María Folguera guiñoliza aún más el clásico de Jarry para ofrecernos una sátira colorista de la política mundial

La última adaptación grandiosa de esta obra patafísica de Alfred Jarry data de 2013, cuando Declan Donnellan nos fascinó con su pátina de sofisticación. Ahora es María Folguera quien ha incurrido en una mirada mucho más actual, accesible, colorista, infantil y juguetona. Verdaderamente divertida, de cariz televisivo y con el influjo de las redes imbricado. Una propuesta plagada de detalles constantes que van brotando con la dirección desenfadada y meticulosa de Hugo Nieto, con un elenco encerrado en la taza de wáter gigante que ha ideado Monica Boromello, frente a un escenario oculto tras una cortinilla donde se hospedarán los músicos. Porque las canciones infundirán adrenalina y rock fundamentalmente en la primera parte, cuando nuestro Papá Ubú deba alzarse ganador entre mítines estrafalarios. Letras ahítas de escatología que valen para lanzar las pretensiones maliciosas.
Nos encontramos con una farsa revisada en su totalidad, por mucho que la trama siga teniendo presente al original y, por supuesto, al Macbeth de Shakespeare. Pero hallamos unos referentes muy claros con los paladines del populismo de todos los bandos posibles, ya sean de la política internacional, con Trump a la cabeza, o de nuestras corruptelas nacionales. Lo que cuenta, por encima de todo, es que el ansia de poder, el sistema mafioso que anida en cualquier agrupación dispuesta para medrar y enriquecerse, hoy se anuncia sin vergüenza, con todo el desparpajo burdo, adoptando los procedimientos de cualquier concierto pop multitudinario o esgrimiendo las sutiles, aunque descaradas, estratagemas del marketing. Folguera, quien ha sido directora artística del Circo Price, parece trasladarnos el aura de tantos números payasescos y circenses a este montaje. La idea de aglutinar, en menos de noventa minutos, con un dinamismo tremendo, con la avalancha de exabruptos incesantes, a un grupo que procede con un lenguaje muy directo hacia el público funciona magníficamente.
Aspecto fundamental es el vestuario de Paola de Diego, inspirado en esos guiñoles que manejan un rol por un lado y otro por el anverso. De este modo, los disfraces muñequizan a unos seres extravagantes y maquiavélicos que primeramente se muestran grises tal y como especifica el dramaturgo francés. Bufones extraídos de South Park con el gesto cómico impertérrito en sus rostros. Muy definidamente en Marta Guerras, nuestra lady, la Mamá Ubú maledicente (al son del «Mamy Blue», de los Pop-Tops). Abre los ojos de estupefacción y recrea de manera precisa su maldad. Meter cizaña para que su marido alcance el mando supremo es todo un reto. Ella, después, como consorte, emprenderá el vuelo para convertirse en una influencer con miles de seguidoras. El empleo del teléfono en forma de manzana roja resulta revelador.
Para que el gran protagonista, con su verborrea repleta de términos tergiversados, irónicos y escatológicos, en el permanente juego dadaísta, marche en su esplendor requiere que el resto aún sean más estúpidos, pues él anda justito de entendederas. Antonio Pagudo se trae algunos de sus tics de La que se avecina para configurar la grandilocuencia de Papá Ubú y su inicial «mierdra». Hace poco en Taxidermia de una alondra se caricaturizaba al presidente de Estados Unidos de forma explícita, aquí no hace falta puesto que todos entendemos que vivimos en la sociedad del espectáculo, donde un reyezuelo corrupto, capaz de todo tipo de atrocidades, mal educado y zafio, lo transforma todo en una ficción enteramente real; el actor, junto a su compañera, mantiene con mucha convicción el dibujo de su carácter para llevarlo hasta sus últimas consecuencias. Su viaje en el avión de oro hacia el exilio se convierte en un sketch que resuena en una actualidad que brota a golpe de efecto, en el quita y pon de gobernantes, de dictadores o de aranceles, bajo el esputo de tweets o la insolencia en la rueda de prensa. Nada penaliza automáticamente, ya que la gente, en la oclocracia, lleva años practicando el insulto y la difamación. Máxime si se crea un mundo virtual como un videojuego con múltiples objetos que adquirir a través de la nueva moneda, como las nuevas criptodivisas que promocionan especímenes como Milei. Así es papimundo.com.
La reducción de personajes simplifica el argumento, pero también nos permite descubrir a secundarios de interés creciente. Así ocurre con los papeles que hace Elena Lombao, sobre todo aquellos que muestran el poder, ya sea como presidenta de Polonia o como mandataria de Rusia. Ofrece un contrapunto peculiar ante la maléfica pareja que anhela apoderarse de todo. Uno de los elementos que mejor conectan con la sempiterna corrupción de nuestros partidos políticos es contemplar las tretas consabidas de los ambiciosos. Un tal Ribete, encarnado por Eduardo Mayo, posee momentos de gran potencia interpretativa, ya sea frente al micrófono cantando o como astuto ideólogo de estrategias marrulleras de las que beneficiarse a la postre. Finalmente, Dani Llull trabaja en el patetismo de esos fantoches que se regocijan con las migajas, por lo que uno hasta siente compasión.
Efectivamente, se logra que la farsa sea entretenida y que nos congratulemos con el espéculo que nos sitúan para reflejar a los líderes mundiales. El problema de este Ubú es que la realidad resulta tan grotesca y palmaria que poco vitriolo se le puede aplicar más.
Autor: María Folguera a partir de Ubú Rey de Alfred Jarry
Dirección: Hugo Nieto
Reparto: Antonio Pagudo, Marta Guerras (Cristina Gallego), Dani Llull, Eduardo Mayo y Elena Lombao
Diseño de espacio escénico: Monica Boromello
Ayudante de dirección: Javier L. Patiño
Diseño de iluminación y videoescena: Felipe Ramos
Composición y dirección musical: Miguel Magdalena
Diseño de vestuario: Paola de Diego
Asistente de vestuario en prácticas: Clémence Dubois
Asistente artístico: Abel Ferris
Producción: NAVE 10 | Matadero y Producciones Come y Calla
Nave 10 Matadero (Madrid)
Hasta el 21 de junio de 2026
Calificación: ⭐⭐⭐⭐
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