuo que pretende sostenerse ante la evidencia de sus fracasos vitales.

Peca la obra de cierto agotamiento al pretender forzar el conflicto de tal manera que ofrezca alguna solución o atisbo en una única jornada. Parece que se les exige a los personajes mantener su empeño por no disolver el asunto de forma educada y esto, claro, por un lado, lleva la comicidad in crescendo; pero, inevitablemente pierde cierta verosimilitud. Aun así, el autor consigue las sinceras risas del público ante la situación que nos presenta, además de cuestionar ciertas costumbres de nuestra modernidad.

Los vecinos de arriba

Autor y director: Cesc Gay

Intérpretes: Candela Peña, Pilar Castro, Xavi Mira y Andrew Tarbet

Escenografía: Alejandro Andújar

Vestuario: Anna Güell

Iluminación: Carlos Lucena

Sonido: Roger Ábalos

Producción: Daniel López-Orós

Una coproducción de Elefant, Focus y Pentación

www.losvecinosdearriba.es

Teatro de La Latina

Hasta el 3 de julio de 2016

Calificación: ♦♦♦

Texto publicado originalmente en El Pulso.

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