Five Easy Pieces

Performance metateatral donde siete niños recrean un macabro episodio sobre un pederasta belga

Foto de Phil Deprez

¿Cuál es la materia de esta obra que nos presenta Milo Rau en las Naves del Matadero? ¿El andamiaje de la performance en una vuelta de tuerca más a la metateatralidad, o la recreación del Caso Dutroux, aquel pederasta y asesino que conmocionó a la sociedad belga a finales de los noventa? Desde mi punto de vista, se inclina demasiado hacia la primera opción y eso genera un distanciamiento excesivo sobre el contenido. ¿Porque convendremos en que este espectáculo no es un puro formalismo sobre cómo se monta una función con niños y para ello se utiliza cualquier historia, no? El hecho de emplear chavales entre nueve y trece años ya es en sí un reto; pero, para este asunto, además, una ventaja. Si se equivocan, como así ocurre, tendrán la doble condescendencia del público, primero porque son apenas unos infantes y, segundo, porque no deja de ser un ensayo. Por otra parte, la estructura del montaje es muy clara: un prólogo donde conocemos a los siete aspirantes a actores; donde brota, eso sí, su espontaneidad y esos hechos sobre su propia vida que nos cuelan para romper (o todo lo contrario) más la línea entre la realidad y la ficción. Esto es fundamental, puesto que, al fin y al cabo, la gran intención de Rau es transmitirnos que estos niños que están divirtiéndose —mientras fingen cómo abusaron y asesinaron a niñas de la misma edad que ellos— se muestran, lógicamente, inocentes, ajenos a la crueldad que se fragua en el mundo adulto de la supuesta responsabilidad. Por eso esa parte debe ser extensa y algo morosa. También, en ritmo, algo desconcertante. Para apuntalar esta idea, el dramaturgo se sirve de cuatro temas musicales de inequívoco tono simbólico. Desde Imagine, de John Lennon, interpretado con enorme emoción por Elle Liza, quien además se encargará de cantar Stay, de Rihanna, donde se relatan las vivencias de una mujer maltratada; hasta Hero, de Family of the Year (usada en Boyhood, de Richard Linklater), pasando por el hilo conductor de la Gymnopédie (etimológicamente, «la fiesta de los niños desnudos») de Erik Satie. Las cinco piezas, como cinco ejercicios de recreación, son formalmente muy parecidas, también bastante efectistas (y efectivas). Por un lado, tenemos la pregrabación de la escena realizada por otros actores y en exteriores; después, asistimos a la reconstrucción simultánea de eso mismo realizado por los pequeños protagonistas, mientras Peter Seynaeve, quien hace de director y de profesor, va recogiendo —en directo con su pequeña cámara y en plano fijo— la actuación de los muchachos. Partimos de la documentación de la historia reciente de Bélgica y la descolonización del Congo, con todo lo que eso conllevó —entre otras cuestiones, el asesinato de Patrice Lumumba. Y es que otro de los propósitos de Milo Rau es extender su crítica, con suficiente sutileza, ironía e inteligencia, a esos «barros» del Estado, a la situación del sistema policial (hace poco con los atentados de Bruselas de 2016 volvió a ser cuestionado, y aquí lo hace con gracia el pequeño Willem Loobuyck) y judicial de su país. En otra pieza, descubrimos al padre de Dutroux, que encarna Maurice Leerman asumiendo las directrices que le han encomendado sobre las toses y ciertos gestos. Toda la obra es un desmontaje sobre los artificios del teatro y eso, precisamente, genera un gran alejamiento de aquello que se nos intenta transmitir. Las precauciones son máximas, asimismo falaces, puesto que por mucho que nos quieran convencer de que se besan los personajes y no los actores, la verdad es que en la escena cumbre del espectáculo, Rachel Dedain, de nueve años, situada sobre una cama deshecha, se desnuda casi al completo, para vivificar la carta escrita por una de las niñas secuestradas; donde se revelan los abusos sexuales y el sinsentido de su propia existencia. Es un momento helador, cruento, y creo que se deberían haber forzado más situaciones como aquella, o, al menos, haber reducido lo metateatral, la insistencia, por ejemplo, en el lloro falso de Pepijn Loobuyck cuando interpreta a uno de los padres. Ciertamente se le quiere quitar hierro al asunto a toda costa, proteger a estos muchachos del horror en el que se deben introducir, salvarlos a pesar de la imitación que están realizando del mundo adulto al que se aproximan, de un acontecimiento que concitó a más cien mil personas a uno de los funerales (al que no fueron invitados ni los reyes ni el Gobierno). Cierra con un epílogo reflexivo, algo macabro, con respuestas sobre cómo imaginan su muerte. Nuevamente Winni Vanacker baila para morir como un héroe, hasta que aparece Polly Persyn a exponer las sentencias más maduras que se le pueda escuchar de forma creíble a una niña. Se lleva el juego hasta el final, con esas pizcas de humor con las que se debe trabajar, hasta en los temas más serios, cuando tratamos con gente de poca edad.

Se puede criticar de este Five Easy Pieces que se recurre demasiado a la repetición, que las escenas son excesivamente estáticas, que juega con el espectador al verse sometido por la presencia de niños auténticos; pero lo que vertebra toda la función —habría que ponerse en la piel de los belgas, imbuidos de la sobreestimulación informativa del caso— posee dimensiones políticas, antropológicas y, también, dramatúrgicas que la convierten en una performance difusa; enormemente sugestiva si somos capaces de desmontar todos sus planos.

Five Easy Pieces

Idea, texto y dirección: Milo Rau

Intérpretes: Rachel Dedain, Maurice Leerman, Pepijn Loobuyck, Willem Loobuyck, Polly Persyn, Peter Seynaeve, Elle Liza Tayou y Winne Vanacker
En pantalla: Sara De Bosschere, Pieter-Jan De Wyngaert, Johan Leysen, Peter Seynaeve, Jan Steen, Ans Van den Eede, Hendrik Van Doorn y Annabelle Van Nieuwenhuyse
Dramaturgia: Stefan Bläske
Ayudante de dirección y asistente de interpretación: Peter Seynaeve
Responsable de los niños y ayudante de producción: Ted Oonk
Documentalistas: Mirjam Knapp i Dries Douibi
Escenografía y vestuario: Anton Lukas
Equipo técnico: Bart Huybrechts, Korneel Coessens y Piet Depoortere
Producción: CAMPO & IIPM

Coproducido por Kunstenfestivaldesarts Brussels 2016, Münchner Kammerspiele, La Bâtie – Festival de Genève, Kaserne Basel, Gessnerallee Zürich, Singapore International Festival of Arts (SIFA), SICK! Festival UK, Sophiensaele Berlin & Le phénix scène nationale Valenciennes pôle européen de création

Naves Matadero. Centro Internacional de Artes Vivas (Madrid)

Hasta el 7 de julio de 2017

Calificación: ♦♦♦♦

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