El viaje del monstruo fiero

Rafael Álvarez «El Brujo» toma como excusa el tema del actor y su importancia en los Siglos de Oro para insistir en sus búsquedas existenciales

El viaje del monstruo fiero - Foto de Sergio Parra
Foto de Sergio Parra

Apenas hace un año estrenaba el Brujo su espectáculo Los dioses y Dios. Ahora, por fin se sube a las tablas del Teatro de la Comedia para profundizar en la síntesis que a él realmente le fascina. Es decir, el misterio de la vida, esa verdad inasible que intenta hallar en los místicos de todo tiempo y lugar, y que, en realidad, va acotando en el arte, en la belleza, en la experiencia estética. Él mismo, como actor, como ese bululú que recorre los caminos de España —así nos ilustra luego con todas las clásicas agrupaciones actorales que detalla Agustín de Rojas en El viaje entretenido— sería un médium de esa verdad a la que somos destinados a través de su interpretación, de su palabra revelada, de la fascinación que encontramos en lo imaginario, la confluencia de los mundos posibles entreverados por lo verosímil. Sigue leyendo

Mefisto for Ever

El Teatro Fernán Gómez acoge esta adaptación libérrima de la novela de Klaus Mann protagonizada por Sonia Almarcha

Mefisto for Ever - Foto de Laura Enrech
Foto de Laura Enrech

Toda la intrahistoria del Mefisto de Klaus Mann ya daría para mucho, si pensamos que el novelista tuvo un affaire con Gustaf Gründgens, el actor en el que se basó para escribir su novela. Lo verídico y lo ficcional se multiplican cuando lo metateatral, además, es uno de sus más sólidos contenidos. Y, por si fuera poco, el propio personaje de Goethe, embebido en las fuentes judeocristianas, es otro juego de máscaras absolutamente fascinante. Pero este montaje se apoya en el texto firmado por el dramaturgo Tom Lanoye; y cualquiera haya leído la novela o haya visto su magnífica adaptación cinematográfica realizada por István Szabó en 1981, comprenderá enseguida que no solo se han buscado vericuetos diferentes; sino que su máximo protagonista diría que posee otra moral. Y este punto me parece esencial; porque el Hendrik Höfgen de Mann posee un cinismo que se sustenta sí, en la ambición; pero no en una descarada inteligencia. Tenemos a un vividor, a un engreído. El Kurt Köpler que contemplamos en el Teatro Fernán Gómez posee unas ansias de carácter artístico que resultan fascinantes. Vemos a alguien afanado en el perfeccionamiento de su arte. Alguien que es capaz de transformar sus ideales por seguir siendo actor. No creo que en este Mefisto haya un amor exacerbado y existencial por su profesión; aunque, por supuesto, él se calza la máscara del seductor macabro.

Que todo el elenco lleve el rostro pintado de blanco —no con la perfección que vemos, por ejemplo, en la película; sino con los motivos del expresionismo alemán— también exige una forma de distanciamiento, que nos los deja insertos en un baile de máscaras que acentúan todas esas capas que debemos desvelar. En esto sentido, creo que resulta inevitable no acordarse de aquel Fausto, de Pandur, con algunos aspectos artísticos similares. Puesto que la escenografía y el vestuario de Anna Tusell y Arantxa Ezquerro poseen esa polvareda de ultratumba, de tiempo caduco y ceniciento, que estampa la decadencia de cierto idealismo, sustituido por otro mucho más desaforado. El fondo, como un muro hecho a jirones —no el de Berlín, todavía— está destinado a la propaganda desvencijada. La estética se caracteriza por una potencia inapelable, y más si se aprovecha la propia grada para hacer descender a los intérpretes por las escaleras de un lateral y así ampliar mucho más la visión en ese marco ya de por sí tan panorámico. Un acierto de Álvaro Lavín, no tanto en la dirección actoral; porque ha permitido un desequilibrio en las interpretaciones demasiado llamativo. Y es que Sonia Almarcha está definitivamente espléndida en el papel de Kurt Köpler. Cada personaje que encarna, en esa cabalgata de celebridades, desde el inicial Hamlet, los tamiza a través del Mefistófeles que va a llegar a ser; pero a mí su agilidad —sobre todo ese movimiento de piernas y de brazos— me ha llevado directamente al arlequín. Prácticamente en escena toda la función, absorbiendo los nuevos códigos de los mandamases llegados al parlamento. En los primeros embates de aquel día de las elecciones de 1933, cuando Hitler subió al poder, las posiciones dentro del grupo de teatro están bastante definidas. Iván Villanueva se queda con Victor Müller, un activo del Partido Comunista, y amigo de nuestro Kurt. El actor mantiene el tipo y sabe dibujar en su rostro tanto la preocupación creciente, como esas ansias que comparte con su colega de crear un teatro para el pueblo, que tenga un gran hálito revolucionario. Luego, en el otro extremo, quizás esté un poco aniñado el Niklas Weber de Nacho Redondo. El claro ejemplo de fascista de nuevo cuño, de odiador profesional y dispuesto a entregarse a la causa con toda su estulticia. Su mirada de antisemita es convincente y después, cuando parece más fuera de sí, todavía más. Aunque el papel que me parece que debería redondearse más es el del Ministro de Cultura, el Gordo; puesto que no me resulta verosímil cómo ejerce su dominio en las primeras escenas. Pienso que Darío Frías hasta bien avanzada la pieza no le imprime la fuerza necesaria a un tipo que debe ser tenebroso.

Luego, Elisabet Gelabert, cuando primeramente se mete en la piel de una gran actriz extranjera llamada Rebecca Füchs, impone su seguridad sobre las tablas para recibir el ataque de ese muchacho insolente de Niklas que no para de expeler ira. Más adelante, como Lina Lindenhoff, la actriz amante del Gordo, resultará más grotesca y hasta risible, cuando también se encarne en la reina Gertrudis.

En otro nivel se muestran Paula García Lara y Cristina Varona como actrices de la compañía, con poco fuste y con líneas que casi pueden demostrar hacia qué lado se escoran ante la incertidumbre política. Mientras que Esperanza Elipe, desde su butaca, hace de la madre de Kurt y se empeña en tareas de apuntadora. Le pone algo de humor a tanta rencilla.

En Mefisto for Ever asistimos al desarrollo de un carácter, de un quiero y no puedo, de un tipo que se agarra al arte; pero también a su ego. Mientras, idealmente, piensa que se puede jugar factiblemente con dos o tres barajas distintas; no obstante, apenas parece darse cuenta de cómo es asimilado hacia el mal. De cómo es usado por el poder, por esa estética del nazismo que ansiaba penetrar a través de todos los ámbitos de la sociedad germana. Desde luego, merece la pena asistir a las ambigüedades que atenazan a este Köpler.

Mefisto for Ever

Texto: Tom Lanoye (a partir de la novela de Klaus Mann)

Dirección: Álvaro Lavín

Reparto: Sonia Almarcha, Elisabet Gelabert, Esperanza Elipe, Iván Villanueva, Paula García Lara, Nacho Redondo, Darío Frías y Cristina Varona

Iluminación: Luis Perdiguero

Diseño audiovisual: Elvira Ruiz Zurita

Música: Iñaki Salvador

Espacio sonoro: Alberto Granados

Escenografía y vestuario: Anna Tusell y Arantxa Ezquerro

Diseño gráfico: Causa efecto

Ayudante de dirección: José Luis Sixto

Asistente de producción: Sara Pérez

Dirección técnica: Rafael Catalina

Producción: Meridional Producciones, Vaivén Producciones y El Gato Verde Producciones

Teatro Fernán Gómez (Madrid)

Hasta el 26 de marzo de 2023

Calificación: ♦♦♦

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Tantos esclavos, tantos enemigos

La Trilogía negra se cierra en la Sala Cuarta Pared con su tercera entrega para sumergirse en un thriller que denuncia las artimañas del poder

Tantos esclavos, tantos enemigos - Foto de Pablo RamiroEn las últimas décadas se ha puesto de moda en el cine un tipo de thriller absolutamente espídico que juega con el espectador a través de equívocos y de detalles sorpresivos que suele comandar alguno de los personajes-narrador. Juegos de máscaras, asesinatos, imposturas diversas y todo ellos a una velocidad imposible de seguir. El último caso de este género tan tiktoker sería Bullet Train, que no es más que infundir adrenalina a un modo de contar que básicamente aúna a Tarantino con Guy Ritchie. La cuestión está, sobre todo, en el narrador, que nos dirige y nos engaña, y aprovecha para describir con mucha ironía las situaciones que se van dando y, además, nos pone en antecedentes de lo que ha ocurrido en otros instantes del pasado. Es decir, es novelizar el teatro o el cine para poder contar mucho más de lo que en escena, representado, sería aceptable. Y esto es lo que ocurre con Tantos esclavos, tantos enemigos, que se pretende contar mucho y representar demasiado, y el ritmo logrado no es tan elevado como sería necesario. Creo que las ideas, las circunstancias curiosas y la concreción de algunas escenas (unas pocas) nos da a entender que el montaje tiene buenos fundamentos; pero que su plasmación se les ha ido bastante de las manos. Ciento treinta minutos por esos vericuetos casi imposibles de seguir es un exceso que requiere de más tino. Sigue leyendo

Coraje de madre

Helena Pimenta lleva a las tablas del Teatro de La Abadía esta obra de George Tabori, en un espectáculo que nos destina a Auschwitz a través de una peculiar comicidad

Coraje de madre - FotoCuando leemos un título así, que, en otras veces se ha traducido como Mi madre Coraje, pensamos inevitablemente en el célebre drama de Brecht. Y aunque George Tabori, quien estrenó esta obra en 1979 en Múnich, viene de esa tradición del teatro épico alemán; también procedía del Hollywood de los años dorados. Dramaturgo y novelista, también había sido reportero y espía, y para esta ocasión, con su ansia por ofrecer un pensamiento acerca de lo ocurrido en el pasado alemán, tomó la grandiosa anécdota de su progenitora salvando la vida por un hecho de lo más azaroso.

Se solapa este montaje con el que tiene lugar en el Teatro Fernán Gómez, Mefisto for Ever (basada en la novela de Klaus Mann, el hijo de Thomas Mann, con quien Tabori confraternizó en Estados Unidos). Que no por explotado hasta la saciedad, el tema —el nazismo, antes y durante la guerra— deja de ofrecernos su horror como una permanente llamada de atención ante cualquier devaneo exagerado que podamos contemplar hoy en nuestra sociedad; pues las sociedades mejor avenidas y con más educación pueden emprender caminos tortuosos que llevan al desastre con tan solo acentuar la envidia, la ira macerada o la simple misantropía.

Lo que ha hecho Helena Pimenta ha sido sacarles el jugo a sus dos principales intérpretes; primero porque Isabel Ordaz es idónea para este papel, por sus propios modos de actuar. Es una mujer que sabe establecer una forma extraña de expresión, muy peculiar, consistente en aunar una especie de comicidad de locuela con una melancolía soterrada que va aflorando. Este carácter, que ya ha desplegado en otras representaciones (El beso, de hace un par de temporadas), sirve aquí para entregarnos a una señora enmascarada por esa personalidad entremezclada de fortaleza, de pragmatismo y hasta de algunas dosis de ingenuidad; puesto que cualquiera en esas circunstancias de los años cuarenta en Budapest siendo judía viviría en la constante inquietud.

Claro que el punto de vista que se adopta aquí propicia distintas capas de ficción que favorecen reconstruir el pasado para, de alguna manera, liberarse de las heridas a través del humor, de la paradoja y del esperpento. Por eso el propio Tabori, situándose como narrador y como hijo, desde Londres, en aquella época, en ese verano de 1944, va hilando el relato mientras su madre lo vivifica para nosotros y lo intenta rehacer con sus propios recuerdos. Porque dentro de lo macabro y de lo apabullante que resulta la situación, la historia posee cierta sencillez. Y esto es lo que, quizás, lleve al espectador a determinar que no se va más allá, que el hecho es otro episodio más de tantos que hemos conocido. Este, al menos, reduce la amargura más que otros.

Pere Ponce, en los primeros instantes, me parece algo embarullado, como si lanzara a borbotones sus elucubraciones iniciales acerca de cómo empezar la semblanza. Luego, su tono cobra otro cariz; ya que establece un delicioso diálogo con su madre, que está lleno de complicidad, y de repeticiones dicho por el otro, y de esa distancia que impone el humor judío, capaz de buscar la gracia o el choque en los momentos más penosos. Puesto que describir cómo ella viaja hacinada en unos de esos vagones de ganado que emplearon para trasladar a esas pobres gentes (4031 en esa ocasión) a Auschwitz, y cómo un hombre abusa sexualmente de ella es algo controvertido. Uno no sabe cómo tomarlo, si ella misma lo describe como un acto casi humilde, sorpresivo, como si la vida tuviera estas cosas y que, dadas las condiciones, tampoco era para tanto. Tiene su aquel, visto como se ve, muchos años después. En cualquier caso, hay que recalcar que la madre y el hijo, Ordaz y Ponce, van llevándonos en su toma y daca con clara sintonía, con una fluidez extraordinaria y con una observación del mundo que resulta ejemplar.

Sí que nuestra protagonista logra llegar al clímax dramático casi al final. El silencio se esparce por la sala, cuando se quita varias máscaras de supervivencia, con ese humor judío al que me he referido, con esa, incluso, leve socarronería. Para llegar a ese punto ha debido ser capturada por Klapa e Iglódi, unos policías guiñolescos, caracterizados aquí como una pareja de patéticos cómicos de la esfera del cine mudo o escapados de alguna viñeta, con ese bombín y con esos pantalones cortos que le ha calzado la diseñadora de vestuario Mónica Teijeiro, quien he realizado un trabajo muy preciso para potenciar lo militar y, a la vez, estos rasgos tendentes al slapstick. David Bueno y Xavi Frau se esmeran con el gesto manipulando un cachivache que vale de cepo. Porque esta pieza, además de ser acompañada por un piano, que ofrece candor a las escenas más acibaradas, contiene objetos que se emplean para ilustrar el itinerario de esta mujer (no se sube a un tranvía, lo sujeta en sus manos). Después, ya en el campo de concentración, es Sacha Tomé quien se mete en el rol de un joven oficial alemán para desarrollar un carácter avieso, de esos que pueden inclinar la balanza hacia un lado u otro por puro antojo. Su naturalidad consigue asustar en ese diálogo final: «…¿qué hay de difícil en resistirse a la tentación de matar?».

De esta manera, Coraje de madre se va transformando en una propuesta que te atrapa a través de una rara atmósfera de cotidianidad frente a ese gigante espejo que deforma la realidad, donde van apareciendo los monstruos. Mientras, nosotros nos mantenemos en la duda de sonreír o de atemorizarnos, a la espera de que la fortuna conceda su beneplácito.

Coraje de madre

Autor: George Tabori

Dirección: Helena Pimenta

Reparto: Isabel Ordaz, Pere Ponce, David Bueno, Xavi Frau y Sacha Tomé

Adjunto a la dirección: José Tomé

Traducción: Víctor-León Oller

Escenografía: José Tomé y Marcos Carazo

Vestuario: Mónica Teijeiro

Iluminación: Nicolás Fischtel

Espacio sonoro: Ignacio García

Asesora de movimiento: Nuria Castejón

Ayudante de dirección: Noé Denia

Producción: Teatro de La Abadía, Ur Teatro y Teatre Principal de Palma de Mallorca

Colabora: Centro Sefarad-Israel

Título original: My Mother’s Courage / Mutters Courage © de George Tabori. Gustav Kiepenheuer Bühnenvertriebs GmbH, Schweinfurtstrasse 60, 14195, Berlín. Todos los derechos reservados

Teatro de La Abadía (Madrid)

Hasta el 19 de marzo de 2023

Calificación: ♦♦♦♦

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Amistad

Juan Mayorga nos entrega una comedia sin demasiada gracia sobre tres amigos que dialogan durante sus propios velatorios fingidos. Un planteamiento que inicialmente llama la atención, pero que resulta demasiado repetitivo

Amistad - Foto de Javier Naval
Foto de Javier Naval

Hace unos años echaron un programa en televisión que se llamaba El cielo puede esperar. Era un funeral fingido dedicado a una celebridad de nuestro país. El asunto tenía su gracia; pues los colegas aprovechaban la circunstancia para elaborar algún panegírico entreverado de chanza y amor. Aquí los protagonistas de Mayorga juegan a algo similar; aunque el tema solo da para esbozar alguna sonrisa.

Nuestro más laureado autor teatral vivo ha bajado mucho el pistón desde El Golem de la temporada anterior. ¿Qué falla en Amistad? Pues el planteamiento en sí, cuando la mera repetición del esquema inicial pone sobre aviso al espectador y este se aburre con anticipación. Se percibe que esos personajes no esconden demasiado, que son tan comunes que se va a caer en ese estereotipo de que los hombres no hablan de su intimidad y de que, en realidad, sus amigos están ahí solo para confirmar su propio ego. El narcisismo competitivo del macho. Esto resulta ya bastante desfasado como para atenderlo con cuidado hoy en día. Sigue leyendo

Kingdom

Anne-Cécile Vandalem monta un espectáculo grandioso que mezcla drama y cine para representar el enfrentamiento de dos familias de europeos en plena taiga rusa

Kingdom - Foto de Christophe EngelsCuesta creer que un mediometraje como Braguino, de Clément Cogitore, que ganó un premio en el Festival de San Sebastián de 2017 pueda reconvertirse en drama. Quizás los etnógrafos saquen algo en claro; pero el común de los ciudadanos apenas pasará de impactarse con el descuartizamiento de un viejo oso y de avistar cómo dos familias están mal avenidas, parece —según escuchamos en las pocas frases de los «protagonistas», cuando hablan de los Kiline—. Estamos en la taiga rusa. Unos europeos han decidido buscar la «vida retirada» para hallar la felicidad y regresar al modo de comportamiento propio de los forrajeadores. No queda más remedio que pensar en Thoreau e, incluso, en Unabomber. Si no queremos caer en comparaciones hippies con Captain Fantastic. Sigue leyendo

Los desiertos crecen de noche

Las piezas breves de Sanchis Sinisterra enhebradas en un espectáculo de tintes vanguardistas en el Teatro Fernán Gómez

Los desiertos crecen de noche - FotoEn el Teatro menor, de José Sanchis Sinisterra se reúnen cincuenta piezas breves que son un puro juego, un divertimento, una indagación ontológica sobre la propia acción dramatúrgica; pero también, todo hay que reconocerlo, una impotencia a la hora de trasladar a escena unas pretensiones que «expulsan» al espectador de la experiencia estética, incluso al más consciente de los territorios que se sondean. Porque bien, como prólogo que es esa tesela llamada «Ahí está», donde una especie de exploradores en la total oscuridad descubren la luz, nos puede servir para dar comienzo; no obstante, ¿vale como obra autónoma? Ciertamente cuesta pensarlo. Otro asunto muy distinto es cómo se han enhebrado en esta propuesta con diferentes compases y con una proximidad muy elocuente. Sigue leyendo

Los nadadores diurnos

José Manuel Mora y Carlota Ferrer ofrecen en el Matadero una desparramada extensión de su éxito Los nadadores nocturnos

Los nadadores diurnos - Foto de Javier Naval
Foto de Javier Naval

Darle otra vuelta de tuerca al impacto dramatúrgico que logró hace nueve años Los nadadores nocturnos ese mismo espacio del Matadero alentaba las expectativas. No obstante, si el texto de José Manuel Mora es un collage triturante de metafísica, religión, estética y depresión, la dirección de Carlota Ferrer se ve superada por el desparrame, y no logra cohesionar mínimamente una pieza que vive de algunas escenas solventes. Si fueran unos jovenzuelos haciendo su carta de presentación, diríamos que sus ansias por epatar les han hecho descarrilar. Claro que, sobre el tapiz, se ve el lenguaje usual de este tándem, pues ya son varios los proyectos que hemos podido contemplar en los últimos años —el más apreciable El último rinoceronte blanco—. Sigue leyendo

Sorry

Bobo Jelčić presenta en los Teatros del Canal una supuesta farsa sobre la sociedad estadounidense a partir de la obra Peyton Place

Sorry - FotoVamos a pensar que director croata Bobo Jelčić con este Sorry, que ha presentado en los Teatros del Canal, ha pretendido satirizar las ya ridículas telenovelas estadounidenses nacidas en los años cincuenta, para ilustrarnos sobre los modos de anestesia que aplica aquella sociedad y así recrear la fantasmagoría de la democracia. La palabra ‘democracia’ se repite hasta la saciedad en el espectáculo, sobre todo en el desenlace, como una manera bastante simplona, en absoluto analítica, de esos mantras estadounidenses sobre la patria, el sueño americano y la defensa de los derechos a través de su antigua constitución asaeteada por enmiendas. Sigue leyendo