La vie secrète des vieux

Mohamed El Khatib ha convocado a una serie de ancianos para que nos confiesen sus experiencias sexuales en el Teatro María Guerrero

Poco secreto encuentro a estas alturas en la sexualidad de los ancianos. Juan y Medio ha logrado con su programa en Canal Sur que ya nada nos sorprenda cuando abordamos la tercera edad. Otro asunto es que hallemos la misma dinámica con los hijos, muchos de los cuales desarrollan una vergüenza tremenda y se vuelven pacatos. De un tiempo a esta parte, una vez que se nos ha esputado una supuesta gerontofobia en este ambiente de juvenofilia extendida, vamos descubriendo más obras con personajes provectos y sus diversas cuitas sexuales. Así en el cine, por ejemplo, Maspalomas es muy significativa. Más todavía si se trata de homosexualidad. En este proyecto, el creador Mohamed El Khatib ha reunido a personas mayores de entre 85 y 100 años para recapacitar sobre sus relaciones íntimas. Apenas una pieza de una hora de duración que resulta entretenida y graciosa, con un humor irreverente y desenfadado, que nos hace pasar un buen rato. También porque la cuestión se pone trascendente y hasta funesta. El elenco viene con ausencias, pues un «Romeo» y una «Julieta» cumplieron con el argumento de la tragedia. Así los contemplamos en una grabación, amándose, para sufrir las reprimendas de unas cuidadoras que han sido presionadas por las familias de los tortolitos. Tampoco se puede afirmar que el relato personal de Martine Devries sea muy esperanzador, ya que remite a ese instante en el que su pareja va perdiendo el sentido de la realidad, cuando la demencia o el Alzheimer llegan para quedarse definitivamente.

De todas formas, la función está tonificada con la ironía más entrañable e higiénica. No hay más que observar cómo en la pantalla surge inicialmente Jacqueline Juin, una veterana presentadora de televisión, que nos avisa de que si aparece en ese vídeo es porque algo «malo» ha sucedido. Desde esa posición, declara que, ante todo, tiene ganas de hacer el amor constantemente. Así, los chistes sobre la muerte o sobre el poco tiempo que les queda de vida salpimentan una propuesta sencilla en su planteamiento dramatúrgico. La diversión y el placer son su leitmotiv y por eso Salimata Kamaté baila desde su andador para entregarse al twerking, después de que nos haya confesado que su primer orgasmo llegó pasados muchos años, a pesar de que había estado casada y de que tenía hijos.

En otros momentos, las ocurrencias se quedan en la mera referencia, cuando nos reconocen que han probado los servicios ─ilegales en Francia─ de la asistencia sexual. No parece muy rompedor el contenido si no se elabora dramáticamente. Y es que el amateurismo permea el espectáculo y el espectador debe hacer sus concesiones. No se produce una plena organicidad, y cada uno tendrá su escena de manera aislada.

Me parece que Jean-Pierre Dupuy, en la primera parte, aporta gran consistencia al concepto general. Reflexiona entre la calma y el ímpetu de quien aún quiere follar y sentirse corporalmente pleno, y nos confiesa cómo en Túnez aprendió el arte amatorio con el magisterio de las prostitutas. Muy discreto, casi en la sombra, se mantiene su colega Chille Deman, quien expresa cómo le fue una vez «salió del armario». Asimismo, abrazó el lesbianismo Micheline Boussaingault, quien toma el micrófono con mucho desparpajo para discurrir por vericuetos absolutamente íntimos, con un lenguaje directo y unas descripciones de lascivia fascinante.

Poco congruente con la deriva del montaje resulta que nuestra auxiliar mojigata se desmelene hasta el punto de protagonizar un epílogo fastuoso. Hemos de elucubrar con una ensoñación, pues la chica, encarnada por Yasmine Hadj Ali, se percibe superada por las habilidades amatorias y libidos redivivas del resto. Arrancarse por Céline Dion, a la vez que da gusto a todas las ideas del grupo para configurar un teatro de varietés y envolverse entre fuegos artificiales, es sacar un comodín inesperado que le disminuye mucho valor a lo acontecido. Esos seres merecían su puesto de gloria en el desenlace.

Quizás el formato documental quite vistosidad a los pequeños diálogos que anudan las escenas, mientras un apuntador, con el libreto en la mano, dirige a los intervinientes. Las semblanzas y las pretensiones de cada uno en relación al tema acaparan la representación. La espontaneidad propia de quien no está interpretando estrictamente un papel impera. En cualquier caso, admitimos que lo escuchado posee verdad, que es el testimonio, además, de una época que hemos dejado atrás. El sexo ahora se concibe de modo distinto en nuestro contexto europeo, aunque no sé si mantendremos la lubricidad tan encendida como la de nuestros vejetes. Ya no hay misterio que descubrir.

La vie secrète des vieux

Idea y dirección: Mohamed El Khatib

Reparto: Annie Boisdenghien, Micheline Boussaingault, Chille Deman, Martine Devries, Jean-Pierre Dupuy, Yasmine Hadj Ali, Salimata Kamaté y Jacqueline Juin

Escenografía: Fred Hocké

Sonido: Arnaud Léger

Vídeo: Emmanuel Manzano

Dramaturgia y coordinación artística: Camille Nauffray

Coordinación artística de las giras: Vassia Chavaroche, Mathilde Chadeau, Julien Lewkowicz

Fotografía: Yohanne Lamoulère (Tendance Floue)

Producción: Zirlib

Coproducción: Festival d’Automne de París, Points communs, Nouvelle scène nationale de Cergy-Pontoise et du Val d’Oise, Théâtre National Wallonie-Bruxelles, La Comédie de Genève, Théâtre National de Bordeaux en Aquitaine, Mixt-terrain d’arts en Loire-Aquitaine, Tandem scène nationale d’Arras-Douai, MC2: Grenoble scène nationale, La Comédie de Clermont-Ferrand scène nationale, Théâtre Garonne scène européenne de Toulouse, Festival d’Avignon, Théâtre du Bois de l’Aune (Aix-en-Provence), Équinoxe scène nationale de Châteauroux, Théâtre de la Croix-Rousse (Lyon), La Coursive scène nationale de La Rochelle, Espace 1789 – Saint-Ouen, scène nationale Théâtre de Saint-Quentin en Yvelines y Le Channel scène nationale de Calais

Zirlib está subvencionada por el Ministerio de Cultura – DRAC Centro-Valle del Loira, por la Región Centro-Valle del Loira y cuenta con el apoyo de la Ciudad de Orleans.

Mohamed El Khatib es artista asociado del Théâtre de la Ville en París, del Théâtre National de Bretagne en Rennes, del Théâtre National Wallonie-Bruxelles y del tnba – Théâtre national Bordeaux Aquitaine.

Acogida en residencia Le Mucem – Marseille, CIRCA La Chartreuse

Teatro María Guerrero (Madrid)

Hasta el 7 de junio de 2026

Calificación: ⭐⭐⭐

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