Carlos Marquerie nos somete a una performance tan compleja como el poemario lorquiano en las Naves del Matadero

En los últimos años, que tan profusísimamente se ha representado a Lorca, ya sea en su faceta dramatúrgica como poética (además de semblanzas y biografías); los mayores atrevimientos se han dado con su «teatro imposible». El público ha tenido varias adaptaciones (incluida una japonesa), Comedia sin título, igual, (más «terminación» o «conclusión» de Alberto Conejero, con El sueño de la vida) y Así que pasen cinco años, en la misma medida. Esta propuesta de Carlos Marquerie, acompañado por Pedro G. Romero, que enlaza estéticamente (no faltan temas similares) con la anterior obra, Descendimiento, vendría a reforzar y a ampliar la mirada contemporánea, más libérrima, sobre las creaciones más vanguardistas del artista granadino. Sigue leyendo
Posee este espectáculo una contradictoria amalgama de sustancias dramáticas. Si me quedo con la experiencia directa, circunstancial, algo de tedio y de pretensiones consabidas surgen; porque el andamiaje discurre sobre el costumbrismo de nuestros días y las cuitas tan explotadas por la comedia (pequeño)burguesa que abarrota las salas comerciales. Si a eso le añadimos un discurrir moroso y, por momentos, insufrible; entonces, concluyo que es una obra más. Pero hete aquí que, una vez nos detenemos a recapacitar sobre lo acontecido, y apartamos todos esos aderezos humorísticos que, desde luego, divierten, podemos hallar rasgos de una pieza ingeniosa.
Que el dispositivo ya es llamativo de inicio, no lo vamos a negar. Desde luego que experiencias teatrales inmersivas, donde el espectador asiste de pie a lo acontecido, mientras se desplaza alrededor, se proponen de vez en cuando. Aquí Brai Kobla nos sumerge en varios planos simultáneos, en un caos determinado por la improbabilidad que el público debe desentrañar. Mucho me temo, que parte de los asistentes se quedarán con la rareza del acontecimiento y con los gestos humorísticos que trufan el espectáculo; sin embargo, las claves, aunque establecidas de manera aviesa, están ahí.
Viene esta propuesta sometida en demasía por una serie de estéticas imperantes y por una colección de proyectos que, inevitablemente, repercuten en nuestra mirada. Si, encima, el propio Teatro de La Abadía nos «vende» como un díptico este montaje con 

Hace apenas tres meses pudimos asistir a la versión que expuso Declan Donnellan sobre el
¿Ha intentado David Trueba hacer un refrito de su cine más costumbrista para ir sobre seguro en su primera aproximación a las tablas? Apostemos a que sí. Rebuscar en el pasado para describir a gente de su generación. Fijémonos en Casi 40. Tengamos, también, en cuenta que ambos actores trabajaron a las órdenes del director en A este lado del mundo. Además, podríamos considerar algunas de sus novelas, como Cuatro amigos. Ciertamente al autor le gusta penetrar en la realidad española y abordar aspectos a veces desapercibidos. Por eso es capaz de incluir elementos humorísticos extraídos de sus admirados Berlanga y Azcona. Aunque en esta obra teatral se eche de menos esa comicidad un tanto paradójica.
Bajo el título general Los muertos no respetan el descanso, María Velasco publicó en la editorial La Uña Rota las obras