La pechuga de la sardina

Recuperan un texto coral de Lauro Olmo sobre las vivencias de unas mujeres en una casa de huéspedes

Foto de marcosGpunto
Foto de marcosGpunto

Nos adentramos en una pensión regentada por la señora Juana, una de aquellas casas de huéspedes con paredes de papel y oídos atentos en aquellos años sesenta españoles. El autor, Lauro Olmo, se centra pertinazmente en recrear un espacio que él mismo define como «asfixiante»; de hecho, no permite la entrada de elementos disuasorios o esperanzadores que permitan vislumbrar otras perspectivas más optimistas de esa España. La pechuga de la sardina ofrece todo un catálogo de personajes, la mayoría de ellos estereotipados y faltos de recorrido. Una obra de apenas hora y media con tal cantidad de vidas en juego, no da para más que presentarlos; y estamos hablando del acontecer de las experiencias lentas de unas mujeres en un país retrasado. No se puede afirmar que haya una protagonista única, Juana, podría ser como aquella doña Rosa de La colmena, alguien que reparte juego y que regenta su pensión como una buena madre. María Garralón destaca en su interpretación, tan natural, tan vivaz y, a la sazón, tan profundamente sentida imponiendo un tono y un ritmo que no es continuado por el resto. Junto a ella, su sirvienta, la Cándida, que también coge el paso de María Garralón y que se expresa con el gracejo pertinente demostrando que es una actriz con arrestos. Su compañero de flirteo es un pillo vendedor de periódicos con el que Víctor Elías se luce. Sigue leyendo →

Invernadero

Mario Gas monta la célebre obra de Harold Pinter acerca de un inquietante sanatorio

Foto de Ros Ribas
Foto de Ros Ribas

¿No es, acaso, el fin que el mundo hiberne bajo los dictados de los poderosos? No hace falta ningún electroshock, vale con leves dosis de trending topic. Harold Pinter se imaginó una especie de cotolengo o un sanatorio (nada que ver con el de La montaña mágica) que recluyera a toda una serie de burócratas enfermos de su propia maquinaria. Invernadero es una especie de engranaje basado en el control que, auspiciado por la deshumanización del paciente (es designado únicamente a través de un sofisticado código numérico), produce la consiguiente reverberación en sus ejecutores. Nada más comenzar, Gonzalo de Castro, metamorfoseado en el Director Roote, un antiguo militar, desconoce — mientras reclama furibundamente observancia— que uno de los internos ha muerto y que, además, él mismo ha firmado el acta de defunción. Por si esto fuera poco, una mujer ha parido en la propia institución, siendo esta una casquivana conocida por todos (de la que tampoco parece tener noticia). Ambos hechos resultan inéditos. Ahí comienza el discurso paradójico que Gonzalo de Castro emprende con firmeza y enorme vis cómica (un humor inglés pavoroso que, ciertamente, no embelesa a todo el personal), y que arrastrará hasta el final de la obra desencadenando diversas subtramas. Su claro antagonista, Tristán Ulloa, Gibbs, se planta simultáneamente como mano derecha y, de forma torticera, como candidato al puesto de máxima responsabilidad; un ser ordenado, diligente y estrictamente cáustico que va trenzando su maléfico plan entre los efluvios de un ambiente cínico. Sigue leyendo →

Como si pasara un tren

El Teatro Español acoge una entrañable historia acerca de la sobreprotección materna

Como si pasara un trenA veces las historias tremendamente sencillas y escritas con suma coherencia y sin chirridos ni devaneos, pasan desapercibidas o no se valoran en su justa medida. Así ocurre con el texto de Lorena Romanín que ha dirigido Adriana Roffi. Es, en realidad, el relato de dos madres sobreprotectoras, dos hermanas, con un hijo cada una y con un marido que, en el caso de la tía, claramente ha abandonado el hogar en vista de que el muchacho va a traer grandes complicaciones y, en el caso de la madre de Vale, la sobrina, no tenemos noticia de su existencia. Sigue leyendo →

Líbrate de las cosas hermosas que te deseo

María Velasco ha escrito un texto donde viajar hacia el sur se convierte en metáfora de introspección

LibrateDeLasCosas

Burgalesa de treinta años busca encontrar oxígeno puro en las Áfricas que ella se imagina dentro de su cabeza de castellana educación. El destino es el propio viaje; reencontrarse o realizarse o dejar que la experiencia abra nuevos caminos y posibilidades. Marta Cuenca es el álter ego de la dramaturga María Velasco, acompañada de una serie de proyecciones en vídeo que nos adentran en su aventura (tomando referencias de Robinson Crusoe), más un viejo televisor, un ordenador y una cámara que, en varias ocasiones, se convertirá en objetivo primordial de la representación, aunque sea Marta la que lleve constantemente la voz cantante con determinación y timidez a partes iguales (puro conflicto). Quizás se haya forzado en demasía la presencia del aparataje tecnológico para un texto poético, galopante y barroco, y que en los ajustes con los vídeos pierda comprensibilidad. Al contemplar este uso de medios audiovisuales, inevitablemente me vino a la cabeza una efímera visita de Christiane Jatahy, la brasileña que adaptó La señorita Julia apoyándose en medios cinematográficos. Además, se dan varias coincidencias aún (desconozco si María Velasco tuvo la oportunidad de ver alguna de las representaciones hace un par de años): el amante es negro, la protagonista necesita liberarse de los corsés de sus costumbres y también se da una escena filmada en la plaza de Lavapiés (en un juego metateatral) de forma parecida a lo que ocurre con Líbrate de las cosas hermosas que te deseo. Sigue leyendo →

La mujer y el debutante

Xavier Ariza presenta en El umbral de primavera un surrealista texto de Josep Maria Miró

La mujer y el debutante - FotoEntre el marasmo de oferta off en la capital de España, uno se ve impotente ante los atrevimientos, las carencias de medios, la incomodidad y otras lindezas que el momento actual presenta y que este modelo low cost, que se va extendiendo, conlleva. En este caso las motivaciones definitivas proceden del dramaturgo y el reparto. El merecidísimo éxito que ha cosechado Josep Maria Miró gracias a El principio de Arquímedes (Ventura Pons rueda la adaptación al cine y en estos momentos se puede disfrutar de una versión en griego en Atenas) incita a recuperar obras suyas anteriores y a indagar en la personalidad de este joven autor. Por otra parte, en la temporada anterior, tanto Mamen García, con su fantástica interpretación en Las tres hermanas que montaron Sinisterra y Alfaro en La Abadía, más su participación en la coral, Yernos que aman, donde David Matarín también aparece, son razones más que suficientes para asistir al reto epistemológico que plantea el director Xavier Ariza. Sigue leyendo →

Regreso al hogar

Teatro Tribueñe presenta el texto del nobel Harold Pinter bajo una perspectiva sórdida

Regreso al hogar - FotoEl Pinter que ha montado Irina Kouberskaya en el Teatro Tribueñe es una versión emponzoñada de Regreso al hogar. Se podría tildar, desde otra perspectiva, como feminista. Desde el principio, cuando una serie de imágenes en blanco y negro termina con la famosa fotografía Mujer migrante de Dorothea Lange, podemos reconocer una llamada de atención acerca de la cuestión femenina (en un sentido tan amplio que alcanza la religión, la mitología, el sexo y la maternidad). Lo cochambroso se esconde detrás de esa proyección: varios tronos (un gran acierto escénico, y que ofrece bastante juego y dinamismo), con váter incluido, giran para mostrarnos a cuatro de los protagonistas en plena tarea defecadora. Sigue leyendo →

Los cuentos de la peste

Mario Vargas Llosa se sube al escenario como un actor más en su obra sobre el Decamerón

cuentos_peste_escena_05Uno accede al Teatro Español y luego penetra a través de los vomitorios y se encuentra con la peste en un caballo y una fuente muerta en el centro, donde debían situarse las butacas. Aquel espacio nunca antes ha sido tan acogedor, recrea un ambiente mágico, un lugar que debe dar cabida a la transición entre el Medievo oscuro, pero también lúdico, y el Renacimiento que debe iluminar el futuro recogiendo las esencias del pasado clásico. Luego comienza la función y aparece Mario Vargas Llosa para empujarnos hasta la Villa Palmieri.  Sigue leyendo →

La ola

De cómo un proyecto con jóvenes sobre manipulación mental puede alcanzar el éxito en menos de cinco días

Foto de David Ruano
Foto de David Ruano

A mí el experimento de Ron Jones me parece falaz. Que se puede manipular a un grupo de alumnos eso lo puede comprobar cualquier profesor a diario. La cuestión radica en la pregunta inicial e ingenua de uno de los alumnos: ¿cómo pudieron tantos alemanes «convertirse» en nazis en tan poco tiempo? La respuesta que debería haber dado el profesor —y es en la que se basa la obra— no es que fueran manipulados, sino que muchos alemanes, como se puede comprobar leyendo a los pensadores del siglo XIX como Hegel, Marx o Nietzsche (si no queremos irnos más lejos) eran antisemitas (de la misma forma que lo eran o lo habían sido otras gentes en otros países) y, además, estaban faltos de trabajo, heridos en el orgullo por la guerra perdida y hambrientos. Por lo tanto, una cosa es crear una secta (algo que ocurre habitualmente con multitud de grupos en mayor o menor medida, en ámbitos religiosos, culturales o estéticos) y otra muy distinta es que se pueda transformar a toda una sociedad «sana» intelectualmente, y que ningún grupo contravenga esas posiciones. Por lo tanto, La ola no pasa de experimento para ratas. Sigue leyendo →

Canícula

Vicente Colomar presenta en la Cuarta Pared su peculiar visión de la familia y sus aprisionadoras redes

Canícula - FotoLas cadenas familiares a veces constriñen a sus miembros de tal manera, que cualquier concepción de la libertad queda pospuesta hasta que algún acontecimiento inesperado abra la espita pandórica. Al principio contamos con tres hermanos sentados en su sofá: el pequeño es Juan Antonio Lumbreras, alguien capaz de hablar a la velocidad del rayo y dejar estupefactos a los espectadores con su discurso displicente, él solo quiere «vacaciones»; el de en medio, Antonio Gómez, más dubitativo, va tomando posiciones según avanza la función hasta alzarse con la decisión definitiva; y el hermano mayor, Rulo Pardo, lleva la voz cantante desde ese principio fulgurante, con ese tono casposo y esas ropas horteras (el chándal de Lumbreras y los mocasines de los tres, sin desperdicio), ochenteras (es una obra bastante chunga en la estética masculina), con esas reiteraciones y quejas: «Hace un sol de justicia». «De justicia, sí». «Sí, de justicia» (premonitorio entre la canícula). Luego, Rulo Pardo se lleva el protagonismo de una escena extravagante, alzándose como un franquista henchido de españolidad y espíritu carpetovetónico que rompe la dinámica de la obra y la lleva hacia un terreno psicótico que parece un tanto viejo y poco creíble, si no se acepta que estamos en décadas anteriores. Sigue leyendo →