El público

El japonés Kei Jinguji presenta su versión sobre esta obra surrealista de Lorca con un acentuado trabajo grupal

Será inevitable para los espectadores españoles que tengan presente la dramaturgia que Rigola desplegó de El público, no hacer comparaciones con esta versión de los japoneses de Ksec Act, dirigidos por Kei Jinguji. Son miradas tan distintas, fundamentalmente en el planteamiento escenográfico, pero también en la cadencia y en la interpretación; que pareciera que estamos ante dos obras que no tienen nada que ver. Mira que en aquella el grito a veces era excesivo; pero en esta los nipones ejercen una dicción honda, fuerte, como si estuvieran en plena lucha, tanto con sus interlocutores como con ellos mismos. Esta manera engarzada en la tradición japonesa de expresarse choca con las formas, digamos que estandarizadas y hasta corrientes, que se usan en el teatro contemporáneo europeo. En ese aspecto, resulta exagerado cómo se ataca cada frase agónicamente. Por otra parte, si el texto de Lorca ya es complejo, recordemos que está inacabada y que se sustenta en un andamiaje de capas superpuestas, de teatro dentro del teatro, de intimismo y de recuerdo adolescente, de crítica social y de ese embate del dramaturgo contra las convenciones morales que no le dejan vivir libremente su homosexualidad y contra las convenciones teatrales que han reducido este arte a puro entretenimiento burgués. Él ha venido a traer el «teatro bajo la arena» a través del surrealismo que aprehendió a finales de los años veinte y que le permitió trascender el tiempo y el espacio con símbolos inusitados. Y esta es una cuestión que es necesario reseñar, puesto que Jinguji trabaja desde el gesto, con movimientos que se asemejan al método Suzuki. Renuncia a una escenografía que ilustre el susodicho símbolo, tampoco el vestuario señala, más allá de la cara pintada de blanco, alguna máscara y las sombrillas, al personaje. Son ropas de calle, de apariencia pobre, en algunos casos. He de reconocer que el uso de biombos en varias escenas, con los que se van escondiendo los actores, redunda en esos procedimientos algo rústicos y primarios que quizás nos disuaden de lo sensorial, de una estética que nos aproxime más al mundo onírico, repleto de imágenes extrañas y recursivas con las que el poeta granadino anhelaba subyugarnos. Por lo tanto, es mejor saborear este montaje asumiendo que es desde la corporalidad como se intenta comunicar la asfixia visceral. Lo vemos desde el inicio llevando el silencio y transformando sus rostros —los espectadores quedan un poco lejos para apreciarlo—, con muecas que nos anticipan los enfrentamientos siguientes. Los caballos, como fuerza primigenia e irreprimible, cruzan ralentizados. Y todo el grupo funciona como un coro que hace reverberar cada diálogo entre Enrique y Gonzalo, esos dos amantes imposibles si no es gracias a que pueden ser Romeo y Julieta frente a un público que está contrariado. Entre el Director (Tadayoshi Sakakibara), que aguarda circunspecto en su escritorio, y el Hombre 1, un Masaya Nagano que carga con gran parte del protagonismo, con su rostro blanco arrastra un gigantesco esfuerzo y un dolor impreso en la mandíbula y que tira enérgicamente del resto. Contrasta en este espectáculo de aspecto artesanal y algo antiguo, que se emplee, sin embargo, una música, a cargo de Tooru Tanaka y de Hitomi Ozaki, con bases electrónicas que son las que verdaderamente nos sumergen en el ambiente onírico que a la vista no se percibe demasiado. En conclusión, creo que las técnicas de interpretación con los que elaboran sus montajes los de Ksec Act no terminan de evidenciar ciertos esquemas de una obra tan compleja como El público. Afirmemos que la atmósfera que crean se vuelve todavía más abstrusa, provocando que el texto vaya por un lado y sus coreografías por otro. Aun así, no se puede negar que su empeño por atrapar el tiempo y provocar situaciones de profundo sentimiento es valioso.

El público

De Federico García Lorca

Traducción: Yoichi Tajiri

Dirección: Kei Jinguji

Reparto: Senko Hida, Tomoko Hirai, Chieko Imaeda, Mamoru Kubokawa, Masaya Nagano, Koji Nagasawa, Oni Onishi, Yayoi Saito, Tadayoshi Sakakibara, Mayu Shibata, Yushi Tamagawa, Yoshiteru Yamada y Kenji Yoshida

Escenografía: Kei Jinguji y Hirofumi Suzuki

Iluminación: Tsuruyo Noritake

Sonido: Tooru Tanaka y Hitomi Ozaki

Vestuario: Yoshiko Masaki y Hirok Ishiguro

Jefe de equipo: Hirofumi Suzuki

Intérpretes: Yoko Dambara, Daisuke Kato y Akihiro Yano

Diseño de cartel: Javier Jaén

Producción: Ksec Act (Japón)

Teatro Valle-Inclán (Madrid)

Hasta el 18 de febrero de 2018

Calificación: ♦♦♦

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