Hamlet.01

Sergi Belbel propone un análisis de la tragedia de Shakespeare a través de su propio protagonista

No faltan en los últimos tiempos incisiones laterales a la hora de aproximarse a los eternos clásicos. Entre las perspectivas se encuentra cierto aire académico a la par que jocoso, donde entre gracietas se van desentrañando los asuntos con aportes culturetas y hasta eruditos, como veremos aquí. Hemos asumido procedimientos mucho más elocuentes donde se imbrica al protagonista con la el argumento a través de procesos de extrañamiento y metateatralidad. Así ocurrió con la extraordinaria Historia de un jabalí. Por no hablar del Casting Lear de Andrea Jiménez quien emplea al rey para psicoanalizarse. Para aproximarnos a esta propuesta de Sergi Belbel podemos recurrir al Hamlet/21: Informe de una exhumación, de Carlos Be, donde se especula sobre si el personaje estaba inspirado en el astrónomo Tycho Brahe. Ya sabemos que la exitosísima novela Hamnet y su adaptación fílmica nos han quitado aquella posibilidad de la cabeza. Con todo este mejunje podemos acercarnos a esta especie de stand up, donde el mismísimo Hamlet, como un comediante o filósofo-filólogo al modo de un Žižek, por ejemplo, relaciona esto con aquello con el hábito posmoderno y propio de los cultural studies.

Juzgaríamos el texto de Sergi Belbel como abstruso, largo y hasta innecesariamente puntilloso, si Enric Cambray no se lo echara encima con verdadera insolencia. Y eso que su dicción no fluye tanto como debiera. Vuelvo a sospechar que pasar del catalán al español requiere más entrenamiento, cuando hay que imprimir velocidad. En cualquier caso, el actor llena un espacio casi vacío, enfrentado a un público que está inquieto por descubrir cómo se sale de tal atolladero. Viene a deconstruir únicamente el primer acto de la susodicha tragedia y en tan «solo» dos horas. Hubo una época en nuestro país en que los críticos del Círculo de Fuencarral, que se hicieron efímeramente populares con el libelo La Fiera Literaria, practicaron la crítica acompasada: un exhaustivo examen a las obras (casi línea a línea) buscando fallos y aplicando el bisturí de la sátira. No llega a este punto el dramaturgo, pero no le anda lejos en meticulosidad y en ironía. 

Lo fascinante es cómo se pasa de la identificación del fantasma a través de cinco términos a derivarnos a una comparativa un tanto inverosímil con Los pájaros, de Hitchcock. Desde luego, el cineasta explotó motivos e influencias del bardo inglés en varias de sus cintas. Efectivamente, el enrarecimiento del ambiente y la presencia del mal se concitan. De todas formas, el tiempo dedicado en esta escena con la película es excesivo; aunque el intérprete, que juguetea con las luces a empleando un mando a distancia, resuelve cada escollo con una serie de modulaciones vocales y de ritmo que consiguen atraparnos. La concatenación de explicaciones puede ser tan falaz como lógica. Así sucede con parte de los exegetas que se han empeñado en demostrarnos las intenciones de un autor del que se sabe certeramente tan poco. No hay más que leer a Harold Bloom para convencerse de que todo lo firmado por el artista es genial. Por eso resulta enormemente útil que su propio personaje le eche en cara al propio Shakespeare sus fuentes inequívocas. Cualquiera entiende que la biografía del Orestes de Esquilo posee todas las claves que comprobamos en nuestro malhadado. Por eso resuenan en la prensa las frases de nuestro insigne y cervantino profesor Jesús G. Maestro acusando al poeta de estar agarrado no solo a las consignas fantásticas del Medievo, sino a la carencia de invención. Pero ni este docente ni nadie niega algo que sobresale en este espectáculo, y es la brillantez de algunos versos, fundamentalmente algunas réplicas. Es más, según escuchamos, podemos atender a la «mejor primera réplica» de un protagonista en la historia del teatro: «A little more than kin, and less than kind» («Algo más que deudo y menos que hijo»). No faltan los comentarios lexicológicos y semánticos para adentrarnos en todos los niveles. Afortunadamente, estos elementos se conjugan con otros más didácticos y entretenidos, como demostrar que otras muchas célebres obras de teatro no tienen tan buenas primeras réplicas, como ocurre con La vida es sueño o con Tío Vania.

No es el primer acto el más propicio para evidenciar el estado psicológico del heredero (la última versión que pudimos observar fue la de Declan Donnellan); y por eso el carácter se pierde, pues aún está en fase de enajenación, y se revela más como un monologuista que como alguien que debe engrandecerse con sus soliloquios, como así se percibe en varias ocasiones. Por eso tiene la oportunidad de caricaturizar a muchos de los personajes que lo circundan, como a Polonio, el padre de Ofelia. Reconoce, eso sí, que un insignificante Marcelo cuente con uno de los versos más memorables y definitorios: «Algo huele a podrido en Dinamarca». Todo un aserto moral.

Debemos aceptar que el montaje ─el texto, sobre todo─ resulta original, y que para quienes hemos presenciado bastantes veces y desde diferentes puntos de vista esta tragedia nos permite detenernos en aspectos interesantes. Si, además, se hace con humor, pues mejor.

Hamlet.01

Texto y dirección: Sergi Belbel (A partir del primer acto de Hamlet, de William Shakespeare)

Reparto: Enric Cambray

Jefa de producción: Roser Soler

Fotografía: David Ruano

Agradecimientos: Kiko Planas, Roc Esquius, Jordi Bonet, Teatre Auditori Cardedeu, Sala Beckett, Dau al Sec.

Producción: Sergi Belbel y Enric Cambray, con la colaboración de Primera Rèplica.

Con el apoyo de: Cardedeu Inspirant Cultura (apoyo a la creación del Ayuntamiento de Cardedeu) e Institut Ramon Llull.

Teatro Español (Madrid)

Hasta el 21 de junio de 2026

Calificación: ⭐⭐⭐

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