Ecos

El británico Henry Naylor conjuga el cristianismo victoriano y el islamismo radical para hablar de dos mujeres sometidas por sus esposos

Foto de Ángela Martín Retortillo

El planteamiento, a priori, parece demagogo. Conjugar dos historias, dos monólogos, de dos mujeres separadas por ciento setenta y cinco años, y pretender configurar un vaso comunicante repleto de coherencia, suena ―como así se confirma después― a posicionamiento sesgado. Nos topamos con dos mujeres, dos cuerpos, dos espectros, con ropas similares; pues ya desde el principio se nos quiere recalcar que son lo mismo, que no ha pasado el tiempo, que da igual la época victoriana para una cristiana, que la actual para una musulmana radicalizada. Que doscientos años han pasado en balde y que seguimos con las mismas. Silvia Abascal, a quien le falta algo de energía en su dicción, dice encarnar ―la disposición es el discurso explicativo, la narración subjetiva y descontextualizada― a Tillie, una joven de la época victoria, inteligente, estudiosa de los insectos, cristiana practicante (por supuesto) y empujada por las convicciones de aquella sociedad rígida en la moral a contribuir con el mandato de su patria. No entraremos en las imposiciones de los imperios ―tanto para hombres como para mujeres―, dejaremos aparte la lucha de clases propiciada por la revolución industrial iniciada por «la pérfida Albión»; porque aquí el foco es cerrado y exclusivo. Así aceptará el pasaje gratis que le ofrece su gobierno para viajar hasta Afganistán, para casarse con el teniente que le «ha tocado» y, de esta forma, poder aportar una buena prole al asentamiento imperial en la India. Sin amor y con la disciplina militar insertada en la mollera, el marido ejerce su desprecio y su misión con mecánica insolencia. Solo le queda cumplir con sus obligaciones reproductivas de la manera más sumisa posible. En paralelo, entreverándose, conocemos la biografía de Samira, interpretada por Nur Levi con gran carga dramática; una muchacha musulmana que trabaja en un 7-Eleven en Ipswich y que no puede soportar las proclamas xenófobas de Nigel Farage. Si en la parte de Tillie podíamos comprender la presión social, la incapacidad para romper ciertos dogmas; en el caso de Samira, podemos aducir algo de ingenuidad, incultura, falta de cuidado; es decir, no toda la culpa de su futura situación puede achacarse a los agentes externos. Ella misma «decide» apuntarse al califato del Estado Islámico en Siria, ni más ni menos. Para ello ha contacto a través de la webcam de una amiga con un candidato a esposo. Tener internet a su alcance no es suficiente para informarse y la religión ejecuta su sortilegio. Lo que ocurre es exactamente lo que cualquier ciudadano occidental que siga mínimamente las noticias (por muy manipuladas que estén) puede imaginarse. Se casará con un auténtico terrorista, un radical absoluto que mata infieles sin parar (incluidos los chiitas que son sus rivales, además de los cristianos). Podrían ser buenos argumentos; pero únicamente nos podemos quedar con las descripciones de todas las atrocidades a las que son sometidas estas dos jóvenes; en eso no tenemos la menor duda sobre la impresión que causa. Pero la factura del montaje las subsume en una fusión indistinguible de almas amigas en un purgatorio en el que deambulan como sombras, como espejos, como recuerdos. Alejarse del naturalismo dramatúrgico, despojándolas de unas vestimentas que nos ofrecieran características de su condición (por ejemplo, el empleo del niqab que no vemos), potencia la indistinción. Creo que la dirección de Livija Pandur, tan pendiente del esteticismo, del movimiento de las actrices, de la configuración pictórica, nos disuade de lo concreto y de lo profundo. Está clara su intención: transmitirnos estéticamente las sensaciones de la humillación, del maltrato, del padecimiento. Lo consigue y, en algunos instantes, el relato de ellas es crudo y hasta desagradable (como debe ser, para ser justos con la verdad); pero el pensamiento, la crítica, la indagación en las capas políticas, sociales, económicas se disipan. Sobre todo, porque la disertación que emiten es muy aclaratoria y recargada en algunas situaciones totalmente maniqueas (el infierno absoluto). Por eso la creación de Felype de Lima posee virtudes artísticas que lo dejan a él como uno de los triunfadores del espectáculo, porque lo que contemplamos es atractivo, llamativo; aunque, como he señalado, no favorece la aprehensión de causas y engranajes conceptuales. El Teatro Español es ocupado por el romanticismo de una piscina abandonada como un paisaje lacustre y caliginoso, que nos hace especular con el escenario de un crimen a lo Twin Peaks. Una metaforización de la asfixia, de la podredumbre, de la soledad y de la falta de esperanza. Un limbo para flotar en el vacío. También el vestuario corre de su cuenta y es evidente que ha reforzado la idea de similitud. Ellas están desprovistas de los elementos culturales que debieran portar; pero nos movemos en lo simbólico y cargan con gabardinas e, incluso, con prendas elásticas color carne (la suya) que insisten en la neutralidad. Resulta desesperante intelectualmente el texto de Henry Naylor (se lo despachan en poco más de hora y cuarto); pues, si el destino es ofrecer muestras de atentados sobre las mujeres a lo largo de la historia como si se pudieran igualar (en el dolor, por supuesto), ciertamente uno termina por pensar que la época victoriana ha quedado finiquitada, mientras que en el mundo islámico existen una serie de corrientes que parecen bastante alejadas del respeto a unos derechos fundamentales. Ambas son víctimas, desde luego, pero de maneras muy distintas. Quizás otro montaje menos focalizado en lo estético nos hubiera permitido clarificar los matices y los abismos.

Ecos

Autor: Henry Naylor

Traducción: Gonzalo de Santiago

Dirección: Livija Pandur

Reparto: Silvia Abascal y Nur Levi

Diseño escenografía: Felype de Lima

Diseño iluminación: Vesna Kolarec

Diseño vestuario: Felype de Lima

Música: SILENCE (Primož Hladnik, Boris Benko)

Asesor literario: Tibor Hrs Pandur

Ayudante dirección: Javier Moresco

Auxiliar artístico: Branko Jordan

Diseño gráfico/cartel: Délamon Circus

Fotografía: JEOSM Photography

Fotografía escena: Ángela Martín-Retortillo

Construcción escenografía: DUMA Creación Artística

Distribución Nacional: SEDA

Producción ejecutiva: Gonzalo de Santiago

Teatro Español (Madrid)

Hasta el 1 de diciembre de 2019

Calificación: ♦♦

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