Las cosas que sé que son verdad

Julián Fuentes Reta vuelve a acertar con este drama sobre la descomposición de una familia escrita por el australiano Andrew Bovell

Las cosas que sé que son verdad - FotoCuando deje de llover fue uno de los grandes montajes de 2014. Aún se recuerda esa fluctuación de personajes sobre la añorada sala principal del Matadero. Julián Fuentes Reta pegó un aldabonazo que vuelve a resonar ahora con una dirección excelente y cuidada. Porque Las cosas que sé que son verdad, del dramaturgo australiano Andrew Bovell, es otra historia más de conflictos familiares; pero está trabada con la perspicacia sutil y coherente de quien sabe conectarnos con el devenir inconsecuente de nuestra contemporaneidad. Observar individuos inmersos en las turbulencias de la clase social a la que han ascendido; mientras sus padres cimentan su frágil suelo emocional. Vaya por delante que es una obra extensa a la que le sobra texto y esa pertinacia por aclarar algunos acontecimientos y detalles a través de la narración. Por eso, quizás, en algunos instantes se cuenta demasiado y se nos informa de porvenires que alargan las acciones más de lo debido. No obstante, somos arrastrados por una cadencia envolvente, con esa disposición del escenario en el centro (los espectadores quedamos un tanto distanciados en la Sala Verde de los Teatros del Canal) y los intérpretes surgiendo de alguna de las esquinas. El jardín con sus rosas (ideado por el propio director y por Coro Bonsón) es la metáfora que nos traslada al lento cultivo de la madurez, al reducto hogareño de la seguridad, a la tierra firme que sostiene la esencia de unos valores que se pueden resquebrajar cuando se vive en un mundo para el que no te han preparado. Sigue leyendo →

Orestes in Mosul

El polémico dramaturgo suizo Milo Rau intenta llamar nuestra atención con una Orestíada prefabricada en vídeo

Foto de Fred Debrock

Me gustaría contar con más obras de Milo Rau para desarrollar una comprensión de su fundamento y entender si en serio su propósito artístico es noble o es otro de esos creadores que quiere epatarnos con el aparataje predispuesto alrededor de un proyecto. Únicamente me puedo referir a Five Easy Pieces, un montaje que reunía muchos de los elementos dramatúrgicos que baraja este artista suizo. Hablamos de deconstrucción, de insertar el proceso de elaboración en la propia obra, de usar temas auténticamente conflictivos y de llevarlos a cabo en confluencia con los audiovisuales. Se puede etiquetar dentro de lo que se conoce como postdrama, para percutir sobre la recursividad del teatro en sí mismo. En Orestes in Mosul se continúa en la misma línea; pero es sorprendente cómo un acontecimiento que viene avalado por toda una serie de procesos de producción genuinamente dificultosos, termine por generar una función bastante modesta. ¿De qué vale que te vayas a un país en guerra para grabar en una ciudad bombardeada con lo que eso supone si las imágenes que vas a obtener no logran empastar con el discurso dramático que quieres emprender? Sigue leyendo →

Chicas y chicos

Antonia Paso encarna a una mujer de éxito en esta obra deslavazada e inconexa del dramaturgo Dennis Kelly

Últimamente nos topamos con un bombardeo de monólogos que, en fondo y en forma, poseen enormes similitudes y que se sostienen por un subjetivismo inconsecuente en su lógica interna. Quiero decir que se juega con la aquiescencia de un público que es insistentemente interpelado desde una ficción que se adentra en lo real. Las protagonistas son como juglares conquistando al respetable con diversos guiños y llamamientos para ir soltando proclamas cargadas de política demagógica. Tintes estos hallados, por ejemplo, en las últimas obras que hemos podido ver en el ambigú de El Pavón Teatro Kamikaze como son Freak o La mujer más fea del mundo. Quizás nos estamos olvidando que no solo vale con el noble arte de la denuncia de nuestras grandes ignominias sociales; sino que esperamos arte, teatral. Y es que Chicas y chicos se apoya en un texto malo, corriente y falto de coherencia de Dennis Kelly. Y lo que se puede hacer con una obra así es bien poco. Lucía Miranda lo dirige poniendo en el asador todos sus recursos y aprovechando la escenografía de Anna Tusell: un lienzo «manchado» de pintura y un montecito de arena, que cumplen con su cometido en los instantes más evocadores y sufrientes. La iluminación de Pedro Yagüe es primordial. Antonia Paso encarna a una mujer que pasa de la crisis existencial al triunfo laboral, pasando por un feliz matrimonio y la crianza de dos hijos. La actriz, quien siempre ha demostrado su versatilidad, aquí vuelve a entregarse en cuerpo y alma; aunque es justo reconocer que el día del estreno se evidenció que aún faltaba algo de rodaje. Nos conduce por un itinerario emocional absolutamente extremo. Sigue leyendo →

The Door

El dramaturgo y coreógrafo noruego Jo Strømgren crea un espectáculo confuso y deslavazado sobre las fronteras del mundo

A estas alturas, ya no es desconcierto, es, directamente, sincerarse con uno mismo y aceptar que no ha entendido nada y que, por mucho que se ha esforzado, tampoco ha percibido nada especial ―tampoco me vale el arte por el arte a modo de fuegos artificiales y de artificio―. Si no fuera por las especificaciones del autor, quedaríamos en un limbo de hora y cuarto. Y es a ellas a las que debemos acudir como si fuera, no solo un manifiesto, una proposición; sino un contrato con el respetable. Porque en el arte resulta «muy fácil» para el artista pronunciarse sobre lo que quiere hacer ―cuando le ha llegado la inspiración―; lo complicado es llevarlo verdaderamente a cabo. Dice Strømgren: «Como seres humanos, siempre estamos confinados a espacios dados. A nuestra casa, a nuestra escuela, a nuestro lugar de trabajo, a nuestro país, al tipo de restaurantes que podemos permitirnos, a la persona que amamos o fingimos amar. Es maravilloso pertenecer a algún lugar, especialmente si nuestro vecino no puede pagarse un restaurante en absoluto. Tales cosas nos hacen sonreír. Pero cuando un día el vecino llega a casa con una canoa en el techo de su coche, inmediatamente nos sentimos deprimidos. Y cuando detectamos esa sonrisa en particular, definitivamente queremos una canoa. Incluso si odiamos la naturaleza». Tal cual. O sea, que la obra debe ir ―generalizando mucho―, sobre la vida misma. ¿Se escenifican situaciones donde la envidia es el pecado primordial? Quizás; aunque sin el más mínimo desarrollo. Sigue leyendo →

Under the influence

Una propuesta sobre la pérdida de la cordura que mezcla cine y teatro para hacer reverberar la conocida cinta de John Cassavetes

Foto de Magda Hueckel

Los espectadores enseguida caemos bajo la influencia del despliegue técnico y de un montaje que tras el telón esconde un apartamento construido al detalle. Y que nos dispone a una experiencia que conjuga casi a mitades el cine (pantalla total en la parte superior) y el teatro. Una simultaneidad de tensiones y de acciones que entremezclan la emisión en directo y duplicada de lo que vemos sobre las tablas; y las grabaciones que nos retrotraen y nos anticipan escenas que debemos aunar en nuestra composición particular de la trama. Como si fuera un remake artesanal del célebre filme que escribió y dirigió John Cassavetes en 1974, donde su mujer, Gena Rowlans, alcanzó uno de sus cénit interpretativos. Si por algo resultan fascinantes estas obras, donde se refleja el estado mental subyugado de un individuo, es porque se establece un conflicto en nosotros como espectadores que nos lleva a cuestionarnos la esencia de la cordura. Debate eterno entre la siquiatría y ciertas corrientes de la sicología dirimir la enfermedad mental como hecho consustancial al daño cerebral, o el trastorno mental como una «desconexión» de la realidad «objetiva» con la que todos estamos más o menos de acuerdo debida a la influencia perniciosa del exterior: la sociedad, la familia, la pareja, los hijos, el trabajo, la soledad, el tiempo y todos los etcéteras que uno quiera añadir a la dolencia. ¿Qué le ocurre a Mable? Diríamos que no estamos en disposición de saberlo; pero los acontecimientos que sobrevuelan la acción general nos inducen a pensar que en algún momento perdió la compostura. Sandra Korzeniak compone su papel con minuciosidad ―la pantalla permite apreciar el gesto, el guiño, la extrañeza de su rostro ido― y nos arrastra sin compasión a un mundo ignoto repleto de oscuridad. Sigue leyendo →

Paisajes para no colorear

Marco Layera configura un montaje enérgico con nueve adolescentes chilenas que ponen voz a sus problemáticas más acuciantes

Foto de Jorge Sánchez

Los acontecimientos turbulentos que acaecen en Chile, en una demostración palpable del hartazgo de una gran parte de la sociedad que no soporta los desiguales repartos de la riqueza, dan más la razón a esta obra que se representa en el Teatro de La Abadía y que fue estrenada en 2018. Recopilar testimonios de ciento cuarenta adolescentes con edades comprendidas entre los 13 y los 17 años, centrados, fundamentalmente, en el tema de la violencia. Marco Layera se pone al frente de este proyecto con el Teatro La Re-Sentida (recordemos su participación en la anterior convocatoria del Festival de Otoño con Tratando de hacer una obra que cambie el mundo). Para los que estamos acostumbrados a trabajar con jóvenes, es necesario tener una serie de salvedades con ellos para conjugar su capacidad de expresión más o menos libre con algunas de esas ínfulas que a veces gastan y con las que suelen manifestar sus gigantescas carencias intelectuales. Un adolescente, más allá de estereotipos, es un testimonio inédito, un hallazgo, una materialización presente del estado de nuestra cultura, del espíritu del pueblo vivificado en ellos. Dignos siempre de estudio y atención. ¿Qué ha hecho Chile para que estas chicas que tenemos delante piensen y actúen así? ¿Qué tipo de educación han recibido? ¿Qué influencias las han moldeado? ¿Qué clase de experiencias han tenido en esta sociedad que les ha tocado vivir? Es un poco difícil ponerse en situación, porque para ello habría que colocarse correctamente en la idiosincrasia de la juventud chilena. Sigue leyendo →

Ecos

El británico Henry Naylor conjuga el cristianismo victoriano y el islamismo radical para hablar de dos mujeres sometidas por sus esposos

Foto de Ángela Martín Retortillo

El planteamiento, a priori, parece demagogo. Conjugar dos historias, dos monólogos, de dos mujeres separadas por ciento setenta y cinco años, y pretender configurar un vaso comunicante repleto de coherencia, suena ―como así se confirma después― a posicionamiento sesgado. Nos topamos con dos mujeres, dos cuerpos, dos espectros, con ropas similares; pues ya desde el principio se nos quiere recalcar que son lo mismo, que no ha pasado el tiempo, que da igual la época victoriana para una cristiana, que la actual para una musulmana radicalizada. Que doscientos años han pasado en balde y que seguimos con las mismas. Silvia Abascal, a quien le falta algo de energía en su dicción, dice encarnar ―la disposición es el discurso explicativo, la narración subjetiva y descontextualizada― a Tillie, una joven de la época victoria, inteligente, estudiosa de los insectos, cristiana practicante (por supuesto) y empujada por las convicciones de aquella sociedad rígida en la moral a contribuir con el mandato de su patria. No entraremos en las imposiciones de los imperios ―tanto para hombres como para mujeres―, dejaremos aparte la lucha de clases propiciada por la revolución industrial iniciada por «la pérfida Albión»; porque aquí el foco es cerrado y exclusivo. Así aceptará el pasaje gratis que le ofrece su gobierno para viajar hasta Afganistán, para casarse con el teniente que le «ha tocado» y, de esta forma, poder aportar una buena prole al asentamiento imperial en la India. Sin amor y con la disciplina militar insertada en la mollera, el marido ejerce su desprecio y su misión con mecánica insolencia. Sigue leyendo →

Celia en la revolución

La novela inconclusa de Elena Fortún ha sido adaptada para el teatro con una dramaturgia algo ingenua

Foto de marcosGpunto

Aunque el tiempo pase, no hace falta más que indagar en el imaginario sentimental de nuestros antepasados más próximos para comprobar el efecto que produjo en su momento la lectura de aquellos libros que tuvieron a Celia como protagonista y a Elena Fortún como su autora. La importancia de las primeras lecturas en una persona marca direcciones, hábitos y recuerdos verdaderamente indelebles. La recuperación de la novelista se puede palpar, por ejemplo, en el renombramiento de la antes conocida como Biblioteca Pública de Pacífico y, ahora también, con esta adaptación teatral de aquella obra inconclusa con la que pretendió zanjar la serie; y con un montaje dedicado a su biografía que verá la luz en los próximos meses. Pero la cuestión, creo, a la hora de valorar la propuesta que podemos ver en la sala grande del Teatro Valle-Inclán, no debe radicar en la conjunción de los elementos extraliterarios, ni en lo que ha supuesto para España la guerra civil que aún colea; sino en lo que artísticamente se ha logrado manifestar. Y es que la dramaturgia es tan ingenua como la protagonista. Llevar esta historia, que básicamente transcurre durante el periodo del enfrentamiento fratricida, hasta las dos horas y con un ritmo moroso, lleno de diálogos explicativos en demasía, nos hace pensar hasta qué punto es un texto adecuado para trasladarlo a escena con un público masivamente adulto en las butacas. Sigue leyendo →

Freak

El texto de la joven dramaturga Anna Jordan adopta un monolítico tono confesional sobre la intimidad sexual y existencial de una adolescente y su tía

Foto de Luz Soria

Es ya bastante frecuente en los últimos tiempos introducir sexo explícito, ya sea visual o narrativo, en diversas obras artísticas que no tienen la calificación de X. El erotismo manifiesto o el porno declarado se cuelan en las películas del circuito general (véase Love, de Gaspar Noé) y en la «literatura» a través de un género como el new adult fiction, donde se aprovecha para relatar minuciosamente las experiencias sexuales de aquellos que alcanzan la mayoría de edad, para lograr que saboreen su lectura los escolares y los bachilleres. De esta forma, para entendernos, se presenta Freak, el texto de la británica Anna Jordan (algunos la identificarán con una dramaturga más interesante, Kate Tempest, de la que hemos podido disfrutar en España con su Wasted), que viene promocionado por unas «provocadoras» fotos de Luz Soria, «inspiradas» (por no decir copiadas) en el trabajo de Stephanie Sarley, en las que ironiza con frutas simulando la jugosidad de los genitales. La cuestión es contribuir a una atmósfera que muchos considerarán engañosa después de lo visto. Sentadas sobre un sofá que no abandonarán ni después de los aplausos, las dos protagonistas van a proceder a declamar urbanamente un texto caracterizado por la oración simple, por la descripción clínica y por no elidir un vocabulario considerado tabú o incómodo para algunos espectadores. Sigue leyendo →